La leyenda burgalesa del Grial

R. Pérez Barredo / Burgos
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Las últimas revelaciones sobre el cáliz que Jesucristo utilizó en la Última Cena desentierran todas las teorías sobre uno de los grandes misterios de la Cristiandad

Capitel de Vallejo de Mena con escena de templarios. - Foto: Alberto Rodrigo

No existe arcano más largamente perseguido, reliquia más legendaria, ni enigma más universal que el Santo Grial, que según la tradición es la copa que Jesucristo utilizó en la Última Cena. Aunque la literatura no ha dejado nunca de fabular sobre este atractivo misterio, las últimas revelaciones han devuelto a la actualidad este gran mito de la Cristiandad. Si, en efecto, el Grial es el último vaso que el nazareno se llevó a los labios -y no su descendencia, como proponen otras teorías (Santo Grial significaría Sangre Real, esto es, el linaje de Jesucristo fruto de una relación carnal con la Magdalena)-, según dos historiadores, que lo acaban de revelar en un libro, éste se encuentra en la Basílica de San Isidoro de León y se trataría del llamado Cáliz de Doña Urraca, pieza que se conserva en este templo desde el siglo XI.
Todo historiador da por buena su tesis. Estos también lo hacen. De ser cierta, desmontaría todas las demás, que no son pocas. No en vano, hay alrededor de 200 Santos Griales ‘originales’ repartidos por toda Europa. Este hecho revela una realidad: cuanto rodea esa copa sagrada está envuelto en la bruma del misterio, la leyenda y la mitología. Burgos también tiene su leyenda griálica particular. Y se encierra en una zona que los más creyentes denominan ‘de poder’.Se trata de un rincón del norte de la provincia, un triángulo mágico a caballo entre los valles de Mena y de Losa.
Las Cruzadas de los siglos XII y XIII fueron la piedra de toque de la mitología griálica. Fue en aquella época cuando autores como Robert de Boron o Chrétien de Troyes escribieron los poemas épicos que narraban las historias del Rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, con Perceval como el héroe que mejor encarnaba, a través de sus peripecias, la búsqueda del Santo Grial, al que a partir de entonces se atribuiría un mágico poder, siendo el más fantástico el que aseguraba que el cáliz encerraba el elixir de la vida. La inmortalidad para quien bebiera de esa copa.
Según la leyenda el Grial se conservó en Jerusalén hasta el siglo VII, en que la ciudad cayó en poder de los musulmanes, perdiéndose su rastro hasta que Tierra Santa fue recuperada en el sigloXI. Siglo en el que las teorías sobre su posterior destino se multiplicaron: que si fue hallado intacto en el Santo Sepulcro y llevado a Génova por los cruzados; que si fue sacado de Jerusalén por San Pedro, llevado a Antioquía y posteriormente a Roma; que, una vez allí, y por miedo a la persecución que sufrían los cristianos, fue sacado de allí y enviado a España.
¿Terminó en León, como aseguran los historiadores Margarita Torres Sevilla y José Miguel Ortega del Río, quienes sostienen que dos pergaminos egipcios originales fechados en el siglo XIV señalan que el cáliz fue enviado al rey de León Fernando el Grande o el Magno en el siglo XI, después de haber sido saqueado de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, donde había permanecido hasta entonces? ¿Fue su destino Huesca, donde otra teoría sitúa el escondrijo del Grial, al amparo de los Pirineos? ¿Es acaso la copa que tras conservarse en el palacio de la Aljafería de Zaragoza pasó más tarde a Barcelona y después a la catedral de Valencia en el siglo XV? ¿O fue la provincia de Burgos el destino del deseado cáliz sagrado?

El triángulo griálico

Esta teoría, avalada por la historiadora Mar Rey Bueno, pone el foco de tan insondable misterio en los norteños valles burgaleses de Losa y Mena, donde en aquellos siglos nebulosos se construyeron varios templos, convertidos hoy en reclamos románicos de primer orden, que según su tesis contienen mensajes cifrados, señales que hablan del secreto mejor guardado de la historia de la Cristiandad. La cantería de estos templos estaría directamente relacionada con el cáliz sagrado, los enigmas de los Templarios y el misterioso Priorato de Sión. Así, la historiadora sostiene que el triángulo mágico que conforman San Pantaleón de Losa, San Lorenzo de Vallejo de Mena y Santa María de Siones es el escondite del Grial.
 Según la mitología griálica, la copa que Jesucristo utilizó en la Última Cena está escondida en un monte llamado Mont-Salvat. No existe en Europa ninguna zona montañosa con un nombre parecido excepto en el norte de Burgos, donde se erige, haciendo frontera natural con Álava y Vizcaya, la Sierra Salvada, macizo neblinoso, magnético y escarpado que posee un imponente complejo kárstico, con centenares de cavidades en sus entrañas. Por otro lado, relaciona Rey Bueno al Priorato de Sión, sociedad semi-secreta de origen templario, con esta zona, toda vez que este triángulo mágico existe una localidad llamada Siones, enclavada en el Valle de Mena, y desde cuya iglesia, ejemplo de escultura simbólica románica, se otea perfectamente una peña cuyo nombre remite directamente a la vida de Jesucristo y otras teorías griálicas: La Magdalena.
Pero hay mucho más, claro. Están los templos, joyas románicas levantadas por sabios canteros, depositarios de los conocimientos más sabios, medio astrónomos, medio magos, cultivadores de esoterismos y artes ocultas. Uno de los referentes es la siempre enigmática iglesia de San Pantaleón de Losa, ubicada sobre una atalaya de roca en forma de proa, con la Sierra Salvada al fondo.Erigida a finales del siglo XII, su pórtico está lleno de interrogantes. Uno de los más sugerentes es el Atlante que sostiene entre sus manos una especie de bolsa, que podría interpretarse como un peregrino que busca algo; algo que podría ser el Grial, según Rey Bueno. Junto a esa figura hay una serpiente y toda una galería de monstruos grotescos y animales fantásticos. A tanto simbolismo hay que añadir el conocido como ‘milagro de la licuefacción de la sangre de Cristo’, hecho excepcional que en el Medioevo se identificó con la leyenda griálica, vinculándose esa sangre con la contenida en el Santo Grial.
A cinco kilómetros de San Pantaleón se halla Criales de Losa. El nombre ya tiene resonancias griálicas por el origen de su raíz: Crial-Grial.De su iglesia originaria, que era de estilo románico, se conserva lo que parece ser una cripta que, según algunos estudiosos, podría ocultar algo en su interior.
Ya en el Valle de Mena se sitúa la iglesia de Santa María de Siones, plagada de simbología griálica: una flor -que podría ser una rosa, que se identifica con María Magdalena y su vientre como germen de la descendencia de Jesucristo-; una lucha entre caballeros, acaso defensores templarios del gran secreto; un ser demoníaco engullendo una serpiente; dos tallas sujetando una caja... Tan sugerente iconografía no deja lugar a dudas para la investigadora, que asegura que esa iglesia está relacionada con la Orden del Temple: una de las columnas del templo evoca los relieves de los motivos vegetales persas, y la lucha entre Sigfrido y Fafner lo vincula con la leyenda del Grial, subraya. Además, apunta que la iglesia está situada en paralelo a la de San Pantaleón de Losa. Cerrando ese triángulo griálico está San Lorenzo de Vallejo de Mena, uno de los mejores y más hermoso ejemplos del románico menés, cuya exuberante ornamentación parece guardar una estrecha relación con los otros dos santuarios citados relación entre los constructores de los tres santuarios.Su temática iconográfica contiene numerosas alusiones al Santo Grial, según la historiadora, que aunque admite que no existen documentales de ningún tipo «parecen demasiadas casualidades. Como si todo estuviera ahí esperando a ser descubierto».