Figuras políticas con futuro

Pilar Cernuda
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Martínez Almeida, Feijóo, Arrimadas, García-Page o Nadia Calviño son algunos dirigentes que han demostrado tener madera de líderes ante la crisis sanitaria y que darán mucho de qué hablar cuando la pandemia finalice

Figuras políticas con futuro

Cuesta creerlo, pero todavía hay españoles que defienden a capa y espada la gestión de Pedro Sánchez, destacan su buena voluntad y afirman que cualquier otro político habría cometido errores ante una pandemia como la que se está sufriendo. 
Es evidente que nadie está suficientemente preparado para hacer frente a una maldición como el coronavirus, pero es evidente también que no se puede aceptar que un presidente de Gobierno rechazara los consejos de la OMS y la Unión Europea para tomar medidas urgentes para paliar los efectos de lo que ya empezaba a invadir a España, no se puede aceptar que un presidente haya formado un Ejecutivo en el que no más de tres figuras han demostrado conocer sus responsabilidades, no es aceptable que un Gobierno no haya utilizado los cauces oficiales para comprar material sanitario en el exterior, no haya acudido a las empresas españolas que fabricaban ese material, se muestre incapaz de ofrecer cifras fiables sobre afectados y fallecidos, avale las medidas económicas de Podemos sin tener en cuenta las de su vicepresidenta económica que algo sabe de ese asunto, no haya dado ejemplo cumpliendo su obligada cuarentena, como tampoco la ha cumplido su vicepresidente tercero, haya cerrado el Parlamento y solo lo abre cuando se le ha hecho insoportable la presión de la oposición y medios de comunicación y sume un etcétera tan amplio de errores y de falta de sensibilidad ante la tragedia que es imposible enumerar todos. 
Por cierto, incomprensible también que no haya pronunciado una sola palabra de agradecimiento a Amancio Ortega por la ingente labor que ha realizado en esta lucha ¿Tanto miedo tiene Sánchez a expresarse disconforme con las fobias de su vicepresidente tercero?
Ante un presidente que ha engañado a tantos de sus votantes, y que ha dado la razón a los millones que no le votaron porque dudaban de su capacidad para gobernar y no se fiaban de su palabra, en esta crisis han aparecido figuras que pueden tener futuro en una España que será distinta tras este tsunami que ha hecho tanto destrozo. En unos ya se adivinaba que tenían madera política y sabían cómo afrontar una crisis de magnitud; otros en cambio han sido una sorpresa.
Entre los últimos, destaca el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida. Hace un año Pablo Casado dio el campanazo al anunciar su candidatura; no aparecía en ninguna lista de posibles elegidos. Costó llegar a acuerdos, pero se convirtió en alcalde de la misma manera que su compañera de partido Isabel Díaz Ayuso, también sorpresa como candidata al Gobierno regional, y se convertía en presidenta. Díaz Ayuso, que cometió errores sonados, de primeriza, ha ganado peso con la gestión del coronavirus al ir siempre dos pasos por delante en sus decisiones a las iniciativas del Gobierno, lo que le provocó más de un problema con los defensores irredentos del sanchismo. Tiene futuro, pero el que ha dado la gran sorpresa es el alcalde de Madrid, que parece tener el don de la ubicuidad y ha demostrado una sensibilidad y una capacidad de gestión que solo conocían los que siguieron muy de cerca su trayectoria como líder de la oposición a Manuela Carmena cuando Esperanza Aguirre decidió dejar su trabajo municipal.
El alcalde bajito que soporta con humor las bromas sobre su estatura, se ha convertido en grande. Ha tomado decisiones ante el coronavirus que demuestran que sabe qué terreno pisa, qué se necesita, dónde y cuándo. Supervisa personalmente todas las actuaciones, y lo mismo echa una mano a quienes llevan material sanitario a hospitales, a donde acude para darles ánimos, que se suma a la orquesta municipal que da un pequeño concierto en un gran hospital para expresar respaldo a los enfermos, saca los colores al Gobierno de Sánchez denunciando sin complejos los errores que comete, se pone la mascarilla para acudir a los lugares a donde prefieren no acudir otros dirigentes, como las morgues instaladas en espacios deportivos de hielo, o visita los centros donde el virus ha actuado con más fiereza. Compra, distribuye, busca locales para instalar camas o centros de ayuda y ha demostrado que la política no está reñida con la sensibilidad. 
Sus detractores le acusan de populismo y es posible que tengan razón. Pero en situaciones como las que se están viviendo, un punto de populismo, visto como cercanía a los ciudadanos, a los que se expresa personalmente el apoyo, es necesario para transmitir confianza y seguridad de que sus problemas son comprendidos.


El eterno aspirante

Otro político que ya había demostrado sus capacidades antes de la crisis es Alberto Núñez Feijóo, al que muchos votantes del PP ya perdonan que no presentara su candidatura a la Presidencia del partido tras la salida de Rajoy por la moción de censura. Algún día explicará por qué no se presentó, pocos dan credibilidad a su explicación de que se sentía en deuda con los gallegos, aunque a lo mejor fue la auténtica razón. 
En esta crisis que vio venir cuando el Gobierno central no quiso o no fue capaz de verla, compró material sanitario antes que los demás, con la ayuda de Amancio Ortega, ya que dedujo bien que tendría importantes contactos en China. Cerró colegios antes de que lo ordenara el Ejecutivo, como también hizo Isabel Díaz Ayuso, y tomó medidas drásticas que han provocado que el porcentaje de fallecimientos sea uno de los más bajos de España, junto a Extremadura, Murcia, Rioja y Aragón. 
Feijóo muestra una lealtad total a Pablo Casado, pero a nadie se le escapa que hay mucha gente en el PP que mira hacia Galicia. Gente que esperaban y esperan más de Casado y creen que no tiene ninguna posibilidad de gobernar si no hace algunos profundos cambios en su equipo y recupera a personas valiosas del partido a las que ha descartado.
En Ciudadanos, Inés Arrimadas todavía sufre las consecuencias del error que cometió Albert Rivera al no apoyar un Gobierno de Sánchez para impedir que hiciera una coalición con Podemos. Se encuentra Arrimadas con un partido muy herido y con un grupo parlamentario mínimo. Encima, no ha podido ejercer como presidenta de Cs porque ganó las primarias prácticamente el mismo día que se decretaba el confinamiento general. Está decidida a apoyar las medidas económicas que Sánchez va a llevar al parlamento porque cree que no pueden ser bloqueadas en un momento tan crítico, y también muestra disposición a negociar con Sánchez lo que se llama nuevos Pactos de la Moncloa, aunque no tienen nada que ver con los anteriores, los del 77. Partidos como PP, Ciudadanos e incluso el PNV no ven posible un Gobierno futuro de unidad con Sánchez de presidente y Pablo Iglesias dentro. 


Socialistas competentes

Hay figuras en el PSOE, o habría que decir en el Gobierno -el partido se encuentra completamente descapitalizado-, que se han agrandado en esta crisis sanitaria. Destaca el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, que ya tenía buena imagen como gestor y como persona que anteponía los intereses de los ciudadanos a los que marcaba un Sánchez pendiente siempre de las lecturas electorales. Y dentro del Gabinete dos ministras han mantenido un nivel alto en esta crisis, Margarita Robles y Nadia Calviño. Ninguna de las dos militantes socialistas pero leales a su presidente. Algún militar alega que las decisiones de la ministra de Defensa las tomaba la cúpula militar pero, incluso si es cierto, Robles las avalaba. El papel del Ejército en esta crisis ha sido vital, en el sentido más amplio de la palabra, y la ministra sale muy bien valorada de esta pandemia. 
Calviño ha sufrido alguna decepción, incomprensiblemente Sánchez ha dado luz verde a iniciativas de Pablo Iglesias con las que Calviño no estaba de acuerdo. Ha aguantado el tirón aunque algún compañero de Gobierno confiesa que en algún momento casi tiró la toalla. No lo ha hecho, dicen, porque no era el momento de echar más leña al fuego que Sánchez no acaba de apagar. Un dato más en el haber de su vicepresidenta económica.
El coronavirus cambia la vida a un país. Pero en España, es probable que cambie también las figuras que se moverán en el escenario político del futuro más inmediato.