Una oferta sin visos de éxito

Leticia Ortiz (SPC)
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Pedro Sánchez ha lanzado a la oposición, las autonomías y los agentes sociales la propuesta de reeditar los Pactos de la Moncloa para afrontar la recuperación de España, pero el acuerdo parece una quimera

Una oferta sin visos de éxito

Cuando en julio de 1976, Juan Carlos I le encargó la formación del segundo Gobierno de su Reinado y el consiguiente desmontaje de las estructuras franquistas, Adolfo Suárez era un perfecto desconocido para una mayoría del pueblo español. Apenas un año después, el abulense había conseguido que las Cortes herederas del régimen se hicieran el harakiri para dar paso a la democracia, había legalizado el Partido Comunista y había llevado al país a las primeras elecciones libres en cuatro décadas. Unos comicios que ganó. Sin embargo, después de aquella victoria, el nuevo Ejecutivo, salido ya de las urnas y no del mandato del Jefe del Estado, se encontró con un país casi en ruinas, sobre todo a nivel económico, con la inflación y el paro por las nubes, las consecuencias de la crisis del petróleo de 1973 haciendo mella en el tejido empresarial nacional y la peseta devaluándose por días. La solución para salir de aquel atolladero y consolidar la democracia pasaba por un gran acuerdo que implicase a todos los partidos políticos y a los agentes sociales. No fue fácil, pero se consiguió a través de los llamados Pactos de la Moncloa, acuerdos con cesiones por parte de todos, porque todos compartían el objetivo de seguir dando pasos hacia una nueva España que dejase atrás la dictadura.
Cuarenta y tres años después, el país atraviesa otro momento crítico. Posiblemente, peor que aquel y solo comparable a los años de la Guerra Cvil y los que siguieron tras la contienda fratricida. El coronavirus amenaza el Estado del Bienestar, desde la sanidad a la economía. De ahí que, ante una situación tan extrema, inédita a nivel nacional y también global, Pedro Sánchez haya echado mano del recuerdo de aquel gran acuerdo que permitió sacar a la nación de la UVI a finales de los años 70. Resucitar el espíritu de diálogo, cesión y consenso de esos años de la Transición es la oferta que ha hecho el presidente del Gobierno a los partidos políticos, a los líderes autonómicos y a los agentes sociales para abordar juntos la reconstrucción tras la crisis sanitaria. Sin embargo, al contrario que en aquella ocasión, no parece ni siquiera que el Ejecutivo consiga sentar en la misma mesa a todos los interlocutores.
No parece posible que se pueda buscar ese consenso en este momento, con una oposición que ha endurecido su crítica al Ejecutivo por su gestión para luchar contra la pandemia y con una relación difícil entre el Gobierno y las comunidades, que dista mucho de la aparente unidad de acción y coordinación de la que presumían al inicio de la expansión del COVID-19. Tampoco sindicatos y organizaciones empresariales riegan con alabanzas al Gabinete de coalición por su plan financiero.
Precisamente, la recuperación económica, cómo afrontarla, parece el punto de mayor confrontación para atisbar, aunque sea de lejos un pacto nacional. Las posiciones polarizadas en este aspecto entre las formaciones políticas y su escasa intención de ceder por el bien común ensombrecen cualquier perspectiva de éxito.


División interna

De hecho, las diferencias son palpables en el seno del propio Gobierno, con los ministros del PSOE y los de Podemos enfrentados por las distintas medidas que ya han visto la luz o que la verán en fechas próximas. Unidas Podemos solo aceptaría un gran acuerdo nacional si se acepta su modelo económico y de Estado, que rompería amarras con lo que ellos llamaban, antes de llegar al poder, «régimen del 78». El PSOE no está dispuesto a aceptar la demolición de lo conseguido en décadas de democracia, aunque el hecho de que el Gobierno se sustente en el apoyo de los morados podría hacerles ceder en algunos aspectos.
La derecha, mientras, recela de esa posible reedición de los Pactos de la Moncloa que propone Sánchez. El PP considera que los socialistas se están escorando a las posiciones extremas de su socio en el Gobierno, al tiempo que desconfían de un presidente que, a su juicio, no ha dudado en apoyarse en independentistas y abertzales para sacar adelante su investidura. Por su parte, Vox, tercera fuerza en el Congreso, ni se plantea un gran acuerdo nacional que consideran simplemente «un señuelo» del líder socialista. Cs, casi intrascendente tras las últimas elecciones, está dispuesto a dialogar desde un sentido de Estado que, aseguran, echan en falta en el resto de los partidos.
Nacionalistas (PNV) y separatistas (ERC y JxCAT) ya han adelantado que no perderán ni un solo privilegio de sus competencias autonómicas para salir de la crisis, con lo que pedirles una cesión se antoja como algo imposible.
«Hemos tenido la peor desgracia con la peor clase política», lamenta el histórico socialista José Bono. Una sentencia que comparten en privado muchos dirigentes retirados de la primera línea pública. ¿Quién sería hoy el Adolfo Suárez o el Manuel Fraga de entonces? ¿Quién jugaría el papel de Carrillo? ¿Gabriel Rufián sería Miquel Roca? ¿Nicolás Redondo Urbieta y Marcelino Camacho son los espejos de los actuales líderes sindicales? Dice el refrán que las comparaciones son odiosas. Y, en este caso, dejan en muy mal lugar a los políticos y agentes sociales que tienen que sacar adelante España si lo que se buscan son hombres de Estado.