Empatía y autismo, una relación clave

G.G.U. / Burgos
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El neurólogo argentino Víctor Ruggieri alabó el trabajo que realiza Autismo Burgos en la provincia. - Foto: Alberto Rodrigo

El neurólogo argentino Víctor Ruggieri estuvo ayer en la UBU dando una conferencia sobre las aportaciones de esta especialidad al conocimiento sobre la capacidad de ponerse en el lugar del otro

El neurólogo argentino Víctor Ruggieri cuenta que cuando empezó a trabajar en autismo, hace 27 años, en Argentina solo había dos especialistas en la materia: él y otro compañero. Ahora, Ruggieri es uno de los mayores expertos del mundo y, aprovechando que venía a España para participar en un congreso en Valencia, la Cátedra ‘Miradas por el Autismo’ de la UBU le invitó ayer dar una conferencia en el Campus: ‘Aportaciones desde la neurología al conocimiento sobre la empatía y la cognición social en autismo. Implicaciones para la intervención’.
En su intervención, el profesional argentino explicó que «si uno intenta entender la mente de las personas con Trastorno del Espectro Autista, se da cuenta de que tienen una gran fortaleza en lo sistémico y funcional, en organizar cosas» y, al mismo tiempo, «tienen deficiencias en sus habilidades sociales, en sus capacidades para entender a otras personas, ponerse en sus zapatos e integrarse adecuadamente». Entonces, Ruggieri explicó que hay que trabajar en la comprensión de «esta falta de empatía, esta mente más sistematizada que se interesa por números, planetas y cosas, pero que al mismo tiempo tiene poca intención social y comprensión de emociones», señaló el profesional, responsable del servicio de Neurología en un hospital pediátrico.
En ese ámbito, Ruggieri recordó que la neurología ha logrado explicar que hay áreas del cerebro que permiten entender las emociones, ver las caras y comprender la expresión facial. «Todo ello lo da el sistema amigdalino, la amígdala», apuntó, antes de añadir que al trabajo de estas áreas hay que sumar el que se realiza en las denominadas «áreas espejo, las que se activan a partir de las emociones del otro: el sentir tristeza al ver a alguien triste». Estas dos partes del cerebro, destacó, «cada vez tienen más valor en la simulación del desarrollo de actividades sociales y hay estudios en los que ya se ha demostrado que las personas con autismo tienen menor activación».

Desde el afecto

 

Ante esta situación, Ruggieri destacó el trabajo que se realiza desde colectivos como Autismo Burgos, pero también se detuvo en la relación con la ciudadanía en general, tan proclive a los estereotipos. «Debemos entender que no es que sientan menos, sino que tienen baja empatía. Si lo hacemos, podremos acercarnos desde lo más básico, desde la mirada, el juego o el afecto, para que esa persona entienda lo que es estar y sentir con el otro», añadió.
En sus más de 25 años de experiencia profesional, el neurólogo considera que se han producido grandes avances, de los cuales destacó como más significativos «la detección, el diagnóstico adecuado y los abordajes terapéuticos estructurados y con aval científico. Y no es poco». Con estas palabras, el experto hizo alusión al hecho de que hasta hace no tanto tiempo, las personas con autismo eran dejadas de lado por la falta de un diagnóstico correcto, que ahora se tiene y cada vez antes. «Antes de los dos años y medio tenemos factores de riesgo» que permiten ir trabajando hasta que se confirma el diagnóstico, generalmente a partir de los 30 meses.