«Las mujeres que se dedican a la prostitución son humanidad pura»

Angélica González / Burgos
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Consuelo Rojo • Religiosa adoratriz y miembro del Proyecto Betania

«Las mujeres que se dedican a la prostitución son humanidad pura» - Foto: Luis López Araico

Lo que más impacta de la manchega Consuelo Rojo (nacida en Moral de Calatrava, Ciudad Real) es su sonrisa y su aspecto juvenil. Tiene 34 años y desde los 20 es religiosa adoratriz. Ayer estuvo invitada por el Foro Iglesia Viva a explicar cómo es su labor y de qué manera vive su fe cerca de las mujeres en prostitución, una actividad que realiza en Burgos, en el Proyecto Betania, desde 2006.


¿Conocerlas de cerca ha engrandecido su fe, la ha cambiado, le ha dado otra perspectiva...?
La ha hecho más fuerte porque para mí la fe sin el otro, sin la otra, sin un rostro concreto no tiene sentido.
¿Y por qué eligió el rostro de las mujeres prostituidas?
Porque ellas son las olvidadas de la sociedad, porque todo lo que no queremos ver, lo sucio... lo queremos hacer desaparecer pero también forma parte de la Humanidad. Siempre hemos sido las mujeres las olvidadas -de ahí nuestra perspectiva feminista- y más concretamente las que están en prostitución. Parece que no existen. Nuestra fundadora, Santa María Micaela, decía que eran mujeres utilizadas por todo el mundo, sobre todo por los varones, pero que eran despreciadas por esos mismos hombres que las usaban.
Alguno ni las utilizó ni las despreció...
Claro, Jesús fue el primero que se acercó a las mujeres, que dignificó a María Magdalena. Él la levanta cuando se pone a sus pies. Recuerda el pasaje del Evangelio en la casa del puritano cuando Jesús dice que sus pecados le quedan perdonados «porque ha amado mucho». Las mujeres en prostitución son humanidad pura.
¿En qué sentido?
Porque nos muestran lo que es el ser humano; no tienen nada y lo que tienen lo dan.
¿Cómo están cuando llegan a las Adoratrices?
Cuanto más tiempo están en prostitución vienen con heridas más grandes. Porque no han sido tenidas en cuenta, han sido maltratadas, vejadas... y cuanto más tiempo pasa menos persona se sienten y más heridas están.
Ustedes tienen un protagonismo muy importante en la lucha contra la trata de mujeres. ¿Considera que esta lacra se acabará alguna vez o que es tanto el dinero que mueve que será siempre un problema endémico?
Yo trabajo, lucho y vivo porque esto se acabe. No sé si tendré la suerte de poder llegar a verlo porque mueve unas cantidades de dinero tan exageradas que no sé qué capacidad hay, realmente, de erradicar estas prácticas.
¿Cuando las mujeres las conocen a ustedes se extrañan de que unas  monjas se ocupen y se preocupen de su bienestar?
A lo mejor ni lo saben. Si estamos con ellas en el centro de día quizás no lo sepan nunca pero cuando conviven con nosotras en la casa de acogida y ven que no hacemos turnos sino que estamos allí las 24 horas del día se extrañan y nos preguntan por nuestras familias, nuestros hijos, nuestras vidas... y van entendiendo que nuestra vida es ésta: ofrecer lugares de descanso, de recuperación de dignidad, de fortalecimiento y de empoderamiento de la persona.
¿Cuánto pesa en su trabajo el feminismo y la perspectiva de género?
Bastante. Yo me siento llamada a liberar a mujeres como rostro concreto de Dios y como hermanas. Hemos nacido para la mujer, estamos al lado de ellas y creemos que sin ellas la sociedad no avanza porque las mujeres mueven el mundo.
Después de tantos años trabajando cerca de la prostitución ¿Sabe ya qué le mueve a un varón a pagar por mantener relaciones íntimas?
Es muy complejo. Los datos, que son siempre estimativos, nos dicen que una buena parte de ellos son hombres casados y cuando un hombre casado va a buscar a una mujer en prostitución no sabemos si es tanto por necesidad como por querer sentirse de otra manera, aquello de ‘si yo pago, mando; si mando, hago lo que quiero’... Quizás buscan un tipo de relación diferente y no precisamente de igualdad porque a una persona a la que se quiere se la cuida y esto no pasa siempre en prostitución... aunque no podemos generalizar porque ni todos los hombres que van son casados ni tratan mal a las mujeres.
¿Ha tenido ocasión de hablar con algún usuario de prostitución?
Sí... siempre se conoce a alguno...
¿Es capaz de comprender, de empatizar con alguien que hace algo así?
Nosotras, por carisma, estamos llamadas a incluir a todo ser humano. A veces supone un esfuerzo porque se trata de personas que hacen mucho daño pero puedo llegar a entender que a un hombre que va a prostitución también le pasa algo. Y a veces, entender sus razones, ayuda, no a justificarlo, pero sí, de alguna manera, a entenderlo.
En una sociedad en la que el sexo está tan presente ¿La mujer que se dedica a la prostitución sigue siendo estigmatizada?
Muchísimo. De hecho se suelen cambiarse de ciudad y de nombre para que nadie las conozca porque puede que ocurra que se discrimine a sus hijos y a ellas mismas, incluso por los propios hombres que las utilizan.
¿Qué le han enseñado estas personas?
Muchas cosas. Todos los días me enseñan a que la vida es mucho más de lo que se ve superficialmente, que la persona tiene mucha potencialidad, que la mujer es capaz de salir de situaciones muy complicadas y que nunca hay que perder la esperanza de poder rehacer la vida.