Ian Gibson califica de «infame» dejar a los muertos en las cunetas

A.C. / Valdenoceda
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Un familiar de Dimas Almendros, a la izquierda, explicó cómo su delito fue ser «joven e idelista» ante la mirada de Ian Gibson, de naranja. - Foto: Fotos: A.C.

La Asociación de Familias de Represaliados en Valdenoceda, el penal donde murieron 153 hombres de hambre, frío y enfermedades entre 1938 y 1943, entregó ayer los restos de otros once a sus descendientes

Plácido Cabrera, vecino de Valdepeñas de Jaén, era campesino cuando lo detuvieron por auxilio a la rebelión y le condenaron a 20 años de prisión. Lo trajeron a la antigua fábrica de seda reconvertida en el penal de Valdenoceda, por donde pasaron 1.200 hombres entre 1938 y 1943. Murió allí con 49 años. Uno de sus biznietos, llegado de Jaén, un joven maestro, dijo ayer una bella frase antes de recoger sus restos: «Con educación y cultura esto no hubiera pasado». Pero sucedió y por eso todos los que le escuchaban en el homenaje realizado a los 153 presos que murieron de hambre, frío y enfermedades consideran que todos ellos merecen un descanso digno.
Si alguien también lo defiende siempre que tiene oportunidad es el hispanista y especialista en historia contemporánea Ian Gibson, quien dijo haberse emocionado en Valdenoceda. «Ningún país civilizado deja a sus fusilados en las cunetas. Rajoy dice que España es una gran nación, pero no lo es, porque no está buscando a sus muertos. Me parece infame», criticó el biógrafo de Federico García Lorca. Gibson mostró su confianza en que la memoria de los perdedores se recupere. El  apoyo de partidos emergentes, como Ciudadanos y Podemos, a esta postura, y la que históricamente ha mostrado el PSOE, le llevan a ser optimista.  «Los próximos gobiernos tienen que tomar decisiones tajantes ya y dar financiación a la recuperación de la memoria histórica y de  los restos de quienes aún yacen bajo tierra en lugares inhóspitos y sin dignidad», afirmó a DB.
La Asociación de Familias de Represaliados de Valdenoceda, cuyo germen fue una agrupación de personas físicas creada en 2006 por su todavía alma máter, José María González, obtuvo una de las ayudas de la Ley de la Memoria Histórica aprobada por el PSOE. Con ella, en 2007 exhumó los restos de 114 de los 153 presos enterrados en la localidad valdivielsana. Desde entonces ha logrado identificar a 62 con  pruebas osteológicas y de ADN y que estén ya con sus familias. En el día de ayer nueve recogieron a sus seres queridos y dos saben que yacen en un panteón de la asociación.
Los presos de Valdenoceda procedían en su mayoría de La Mancha, aunque también los hubo de Andalucía, Galicia, Madrid o Burgos. La política de dispersión geográfica dio resultado en algunos casos, porque muchas familias les perdieron la pista. En otros, las mujeres de los presos se trasladaron junto a sus maridos y trabajaron en Valdivielso para darles de comer. Los descendientes de Anastasio del Barrio, residente en Villamayor de Calatrava (Ciudad Real) y que murió con 71 años, admitieron tras recoger sus restos que «no sabíamos nada de que el abuelo había estado aquí hasta hace dos meses». La de Modesto Flores Jiménez, vecino de Daimiel (Ciudad Real), fallecido con 49 años, sí lo sabía. Uno de sus tres hijos regresó a Valdenoceda «hace muchos años, pero no le dieron razón». Uno de sus trece nietos, también llamado Modesto, fue localizado hace un año y medio por la asociación y ayer estuvo en Valdenoceda. «No es digno morir como lo hicieron estas personas», dijo.
El alcalde de la Merindad de Valdivielso, Jokin Garmilla, lamentó cómo «alguien decidió convertir en un infierno este rincón que otros consideran un paraíso». Recordó cómo en los ochenta llegaban familias de los represaliados en busca de información, pero apenas uno o dos vecinos les hablaban del penal. El olvido quería hacerse con esta parte de la historia, a la que Garmilla le quiere dar un tinte positivo con el hermanamiento de Valdivielso y los pueblos de la Mancha, de donde mayoritariamente llegaban los presos. «Es tiempo de que nos hermanemos,  nos juntemos para recorrer este paraíso que también es vuestro y este infierno no pueda borrar la grandeza de lo que aquí hay», concluyó.
Mientras, la historiadora y profesora de la Universidad Complutense Mirta Núñez definió a los presos de Valdenoceda como «víctimas de criminales de Estado», que pusieron en práctica «una política sádica de asesinato masivo de los que no estuvieron con el golpe de Estado por acción u omisión». A su juicio, «falta investigar quienes estuvieron detrás de esa política de exterminio, porque también son víctimas del franquismo los que murieron de hambre, frío o por falta de atención médica». 
Al acto acudieron, entre otros, la diputada del PSOE Esther Peña, quien aboga por blindar la Ley de Memoria Histórica «para evitar que su aplicación dependa del Ejecutivo de turno»; el diputado de Podemos, Manuel Vila;el procurador regional de Podemos, Félix Díez; y el vicealcalde de Villarcayo, José Casado.