"Nos hemos acostumbrado a retuitear sin contrastar nada"

G. ARCE
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La abogada burgalesa Mercedes Garrido muestra su hartazgo en las redes sociales ante el clima de bulos y fake news y reclama la implicación de la ciudadanía en la denuncia y no difusión de la mentira

Mercedes Garrido - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Hartazgo. Esa es la sensación generalizada que generan los cientos de bulos y noticias falsas, las conocidas como fake news, que circulan estos días de confinamiento por las redes sociales, retroalimentándose en un sinfín de envíos vía teléfono móvil, tableta u ordenador hasta confundir y distorsionar la realidad de cualquier ciudadano. La crisis del coronavirus se ha mostrado como el mejor caldo de cultivo para la mentira, la desinformación y las falsas alarmas malintencionadas en torno a la enfermedad, su expansión y sus formas de contagio. No hay aún vacuna para la COVID-19 y tampoco para este fenómeno tóxico que contamina indiscriminadamente a la opinión pública y las instituciones en plena era de la información.
Ese hartazgo es lo que ha llevado a la abogada burgalesa Mercedes Garrido, conocida por su trayectoria profesional en el ámbito de la violencia de género, a reflexionar y denunciar públicamente en sus cuentas de las redes sociales (LInkedin y Facebook) sobre el clima insano de confusión y desprotección informativa en el que vivimos. Y no solo reclama más medios policiales, dotación económica y de personal, para investigar y perseguir el origen de tanta mentira, sino que pide encarecidamente -y ahí su mensaje a través de internet- la implicación ciudadana en la denuncia y la no difusión de bulos y fake news. «En el fondo, estamos ante un problema de falta de educación en el uso y en los límites de las redes sociales».
La indefensión en la que quedan las personas ante la difusión indiscriminada de un bulo es extraordinaria. Prueba de ello, recuerda Garrido, son los sanitarios que han sido señalados por parte de vecindarios por el simple hecho de residir en el mismo bloque de viviendas o los niños con autismo que han tenido que identificarse durante su paseo por las calles para evitar ser blanco del escarnio de algunos desaprensivos. 
Un bulo es una falsa noticia que se propaga con algún fin, reflexiona, acción en la que alguien sale perjudicado y alguien obtiene un beneficio. Su propagación, también a través del popular whatsapp reside «en la falsa creencia de que opinar desde la intimidad de nuestro dispositivo, reenviar y difundir 'mensajes oscuros' no es grave y no conlleva responsabilidad, y además parece que gozamos de inmunidad».

Límites. También es generalizado el error de que utilizamos indiscriminadamente las redes sociales al amparo del ejercicio de ciertas libertades, «ignorando que toda libertad tiene como limitación el ejercicio de ciertos derechos». Los límites a la libertad de expresión o del derecho a la información, descritos en la Constitución Española, son los derechos a una información veraz, a la dignidad de la persona, a la igualdad, a la integridad física y moral, a la libertad ideológica, a la seguridad… «Son derechos fundamentales de todas las personas. La libertad de una persona termina cuando empieza el derecho de otra: si la información divulgada no es veraz puede haber problemas». 
La abogada considera muy importante tener en cuenta el impacto de la difusión de los bulos («No tiene la misma transcendencia el tradicional cotilleo de patio de vecinos que difundir un 'mensaje oscuro' a 500 o 5.000 seguidores a la vez») y, a la vez, la propia naturaleza de las personas, «la necesidad de notoriedad, el aburrimiento, el 'pues yo más' y la pereza de contrastar los que tenemos delante en un formato más o menos fiable».
Todos estos ingredientes pueden llevar a que la difusión de un bulo o una fake news se convierta en un delito si atenta contra el honor de las personas (a través de las injurias y calumnias) o incita al odio o a los desórdenes públicos. «Habrá que estar siempre a las circunstancias de cada caso y las repercusiones generadas, teniendo siempre en cuenta que se castiga tanto al autor como al que difunde por cualquier medio».
A este respecto, La difusión de bulos en las redes sociales puede acarrear hasta cinco años de prisión, según detalla un informe de la Secretaría Técnica de la Fiscalía. «Es importante la denuncia y la prueba en estos casos, sin ambas es muy difícil luchar contra este problema».
«Todos podemos opinar sobre lo que nos dé la gana y en el medio que consideremos oportuno pero, antes de dar a 'me gusta', antes de retuitear o reenviar, o hacer comentarios (…) nos tenemos que acostumbrar y adquirir el hábito de contrastar lo que estamos viendo, de buscar fuentes oficiales y fidedignas, y a 'poner en cuarentena' todas las noticias alarmantes y sensacionalistas. No se puede permitir que con los medios que tenemos a nuestro alcance y en la situación en la que nos encontramos estemos desinformados o mal informados y que, además, nosotros mismos tengamos la culpa».