Paseos con tropezones

Pablo Maljean
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Las aceras de ciertos barrios de la ciudad se encuentran en un estado muy pobre y no solo desmerecen la estética de la calle, sino que resultan peligrosas para los caminantes

1 - Foto: Luis López Araico

Pasear por ciertas calles de Burgos se ha convertido en un deporte de riesgo. Las baldosas sueltas o rotas y las deformaciones de las aceras hacen de algunas zonas auténticas pruebas de agilidad.
Estas carencias del pavimento conforman una de las amenazas más peligrosas para un caminante, sobre todo en lugares de paseo frecuentadas por personas mayores o con problemas de movilidad. Para ser justos, la mayoría de aceras se encuentra en bastante buen estado, pero pocas se libran de contar, por lo menos, con un par de baldosas sueltas, las menos apreciables, y las más peligrosas.
Que se lo digan a Manuel, de 78 años, pues su mujer, «que es muy andarina y nunca la pasa nada», sufrió un tropezón hace unos años mientras recorría la ciudad en uno de sus paseos. El culpable de su caída fue un adoquín suelto, el cual le hizo precipitarse al suelo y romperse una rodilla. Manuel comenta aliviado que el accidente no fue a más y su mujer pudo recuperarse sin secuelas. Ahora es más consciente del peligro de un simple traspiés y, aunque le gustaría que se actuara ante esta circunstancia, concede que «la ciudad tiene muchas cosas a las que atender y no hay dinero para reparar todo».
En ese sentido, Alejandro, un barrendero de la ciudad, comenta que los encargados de mantenimiento del mobiliario urbano ya combaten este tipo de fallos del firme. Cuando descubren estos accidentes, los señalan inmediatamente con un aerosol fosforito y los reemplazan en pocos días. Sin embargo, varias de las zonas que se incluyen a continuación en el reportaje llevan años sin ser reparadas.

 

1.- Luz al final del túnel. La combinación de varias baldosas sueltas y rotas forman un particular ecosistema urbano en la Residencia Parque Félix, como si un terremoto hubiese alterado la composición el pavimento. Este centro sufre unos de los casos más graves de deterioro del firme de todo Burgos, aunque parece que tiene los días contados.
Tras tres años de lucha, a principios del mes pasado se anunció el comienzo de las obras. Ha llegado agosto y no se ha llevado a cabo ninguna actuación en la zona, pues queda pendiente que el arquitecto presente un plan de seguridad, aunque es un trámite que no demorará mucho más los trabajos.  
A pesar de ser un espacio privado de uso público, el Ayuntamiento no ha contribuido a la financiación del arreglo, que asciende a un total de 107.000 euros. Finalmente, la comunidad de propietarios de los números 2-4 de la calle Fundación Sonsoles Ballvé sufragará la mayor parte de la reforma del suelo, ayudados por una aportación de 35.000 euros por parte de la residencia. El embaldosado se reemplazará por asfalto fundido, que resistirá mejor el tráfico de ambulancias a las puertas del centro.

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2 - Foto: Luis López Araico

 

2.- Pendiente de arreglo. La acera de Santa Clara 51 y 53 se asemeja mucho al caso anterior. El pequeño parque cuenta con aglomeraciones de baldosas sueltas y partes de la calzada invadidas por la vegetación. Esta combinación de defectos del pavimento hace complicado andar por la zona.
En octubre de 2018 hubo una sentencia que definió este espacio como privado de uso público, por lo que la responsabilidad de la reparación de la zona pasó a correr a cargo del Ayuntamiento. Sin embargo, ninguna obra se ha llevado a cabo desde entonces. Santiago González, de la asociación de vecinos de Santa Clara, lo achaca a que esta renovación no estaba incluida dentro de los presupuestos anuales del Consistorio. Aun así, González intentará «forzar al nuevo Ayuntamiento para que se cumpla la sentencia».

 

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3 - Foto: Luis López Araico

3.- Olas urbanas. Otra de las manifestaciones más comunes del deterioro de las aceras se forma cuando las raíces de los árboles se desarrollan demasiado y comban el suelo, formando ondulaciones y surcos. Uno de los ejemplos más paradigmáticos se produce en la acera cerca del río de la Avenida Arlanzón, entre el puente Gasset y los cines van Golem. Atravesar este tipo de aceras para una persona con andador o silla de ruedas se convierte en una odisea, porque además la acera no cuenta con grandes espacios para maniobrar.

 

4.- Hundimiento. Ni siquiera hace falta la acción de los árboles para desmejorar el firme. El pasaje Fernando de Rojas en Gamonal es prueba de ello. Una paseante llamada Sagrario sostiene que la gran afluencia de coches que circula a lo largo del día por la acera provoca el deterioro del firme. El centro de esta calle se encuentra hundido, por lo que las personas con problemas de movilidad se ven obligadas a bordearla, al ser la única forma en la que pueden atravesarla sin obstáculos. Además, en días de abundante lluvia, ciertas zonas del paseo se inundan al desbordarse el sistema de alcantarillado.

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4 - Foto: Luis López Araico

 

5.- Víctimas de la erosión. El modelo menos agresivo para los caminantes, pero quizá uno de los que más desmerece las aceras estéticamente, es el de las baldosas desgastadas. Este accidente se encuentra en zonas menos transitadas, como en la avenida Islas Canarias, cerca del Polideportivo Maristas, pero sigue sumando en la lista de suelo a mejorar.

 

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5 - Foto: Luis López Araico

6.- La reunión. Todos estos ejemplos de degradación urbanística se congregan en el Parque de la Cruz Roja. Víctima del desacuerdo político, la solución a su abandono no parece cercana. Allí se ha formado un pequeño espacio de deterioro que, por desgracia, lleva caracterizando al lugar desde hace años.
A principios de 2019, la Junta descartó catalogar este parque como Jardín Botánico, una pretensión liderada por el Colegio de Arquitectos que hubiera protegido al espacio. La propia asociación pidió un proyecto para revitalizarlo y que recuperara la esencia del diseño original del paisajista Leandro Silva. Esta iniciativa dividió más al pleno y la reforma se pospuso sine die.

 

SOLUCIONES

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6 - Foto: Luis López Araico

El concejal de Ciudadanos Vicente Marañón propuso el curso pasado un modelo único de baldosa que acabaría indirectamente con el problema del deterioro del suelo, puesto que se proponía aplicarlo primero a las zonas más necesitadas de la ciudad. El político planteó utilizar este elemento «como herramienta de promoción de Burgos», al igual que lo ha hecho Bilbao.
Algunos vecinos apuestan por la implantación de asfalto fundido, una variante a la baldosa con la que ya se ha forrado el suelo en la calle Miranda (estación de autobuses) o las aceras del bulevar.