Una vacuna contra la soledad

Agencias
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Hacer que los mayores se sientan acompañados durante el confinamiento es el objetivo de 'Adopta un abuelo', una red de voluntarios que presta ayuda por teléfono

Una vacuna contra la soledad

Su deseo se hizo realidad. Luzia tiene 89 años, no tiene descendencia y está sola. Quiere ser adoptada por un nieto. Y, ¡dicho y hecho! Como por arte de magia apareció entonces al teléfono Margarida, una chica que acaba de cumplir la mayoría de edad y que, desde su confinamiento obligado por el coronavirus en Abrentes, una localidad cercana a Lisboa, decidió prestarse a ayudar. 
Como dentro de sus virtudes están el don de gentes y de palabra se apuntó a este reto para dar conversación a Luzia, que se siente sola, y más ahora, obligada a no pisar la calle. Así, las dos formaron parte del proyecto Adopta un abuelo, un programa intergeneracional de acompañamiento a la tercera edad, que ahora más que nunca, ha crecido considerablemente en toda Europa.
«Es importante que las personas mayores sientan que alguien se preocupa de ellas», explica la psicóloga Teresa Valente, una joven de 23 años que lanzó el reto con el fin de ponerse al servicio de los demás en tiempos de reclusión por la crisis. 
El objetivo inicial, emparejar a jóvenes con ancianos a través del contacto telefónico para ayudarles a sobrellevar su soledad mientras dure el confinamiento, aunque esta startapp ya funcionaba antes de la pandemia.
João Galveias, estudiante de ingeniería informática en Lisboa, señala que su abuela Magdalena, de 70 años, afronta esta situación «de forma muy positiva» y que todos los días conversa con ella alrededor de 20 minutos sobre los temas que más le preocupan. La conversación es muy variada y en algunos casos pueden estar colgados al teléfono durante dos horas porque los abuelos tienen mucha necesidad de sentirse escuchados. 
Hablan de todo, de la vida, de sus recuerdos, las dificultades de los ancianos durante el confinamiento, los programas de la televisión o, incluso, de Dios. «Queremos que los abuelos sientan que pertenecen a una comunidad, que no están solos y transmitirles que vamos a pasar esto juntos», explica Valente.
«El hecho de que ellos tengan alguien para hablar, aunque sea por teléfono, ya es muy positivo», insiste. Son personas que estos días no pueden salir en ningún momento de casa y «nadie se preocupa de ellas».
El número de voluntarios crece y también la lista de abuelos aumenta a medida que van conociendo la experiencia de otros, como ha ocurrido con una anciana que, tras escuchar de boca de su hermana cómo se relaciona con su nieto, no ha querido ser menos y ha pedido ser «adoptada».
Maite también es voluntaria, en su caso desde la organización Adopta un Abuelo, pero en Madrid. Al no poder acudir a residencias para acompañar a los mayores, ha trasladado su vocación a casa gracias al teléfono gratuito puesto en marcha por el Ayuntamiento de la capital. 
Sus llamadas, que no tienen límite de tiempo, llegan sobre todo por la tarde, en esas horas del día que ya son difíciles de rellenar, cuenta Maite, que explica que algunos de los interlocutores viven solos y otros con sus familias, pero quieren hablar con alguien ajeno a su círculo sobre sus temores, sus vivencias o sus ilusiones. Muchos entran con ataques de ansiedad, casi para «derivar» al 112, y la conversación comienza con recomendaciones para respirar y se les guía hacia terrenos personales para ir tranquilizándolos poco a a poco. En definitiva, para hacerles felices y que no se sientan invisibles.
No saben cómo continuará esta iniciativa tras la cuarentena, aunque los nietos preparan una fiesta sorpresa para abrazar a sus abuelos cuando se levante el confinamiento.