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La heráldica en la capilla del Condestable (I)

JUANJO CALZADA
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Escudo de don Pedro Fernández de Velasco

Escudo de don Pedro Fernández de Velasco (i.) y el aspa de San Andrés.

1. La Capilla del Condestable

En 1482 las obras de la Cartuja iban a buen ritmo. Los Condestables de Castilla, don Pedro Fernández de Velasco y doña Mencía de Mendoza y Figueroa, en un intento de rivalizar con el edificio real de Miraflores, deciden llevar a cabo la construcción de su propio panteón, al margen del de la familia que se encontraba en el convento de Santa Clara de Medina de Pomar. Posiblemente el panteón familiar les parecía demasiado modesto para albergar sus restos y perpetuar su memoria a lo largo de los siglos. La capilla del Condestable, obra de Simón de Colonia, aparte de su carácter funerario, rinde un importante culto a la personalidad de los condestables.

La heráldica no deja la menor duda acerca de la identificación de los dueños de la capilla. En las paredes tenemos los escudos de D. Pedro Fernández de Velasco y Dª Mencía de Mendoza y Figueroa, no faltando, incluso, sus divisas, concretamente el Sol Eucarístico y la Cruz Potenzada. Los heraldos, presentes en la capilla, certifican todo esto y nos dicen que quienes reposan en el sepulcro renacentista de la capilla son Grandes de España, concretamente los condestables de Castilla. Los condestables esperan desde su tumba la purificación y redención de sus pecados para poder acceder a la bóveda celeste en donde triunfa la luz y se nos muestra la purificación de María.

2. Don Pedro Fernández de Velasco: su escudo
Las inscripciones de la capilla dicen quién es el condestable. En 1467 lucha contra las tropas del infante Alfonso al lado de Enrique IV, quien le nombra condestable en 1473. Después se pasará al lado de Isabel dirigiendo el cerco del Castillo de Burgos contra los partidarios de la Beltraneja. Su carácter bélico le termina llevando a la guerra de Granada ante los musulmanes.

Los orígenes de los Velasco son un tanto oscuros. Se dice que en el 709 pasan a formar parte de la baja nobleza goda gracias al rey Witiza. Dos años después, tras el desastre de la batalla de Guadalete en el 711, se refugian en Asturias y desde aquí, por mar, van a Santoña, llegando en un barco que llevaba un estandarte con un cuervo en paño blanco.

En relación con el nombre Velasco hay dos teorías un tanto fantásticas. Por un lado se nos dice que vendrá dado porque desde un barco el noble caballero Vela guiaba a la flota por la noche con una vela, por lo que la familia del conde don Vela traerá como armas un candelabro de oro con una vela encendida y la leyenda ‘Quien bien vela’. Por otro lado la palabra Velasco vendría de su homónima ‘Belasko’, pues ‘asco’ significa «lugar de» y Bela se identifica con cuervos, lo que estaría en relación con el estandarte anteriormente mencionado. Los Velasco desde Cantabria penetrarán por el interior de las Merindades y, entre otros sitios, se asentarán en Bisjueces, tomando como armas unas suelas de zapato en relación con el lugar de Fuenzapata. 

Veros
Probablemente los veros vinieron a finales del siglo XII al casarse Gonzalo Sánchez de Velasco con doña Inés de Noreña, de la familia de los Álvarez de Asturias, familia que posiblemente tendría los veros por concesión de Alfonso VII el Emperador. 

En realidad sólo podemos seguir la evolución de la familia Velasco a partir de principios del siglo XIV con Sancho Sánchez de Velasco, privado de Fernando IV, consolidándose entonces las armas de los Velasco, concretamente los veros. Si los príncipes usaban pieles de armiño en sus vestiduras, muchos nobles utilizaban pieles de ardilla, un animal con el vientre blanco y el lomo azulado. Su paso a la heráldica, bajo el nombre de veros, se hace en forma de pequeñas campanas, sucediéndose alternativamente una campana azur y otra de plata invertida.

Bordura de castillos y leones
En la segunda mitad del siglo XV los descendientes de Pedro Fernández de Velasco, el Buen Conde de Haro, y doña Beatriz Manrique, entre ellos nuestro condestable, incorporan la bordura con las armas reales. Es un gesto de homenaje al rey, del que se considera su vasallo, y a la vez un signo de prestigio para él mismo.

En los escudos de don Pedro Fernández de Velasco, en la capilla catedralicia, aparece la bordura. Las armas reales le pertenecen porque señalan su patria, las tiene por concesión real al ser Condestable de Castilla y porque su madre es biznieta de Enrique II. 

El aspa de San Andrés    
Argote de Molina afirma que la primera bordura que llevaron los Velasco en su escudo tenía las aspas de san Andrés. Fernando III el Santo se las habría concedido por su participación en la conquista de Baeza en 1227, pasando san Andrés a ser un santo protector de la familia. La reconquista de Baeza tuvo lugar el día de san Andrés. Ese día las tropas cristianas estaban dirigidas por don Lope Díaz de Haro, conde y señor de Vizcaya, y en recuerdo de esa batalla muchos caballeros que estaban con el conde tomaron por orla ocho aspas en campo de sangre.

La verdad es que no hay documentos acerca de esta bordura. Admitamos que la bordura de las aspas puede ser una invención; ahora bien, en la capilla sí está presente el aspa y, por cierto, en lugares destacados, como el exterior de la capilla o en el remate que corona la reja de entrada de Cristóbal Andino. Una vez más hemos de hacer alusión al Buen Conde de Haro, quien asoció el hospital de la Vera Cruz de Medina de Pomar a san Andrés. El emblema de este hospital era una estola negra con una cruz aspada en uno de sus extremos.

El león
Sobre los escudos podemos ver unas celadas de las que parte, a modo de lambrequines, una decoración vegetal con cascabeles. Como cimeras el león para don Pedro y el Pegaso para doña Mencía.

Son muchas las citas bíblicas que nos presentan el león como símbolo de poder, vigor y fuerza. Ya en la Antigüedad Clásica la figura del león aparece en las armas de los guerreros más valerosos: de Aquiles se decía que tenía la fuerza de un león; Hércules vestía con su piel en la idea de que derrotar a un animal tan fuerte como el león de Nemea es algo propio de un héroe. La figura del león terminó por formar parte de seres híbridos, símbolos de fuerza y fiereza, como la Quimera o la Esfinge.

En los bestiarios medievales vuelve a recogerse todo esto, es más, el león no sólo se asocia con héroes sino con Cristo mismo, león de Judá.

La cimera del león en el escudo del Condestable es sinónimo de la fuerza y energía con la que don Pedro se enfrenta a los infieles en la guerra de Granada. Simboliza la vida activa.

Fuentes: 
Ramón Hilario Rodríguez, Ángel San Vicente, Julián García Sainz de Baranda, Francisco de Arúspice y Ruiz de Arana, Esther González Crespo, Luis Valero de Bernabé, Elena Paulino Montero, Diego Muñoz-Cobo y Josefa Urrea Méndez.