Biodiversidad como método natural para la vid

I.M.L.
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La conservación del entorno natural de los viñedos favorece la no aparición de plagas, tanto de animales como los topillos como de enfermedades, además de mejorar el resultado final de los vinos. La experiencia en Bodegas Marta Maté lo demuestra

Biodiversidad como método natural para la vid

En plena vendimia en la Ribera del Duero, ahora nadie se acuerda de temas recurrentes en meses anteriores, como los destrozos de conejos y corzos a los brotes tiernos de las cepas, la alerta por plaga de topillos o el riesgo de enfermedades propias de la vid como el oidio o el mildiu. Estos problemas se afrontan de diversas maneras, apostando en la mayoría de las ocasiones por métodos agresivos para el entorno. Pero como en toda situación, la prevención suele ser la mejor cura y hay viticultores que están apostando por prácticas naturales, respetuosas con la biodiversidad, que se empeñan en recuperar en sus parcelas y, sobre todo, efectivas en todos estos ámbitos.

Es el caso de una joven bodega de la DO Ribera del Duero, Bodegas Marta Maté, que cuenta con plantación en Tubilla del Lago y en Gumiel de Mercado. En las 25 hectáreas de extensión de viñas en terreno gomellano, hace ocho años que comenzaron con un proyecto para recuperar la biodiversidad, con un claro objetivo: "Mejorar la calidad de la uva, utilizando una herramienta sencilla, barata y que además mejora el medio ambiente", expresa Manuel del Rincón, socio de la bodega y responsable del área de viticultura de la misma.

Entre las primeras acciones que asumieron, siguiendo preceptos ecológicos y biodinámicos, destaca el mantenimiento de la cubierta vegetal, lo que para algunos son malas hierbas, con lo que lograron "regular el vigor y equilibrio de las plantas mejorando a su vez la microbiología del suelo", a la vez que ponían en práctica el cuidado de los suelos, evitando, por ejemplo, compactar la tierra entrando con maquinaria entre las cepas con el terreno húmedo.

HOTELES PARA ANIMALES. Si estas herramientas ayudaban a recuperar y mantener la fauna microscópica, tampoco se olvidaron de los animales que suelen y deben poblar el ecosistema ribereño. Conscientes de que cualquier cambio significativo que se opere por las prácticas agresivas del hombre sobre el entorno natural puede volverse en su contra y traer de la mano la sobrepoblación de ciertas especies, han convertido su viñedo en una especie de paraíso para las especies propias del terreno.

A lo largo de la extensión del viñedo, además de replantar especies autóctonas como almendros, rosas caninas o cipreses, han ido colocando elementos naturales para que sirvan de refugio para insectos, reptiles, pequeños roedores y aves. En un paseo alrededor y entre las hileras de cepas, te encuentras alpacas apiladas, pirámides de troncos o muretes de piedra, donde un buen observados puede detectar que la fauna los está utilizando como su hogar. Estos elementos se intercalan en el propio viñedo pero no le restan productividad. "Los muros secos o los hoteles de insectos reducen un 0,5 % la superficie de cultivo, pero como las viñas exceden la cantidad de uva permitida por hectárea según las normas de la DO Ribera del Duero, incluso nos ayuda a regular esta cuestión", reconoce Del Rincón.

Sumado a todo esto, este viñedo ha recuperado también la banda sonora del canto de los pájaros. Repartidos por todo el terreno, hay colocados hasta 28 cajas nido que ya están todas ocupadas por especies como el gorrión, la lechuza, el cernícalo o el mochuelo. Una labor de control de la población avícola que están realizando en colaboración con la Sociedad Española de Ornitología (SEO Birdlife), con el censo de los nidos y anillado de ejemplares, que ya ha dado pruebas documentales de que algunas de estas pequeñas rapaces están haciendo su función de controlar la población de reptiles y roedores, que son su alimento principal. "Con la mejora la biología visible (pájaros, rapaces, roedores, reptiles etc.) se ayuda a equilibrar el ecosistema y a combatir los picos de población de algunos de ellos que podrían convertiste en plagas", especifica Manuel del Ricón.

Como en todo proyecto que al final busca una rentabilidad, las cifras mandan y las que se refieren a esta experiencia son del todo positivas. Según los cálculos que maneja Del Rincón, las plagas de todo tipo han disminuido un 65%, lo que les ha permitido reducir en un 45% el uso de productos fitosanitarios que, aunque sean ecológicos, no dejan de ser una aportación externa al ecosistema de la viña. En el caso de las poblaciones de conejos, topillos o corzos, "las plagas son inapreciables para nosotros, disminuyendo un 95%", como reconoce el responsable de viticultura de Bodegas Marta Maté, a lo que suma una reducción de un 65% de enfermedades endémicas en la zona como oidio, mildiu o la yesca y eutipiosis, que afectan a la madera de la vid.

Los defensores de esta tendencia en viticultura como Manuel del Rincón aseguran que la recuperación de la biodiversidad y la mejora del ecosistema de la viña traen de la mano "la mejora de la vida de las plantas por lo que la calidad de la uva ha aumentado, produciendo vinos ricos, complejos y equilibrados". Al final, todo son beneficios: para el medio ambiente y para el consumidor final del vino.