El reflejo de la pasión en el olmo

S.F.L.
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José Claudio Palma comenzó a tallar el Cristo en Miraveche en 2018 y cuando lo termine estará disponible para exposiciones y procesiones

El reflejo de la pasión en el olmo

Hace ya dos años desde que el primo de José Claudio Palma se puso en contacto con él para comunicarle que disponía de varios troncos de olmo y así conocer sí eran de su interés. En cuanto escuchó la oferta y ante la calidad y apreciación de tal madera, el artista se desplazó hasta Miraveche para valorar en persona las posibilidades que tenía la materia prima. Una vez en el pueblo, comprobó que la calidad era inmejorable y fue entonces cuando se le vino a la mente construir una cruz donde poder colocar una talla realista de Cristo crucificado.
Los árboles fueron cortados hace más de 40 años, cuando abundaban la localidad burebana, por Inocencio Palma, tío del artista. El destino inicial de esta rígida y resistente madera sería para vigas de una posible vivienda, pero por suerte cayeron en manos de José Claudio Palma. Los primeros trabajos artísticos consistieron en la realización de los bocetos a tamaño real de la escultura, dibujos de frente y perfil para sacar las medidas reales a la hora de tallar la madera.
Para el busto de Cristo, Palma  elaboró el modelo sobre un material fácil de conformar con base de escayola. La figura a escala 1:1 de la imagen definitiva, sirve actualmente como guía a la hora de modelar  la cara en el bloque de madera y que, poco a poco, irá cogiendo la misma forma. Antes de iniciar los trabajos de talla es necesario elegir las maderas más apropiadas para cada parte del cuerpo. Los primeros bloques que se realizaron fueron los manos, combinando la de olmo y roble con la idea de dar a la figura la máxima resistencia y tenacidad. 
Para los brazos se optó por la de pino de Soria y para el busto nogal de Barcina de los Montes combinada con madera blanda de cedro sobrante de la talla de la Virgen de Tejuela de Miraveche. Según el autor, los dedos son la parte más débil del Cristo y los esbozó en el bloque con una curvatura apropiada para garantizar la resistencia óptima. Un trabajo delicado pero que dio muy buenos resultados. Los primeros golpes y arranque de viruta se produjeron en agosto de 2018 al crear las manos.
El autor ha querido reflejar todo el sufrimiento y el calvario que padeció Cristo antes de su muerte por lo que todo el éxito y significado de la obra pasa por los detalles de la cara de la figura. A pesar de que los rasgos del rostro son de dolor, el creador ha pretendido que en los ojos se muestre lucidez, «toda la injusticia social extendida por los lugares de la creación y por la cual está dispuesto a morir», declara. Para plasmar este significado, Palma ha dado el máximo realismo y ha huido del excesivo barroquismo típico de imágenes más clásicas, pretendiendo así hacer una imagen más futurista y real.
La talla, que será de tamaño real, se está realizando con varias piezas de distintas maderas entre Miraveche, Santa Gadea del Cid y Miranda. Una vez terminadas por separado, serán embalsamadas como un puzzle hasta formar la figura deseada. Todos los fragmentos están formados por otras subpiezas. Cuando esté terminado, a finales de 2020 según los cálculos del artista, se decidirá su ubicación, que en principio no será fija.
Está previsto que se realicen presentaciones del trabajo en Miraveche y en Oña, y en un futuro podrá también formar parte de exposiciones. Por el momento, algunos cofrades han mostrado interés en la pieza para sacarla en procesión.