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En nombre de Caleruega

RODRIGO C. LEÓN
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El artista ribereño Rubén Arrabal ha sido el encargado de diseñar y construir la escultura de las letras del municipio burgalés, ubicada a la entrada del pueblo junto a la estatua ecuestre del Cid

Rubén Arrabal apoya sus pies sobre la letra ‘E’, cuya posición trata de rememorar las almenas de los castillos, como el Torreón de los Guzmanes. - Foto: R.C.L.

Ver a los conductores girar su cabeza hacia la derecha se ha vuelto algo común en la entrada de Caleruega. La estatua ecuestre del Cid ha encontrado unas nuevas acompañantes y el recibimiento está siendo positivo. El nombre del municipio ya no está sólo en los carteles, sino que un ribereño se ha encargado de darle color y forma. Rubén Arrabal ha sido el artífice de llevar a la escultura sus letras mediante el uso de gaviones rellenos de piedras.

El artista no es ningún desconocido en Caleruega, ni en la Ribera del Duero. Sus trabajos en lugares como Tubilla del Lago, Valdeande, Zamora o Chile ya han dado fe del enorme repertorio de obras de diferente calibre que puede llegar a ofrecer. Desde murales, pasando por maquetas, hasta llegar a los manipulativos. Sin embargo, este es su estreno en las esculturas con gaviones, o también denominados como redes metálicas. "Me gusta lanzarme a la piscina y confiar en mis facultades. Si me veo capaz, no tengo ningún miedo", comenta.

El proyecto se cocinó desde el propio Ayuntamiento de Caleruega. Su alcaldesa, Lidia Arribas, fue quien contactó con él con la idea de construir unas letras de imagen para el pueblo que fueran originales. "Queríamos hacer algo diferente y con un material típico de la tierra como la piedra. De ahí que la posición de algunas letras rompa con la estética tradicional", explica.

Lejos de idear un nombre con sus elementos de forma estructurada, Rubén Arrabal optó por jugar con las ‘E’. La primera de ellas se encuentra apoyada con la anterior para dar una forma más llamativa. Por su parte, la otra está tumbada por completo con un fin: representar las almenas de los castillos. De esta forma, hace un guiño al Torreón de los Guzmanes.

Arrabal destaca la importancia de la interactividad en su obra. "La idea es que la gente no se haga la típica foto con las letras. Quiero que se puedan subir, sentar, tumbar o moverse entre ellas de forma creativa", declara. Así pues, deja de ser una simple escultura, para dar juego a los usuarios a la hora de relacionarse con ella. "No buscamos que el turista se lleve la clásica imagen del pueblo, sino que también quede presente el nombre de donde ha estado", confiesa.

Así pues, esta obra guarda una relación directa con otro de los grandes acontecimientos del lugar, el VIII Centenario de Santo Domingo de Guzmán. "La idea era que estuviera listo para julio y así aprovechar el turismo de la celebración", asegura. Sin embargo, Rubén no se fijó un plazo fijo para su realización. "Siempre trabajo según mi inspiración, aunque sin perder de vista la fecha límite. Soy partidario de desconectar algunos días y así tener una perspectiva más crítica al volver al proyecto", opina.

Hecho con sus manos. La escultura adquiere más valor si se tiene en cuenta que, salvo la fabricación y transporte de los materiales, el resto es obra de Rubén. De su puño y letra, no sólo aporta el diseño, sino que también se encargó de cortar las vallas metálicas que conforman el contorno de las figuras, para después unirlas con una espiral de alambre.

"Hay problemas que no ves cuando tienes la idea sobre el papel", explica. Uno de los contratiempos que más destaca son las dificultades para ligar algunas letras. Asimismo, también remarca otros inconvenientes como el proceso de relleno de piedras dentro de los gaviones.

A pesar de estar construida desde julio, el ribereño considera que aún es una obra inacabada. "Hasta que no llueva y se limpie el polvo de las piedras, no se verá el resultado final", confiesa. De cualquier forma, la lluvia se encargará de oscurecer el color de las piedras de un brillante trabajo.