Un billete al pasado más medieval

Ó.C
-
La cetrería fue uno de los alicientes - Foto: Oscar Casado

El público vuelve a responder ante este mercado, que llenó el Casco Viejo con 110 puestos y numerosos espectáculos

Se ha convertido en una cita indispensable del calendario de la ciudad, en la que por unos días con solo cruzar el puente Carlos III, mirandeses y visitantes consiguen dar un salto en el tiempo hasta la época medieval. En este 2019 se cumplen 23 ediciones de esta iniciativa en la que se busca representar la convivencia de las tres grandes culturas de la época, con 110 puestos de artesanía, 17 talleres en los que se representan oficios que perduran desde aquellos tiempo o 132 pases de los espectáculos que se han programado.
Un año más, uno de los más llamativos tiene como protagonista a la cetrería. En esta ocasión, las aves llegaron desde la Asociación Cultural Mi rosa de los vientos de Zaragoza, y uno de los espectáculos era el de pasear, como hacía Beatriz, con un águila Harris. Un gesto cotidiano para el ave puesto que para hacerlo estas rapaces tienen que estar habituadas a la gente.
«Son animales criados en cautividad, con un carácter muy bueno y seleccionado porque además nuestros pájaros también trabajan en terapias», indicó Beatriz, que para evitar el estrés en las aves reitera que el remedio es que tengan un trato continuo con personas. 
Esto se nota en su paseo, donde los más pequeños se acercaban a tocar al águila, con una mezcla de emociones. En esta edición se cuenta con más de diez aves pero también «hemos traído una culebra grande que luego sacaremos a pasear», resaltaba Beatriz, en la primera vez que participan en el Mercado Medieval de Miranda.
Respecto a los oficios, dos de los más llamativos eran los del cristal y la piedra. En el primero de ellos estaba Pablo Alexis, argentino residente en Requena (Valencia) y explicaba que uno de los grandes alicientes de su puesto era «hacerlo aquí, delante de la gente», lo que a su juicio era un aliciente. «Está considerada una técnica única y somos los únicos en el mundo que trabajamos de esta forma y la gente ve que lo hacemos con gusto y cariño», apuntaba.
Sobre cómo se aprende a modelar el cristal como lo hace él, tras doce años en el oficio, asume que es algo complicado «porque al principio te cortas y te quemas mucho». Además, también es difícil de entender sin el legado familiar porque «no hay una escuela, así que a mí me enseñó mi padre, a él el suyo y así durante generaciones». Todo teniendo en cuenta que es algo que «te tiene que gustar».
Algo así le pasa a Álex que llegó desde León y que explicaba los misterios de su oficio mientras golpeaba un bloque de piedra para terminar un escudo heráldico, que puede costar unos 400 euros y en el que tiene que estar trabajando durante «tres o cuatro días», resalta. Este es uno de los pocos resquicios de los canteros, uno de los oficios más importantes de la época que se representa. De esta manera, hoy se pondrá fin a al XXIII Mercado Medieval en el que por unos días, se ha podido viajar al pasado más medieval de la ciudad.

Los atracciones infantiles también se disfrutaron Oscar Casado
Los atracciones infantiles también se disfrutaron - Foto: Oscar Casado
Se pudieron ver oficios y técnicas artesanales Óscar Casado
Se pudieron ver oficios y técnicas artesanales - Foto: Óscar Casado