Muguiro, el Schindler 'burgalés'

R.P.B.
-

La Universidad Hebrea de Jerusalén acoge la exposición 'Más allá del deber', que homenajea a diplomáticos españoles que salvaron a miles de judíos de las cámaras de gas. Entre ellos, Miguel Ángel Muguiro, criado en el Palacio de la Isla

Muguiro, el Schindler ‘burgalés’

Eran diplomáticos que representaban a una dictadura que, además, era aliada del régimen que estaba llevando a cabo un exterminio sin precedentes en la historia de la humanidad.Sin embargo, arriesgaron su vida para salvar otras vidas. Muchas vidas. Son los ‘Schindler’ españoles a los que una exposición recién inaugurada en la Universidad Hebrea de Jerusalén honra como se merecen. En la nómina de aquellos salvadores hay un ‘burgalés’: Miguel Ángel Muguiro, perteneciente a la familia Muguiro que levantó una residencia de verano en el paseo de la Isla de Burgos a finales del siglo XIX; un bellísimo palacete ajardinado que no fue indemne a las tribulaciones de su tiempo: de solaz de una adinerada familia burguesa de Madrid pasó a ser cuartel general del ejército sublevado; fue sede preautonómica, provisional comisaría de la Policía Nacional. Hoy es la casa del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua.
A aquel Miguel Ángel Muguiro que había pasado tantos veranos a la fresca sombra de los árboles del paseo de la Isla le deparó el destino una misión asaz delicada. La exposición, a la que acompaña un libro, explica muy bien aquella epopeya. Todo comenzó cuando llegó destinado a Budapest en 1938, con 58 años y 31 de servicio en la carrera diplomática. Antes de ser nombrado ministro de la Legación en Hungría, había estado destinado en Berlín (donde conoció los últimos años de la República de Weimar con un incipiente partido nazi), en Roma (durante la dictadura fascista de Mussolini) y en Bucarest. Allí, entre 1931 y 1932 se adentró de lleno en el tema judío: tuvo que gestionar la solicitud de la nacionalidad española que gran parte de la colonia sefardí local solicitó beneficiándose del Decreto de 1924.
Muguiro había sido un firme defensor de la monarquía, políticamente afiliado a Renovación Española -el partido de Calvo Sotelo y Ramiro de Maeztu-. Era profundamente católico y colaboró estrechamente con Franco al ser nombrado máximo responsable de la política exterior en el organismo encargado del gobierno de la denominada Zona Nacional, antes de que el futuro dictador constituyerasu primer gabinete ministerial en enero de 1938.
En abril de ese mismo año, un mes antes de la toma de posesión de Muguiro, se adoptaron las primeras leyes raciales: los aproximadamente 825.000 judíos en Hungría y en los territorios anexionados vivieron con cierta tranquilidad hasta marzo de 1944, cuando tuvo lugar la ocupación alemana y se designó un Gobierno pronazi que obró al dictado de las exigencias del Reich para exterminar a la población hebrea. Desde su llegada, el nuevo ministro en Budapest fue muy crítico con el antisemitismo del Gobierno magiar: entre 1938 y 1944 remitió a Madrid más de veinte despachos tan solo para denunciar los decretos raciales contra los judíos. Tal y como él prolijamente detalló, por ejemplo suponen prohibición de cualquier actividad pública la obligación de llevar distintivos y estrellas amarillas, depósito de su plata, declaración de todos sus bienes, forzada participación en batallones de trabajo, prohibición de viajar...

* La historia completa, hoy en la edición impresa