Pandemia a ritmo de danza

A.S.R.
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Los bailarines Daniela Castro y Rodrigo Juez trabajan en el país germano, donde han pasado la crisis con un ojo en la asunción de los nuevos retos de sus compañías y otro en la realidad que afrontaban sus familias en Burgos

Daniela Castro, durante una de las sesiones de trabajo de una coreografía en su casa de Kaiserslautern, convertida en una improvisada sala de danza.

Cuando Daniela Castro aterrizó hace tres años en Alemania no lo hacía en un lugar ajeno. Pisaba la tierra de sus orígenes. En el país germano nació su abuela materna, de la que se enamoró su abuelo, cubano, donde se trasladaron a vivir y donde en 1995 vio la luz esta artista que a los seis años se mudó a España. Otra pasión, la que siente por la danza, la llevó a ella a suelo teutón. Tras graduarse en la Escuela Profesional de Danza Ana Laguna de Burgos, donde se matriculó tras decidir a los 14 años que quería ser bailarina profesional, pasó unos meses en una formación joven en Turín (Italia). Estaba allí cuando se presentó a una audición para la compañía de danza del Pfalztheater de Kaiserslautern, dirigida por James Sutherland. La ficharon como aprendiz para la temporada 2017-18 y a la siguiente la contrataron.
En esta ciudad del estado Renania-Palatinado le pilló la pandemia del coronavirus. Confiesa que en un primer momento sí pensó hacer las maletas y volver con su familia. Después, sacó su vena germana y, tras analizar la situación, vio que su presencia en Burgos no era buena idea. «Nací en Cuba, pero también soy ciudadana alemana -por su abuela- y pensé que en caso de emergencia u otros problemas era mejor estar aquí y también consideré que en casa ya eran suficientes para contar con una más», se explaya y agrega que, además, en Alemania no está sola. Su novio, actor de profesión, voló desde Londres para estar con ella.

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