El Cristo de la Bajada del Ángel desvela su color original

I.M.L.
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La talla que hubiese procesionado el Domingo de Resurrección tras el proceso de restauración se data en la transición del s. XVI al s. XVII y tenía un hueco en el pecho en el que alojaba el Santo Sacramento para sacarlo en procesión

Imagen previa y posterior de la talla, en la que se aprecian la oquedad tapada en el pecho y las falanges que ha perdido. - Foto: Centro de Conservación y Restauración de la Junta

La ceremonia de la Bajada del Ángel que cada Domingo de Resurrección acoge la plaza de Santa María de Aranda de Duero habría estrenado este año el aspecto restaurado de la talla del Cristo Resucitado, que es lo primero que ve la Virgen después de que el ángel le retire el velo de luto en su vuelo. Una recuperación de esta imagen devocional que venían persiguiendo tanto la parroquia de Santa María como la Hermandad de Jesús Resucitado, que es quien desde hace dos años se encarga de procesionarla y que es la última agrupación cofrade creada en la capital ribereña. 

Esta intervención patrimonial se ha llevado a cabo gracias a la colaboración establecida entre estas dos instituciones y la Junta de Castilla y León, a través del Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León, dependiente de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Consejería de Cultura y Turismo. Los trabajos han supuesto una inversión de 10.000 euros y han contado con el trabajo experto de un amplio equipo, conformado por restauradores, físicos y químicos, técnico especializado en rayos X en el estudio de patrimonio cultural, fotógrafo y carpintero-ebanista, además del apoyo de todo el personal administrativo del centro, ubicado en Simancas. 

Entre los detalles que ha desvelado el estudio previo a la restauración, los expertos destacan que esta talla tuvo un uso que ahora desconocíamos. "Tenía antiguamente un carácter eucarístico porque en el pecho tenía practicada una caja, una oquedad donde se podía colocar la hostia consagrada y salía en procesión la forma en la escultura", explica Juan Carlos Martín, miembro del equipo de restauración, aclarando que "eso con el tiempo se cegó" perdiendo esta función la imagen.

Gracias a los estudios previos y al trabajo posterior, se ha podido descubrir primero para rescatar después el policromado original de esta talla, de la que se desconoce su autor pero que se ha podido datar en la transición del s. XVI al s. XVII. "Estaba la mayor parte de la policromía original subyacente y, viendo que era de buena calidad, hemos ido a por ella, sacándola a la luz. Tenía mayor gradación tonal, la que tenía hasta ahora era muy plana, del mismo tono, más homogénea, y la original tiene más gradaciones e influye en darle un mayor volumen a la escultura, mayor dinamismo", explica Martín, en referencia a la piel del Cristo. Junto a esos colores  de la carne, la restauración ha recuperado el denominado "paño de pureza" que "era blanco hasta ahora y por debajo se veía que estaba un estofado y esgrafiado rojo muy bonito", destaca Juan Carlos Martín.

El estudio también ha desvelado que la talla está realizada en madera de pino y "gracias a las radiografías se ha podido determinar el sistema de encolado y unión de las diferentes piezas que conforman el embón o bloque inicial de madera del que partió el escultor", que tenía que tener gran pericia porque partió de un bloque único para hacer de la cabeza hasta la peana, incorporando después los brazos. Entre los trabajos realizados, se han reintegrado las falanges que había perdido la talla, sustituyendo algunas que se habían colocado con posterioridad con buena intención pero con poco respeto a la estética general de la talla, que destaca por su buen estudio anatómico.

Además, se ha aprovechado estos trabajos para diseñar una sencilla base que tiene una finalidad de conservación preventiva para que amortigüe los posibles deterioros derivados de la manipulación de la talla.