Miedo a salir

Noelia López (EFE)
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Abandonar el desconfinamiento puede causar temor e inseguridad en parte de la población después de siete semanas en casa escuchando hablar de enfermedad y malas noticias

Miedo a salir - Foto: Marcial Guillén

Desde hoy, toda la población está autorizada a salir a la calle con restricciones para hacer deporte o pasear, pero muchos afrontan con miedo esa libertad recuperada. Psiquiatras y psicólogos lanzan un mensaje de tranquilidad: es lógico sentir ansiedad tras siete semanas de confinamiento.
«Tener cierto temor, cierta ansiedad es absolutamente normal. Incluso es bueno y saludable. A quien no le dé respeto salir a la calle será menos capaz de valorar los peligros y tendrá más riesgo de contagio», explica Celso Arango, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría.
Al margen de que los ciudadanos llevan semanas escuchando noticias sobre muertes y hospitales saturados, Arango recuerda que cualquier cambio, incluso el que es a mejor, como mudarse a una casa más grande o un ascenso profesional, genera estrés y ansiedad y exige un período de adaptación.
«Encerrarse en casa o salir tras el encierro va a ir acompañado de una reacción fisiológica normal y esperable y la gente no tiene por qué preocuparse».
A este psiquiatra le irrita la expresión distancia social: «Lo que necesitamos es distancia física y cercanía social; ahora necesitamos que la gente empatice mucho, que mantenga la distancia física pero que se dé mucho cariño, aunque sean besos virtuales».
Las personas, destaca, tienen que ser conscientes, además, de que van a empezar a hacer actividades, como pasear, con menor riesgo de lo que hacían hasta ahora, como ir al supermercado.
Según un estudio de investigadores de la Universidad Europea en base a un sondeo realizado a más de 16.000 personas de Madrid, Cantabria y Canarias, el 70 por ciento tiene miedo a contagiarse y el 50 por ciento siente temor o ansiedad al salir de casa.
Timanfaya Hernández, psicóloga clínica y forense, ve cómo aumentan las consultas de personas con sintomatología ansiosa, con miedo al contagio y ahora también con temor a la calle.
«Sabemos que va a ocurrir. Nunca hemos vivido una pandemia y un confinamiento de esta dimensión, pero ya está descrito el fenómeno en otros colectivos que han vivido recluidos, como pacientes que son dados de alta tras largas hospitalizaciones o reclusos que salen de prisión», explica.
La reclusión, apunta, es desagradable, pero nuestros mecanismos de supervivencia contrarrestan esa sensación y nos han permitido adaptarnos al confinamiento, el problema puede surgir cuando ese mecanismo de defensa llega a ser «desadaptativo»: «Nuestro cerebro es muy inteligente, pero también muy puñetero».


¿Hay que hacer el esfuerzo?

Arango recomienda aprovechar los paseos, ir poco a poco volviendo a la normalidad del futuro. «En el confinamiento pasamos del todo a la nada, pero son mejores las adaptaciones progresivas; que la gente vaya saliendo de forma paulatina, dando paseos, y si no le apetece, que se vayan forzando».
Timanfaya Hernández apuesta por que cada uno se plantee su propio «desconfinamiento» y marque sus pautas para ver cómo se siente.
«No pasa nada por salir el lunes en vez del sábado. ¿Hasta dónde? En vez de un kilómetro, voy a dar primero una vuelta a la manzana. Si me veo muy descontrolado, que no puedo manejar la situación y me genera mucho malestar, eso indica que hay un problema y tendremos que hacer un trabajo para reconducir ese estado, que no se va a reconducir solo».
Hay que asumir que ese temor es normal, coincide con Arango, pero también ver que no interfiere en la vida cotidiana, que permite seguir las rutinas y mantener las relaciones sociales, pedir ayuda en caso de que la ansiedad o el miedo nos incapacite.
Según explica Celso Arango, los psiquiatras sí están viendo exacerbaciones o recaídas en gente vulnerable, con transtornos mentales de base.