Horno de Tuesta esconde el drama de 59 familias

R.C.
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Llevan varios meses sin cobrar. «Sentimos que somos un número y que a nadie le importa si tienes para comer», dicen

Horno de Tuesta esconde el drama de 59 familias - Foto: Raúl Canales

En las pocas noches que el calor da tregua, es la incertidumbre la que no deja dormir. A solas con la almohada, las mismas preguntas sin respuesta se repiten machaconamente en la cabeza. Casi cuatro meses sin cobrar es mucho tiempo. «Nos dicen que tengamos paciencia pero el banco no la tiene con nosotros. Hay que pagar las hipotecas, alquileres, comprar ropa,...», asegura Susana Cañas. Ella es una de las 59 empleadas de Horno de Tuesta que está a punto de perder su trabajo. Han llamado a todas las puertas posibles pero la solución no llega, por lo que el proceso concursal se resolverá en los juzgados. La empresa en la que han dejado parte de su vida cerrará, pero a la plantilla le queda por delante una tela de araña de papeleo y burocracia. «Lo peor es la impotencia de no saber ya qué hacer porque hemos gastado casi toda la munición, aunque seguiremos dando guerra», asegura José María San Segundo, representante sindical.
Detrás de cada número, hay un drama personal. Leyre sobrevive gracias a que su amiga paga el piso en el que conviven. Beatriz no sabe que hará cuando en agosto tenga que comprar los libros del colegio mientras que Noelia y Guillermo, que se conocieron en la fábrica y son pareja, han tenido que recurrir a la familia porque los ahorros ya no alcanzan. «La estrategia de los propietarios es asfixiarte para que acabes aceptando cualquier cosa en la negociación», denuncian. Pero a pesar de las dificultades económicas, la plantilla se mantiene firme en sus reivindicaciones.
En las reuniones con las instituciones públicas han encontrado apoyos políticos, pero no alcanza. La promesa de una futura recolocación en otra firma que se va a instalar en la zona suena demasiado lejana para quienes ahora mismo no ven más allá de llegar a fin de mes. Tampoco el administrador concursal ha ofrecido alternativas viables. El problema se agrava porque laboralmente se encuentran en un limbo, ya que no están despedidos sino con un permiso no retribuido, por lo que ni siquiera pueden cobrar el paro. Tienen las manos atadas pues ni perciben ingresos ni pueden pasar página y buscar otro trabajo.
«Todo el mundo nos da buenas palabras pero a estas alturas lo que necesitamos son hechos», afirman. Su esperanza es que al menos Fogasa les pague los atrasos para ir tirando, aunque el optimismo que se dibuja en sus rostros cuando piensan esta posibilidad se difumina de inmediato al enumerar los pasos legales necesarios para que eso suceda. «En agosto los juzgados están parados así que como mínimo nos iremos a septiembre. Cualquier trámite que intentas va lento, desde presentar la documentación para cobrar el paro a la liquidación de la empresa. Hemos denunciado que están produciendo magdalenas con nuestra etiqueta cuando se hacen en Salamanca y que no cumplen con la trazabilidad alimentaria, pero en Sanidad se lavan las manos», lamentan. Llegados a este punto, la sensación que impera es la de la indefensión. «Sientes que eres un número más en la estadística y que a nadie le importa si no tienes ni para comer», sentencian.

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