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El GR-14 aún no se arreglará pese a su «abandono absoluto»

LETICIA NÚÑEZ
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Se reservaron 100.00 euros en remanentes, pero en Medio Ambiente dan prioridad a otros proyectos

Miembros del Club Espeleoduero de Aranda se ocupan de forma voluntaria de mantener limpio el cauce del río. - Foto: DB

En vía muerta. Así se encuentra desde hace meses el GR-14 a su paso por Aranda de Duero. Y así parece que seguirá, al menos en el corto plazo. A los cuatro desprendimientos repartidos por todo el sendero sin apenas señalización del evidente peligro que supone para caminantes y ciclistas, se suma un boquete que se abrió sobre el kilómetro 3 hace medio año y que continúa sin taparse, más allá de las cintas de emergencia que colocaron los Bomberos de la capital ribereña y unos cuantos palos que fijaron varios usuarios habituales para advertir del riesgo de caídas. Las señales, que ya no indican nada, lucen oxidadas. Los bancos, en muchos casos, ofrecen vistas a las tupidas zarzas. Los patos nadan entre plásticos y latas de refrescos. Y por si fuera poco, a esta estampa se añaden los restos que dejan quienes hacen botellón en la zona durante los fines de semana (compresas y preservativos incluidos). 

Quienes de manera frecuente recorren esta senda pegada a la ribera del río Duero critican que su abandono «es total y absoluto». Subrayan que se trata de un espacio natural «único», «un lujo» para la ciudad, en el que se pueden avistar martines pescadores, cormoranes, garzas, diversos tipos de patos, nutrias o corzos, pero que «está dejadito de la mano de dios». Sin mantenimiento y con numerosos derrumbes que, conforme pasa el tiempo, crecen hasta el punto de que sus dimensiones amenazan incluso con hacer desaparecer parte de la transitada senda. 

Ante estas circunstancias, el Ayuntamiento de Aranda de Duero reservó en verano una partida de 100.000 euros en los remanentes para arreglos en la senda del GR-14, que en septiembre del año pasado perdió su homologación por falta de mantenimiento. Sin embargo, ahora se ha optado por dar «prioridad» a otros proyectos. El concejal de Medio Ambiente del Consistorio arandino, Carlos Fernández, se limita a indicar que «de momento no se arregla».

El paso del tiempo y la falta de mantenimiento han estropeado múltiples señales. El paso del tiempo y la falta de mantenimiento han estropeado múltiples señales. - Foto: L.N.

Así las cosas, sin actuaciones  previstas en el corto plazo por parte de las administraciones, las únicas labores que se acometen en esta ruta son las que llevan a cabo tanto desde el Club Espeleoduero de la capital ribereña, como ciudadanos a título individual que se encargan de recoger plásticos o mascarillas tirados y depositarlos en los contenedores correspondientes. 

Entre ellos destaca José Luis Esteban, quien recorre a diario, prácticamente los 365 días del año, el tramo del GR-14 que parte desde El Barriles en dirección Villalba de Duero. A menudo hace la ruta con unas tijeras de podar y mientras camina, va cortando las zarzas que resultan más molestas. Otras veces saca la hoz. «Desde hace muchos años no han hecho absolutamente nada. Creo recordar que hace cinco años quitaron un poco la hierba con una desbrozadora», apunta, para rematar: «Las administraciones, todas nulas. Pasan totalmente del tema, desde el Ayuntamiento, hasta la Junta y Fomento». 

Con motosierra en piragua. A estas actuaciones a pie, José Luis suma otras tantas montado en la piragua. Junto con otros miembros del Club Espeleoduero, equipados con sierras y motosierras, se encargan de cortar árboles para mantener limpio el cauce del río y evitar que se formen balsas de porquería. 

A sus 71 años, Esteban cuenta que suelen salir con la piragua desde primavera hasta pasadas las fiestas de Aranda, en septiembre. Van cortando ramas y troncos, de forma que después sean las riadas las que los arrastren. Lo hacen, de forma voluntaria, por todo el recorrido. El objetivo es evitar atascos, especialmente si el grosor de algunos árboles resulta considerable. 

En un punto del GR-14, advierte de un tronco que no lograron partir ya que la espada del motosierra no llegaba hasta el fondo. «Está casi cortado y esperamos que si hay alguna riada, como queda muy poco, lo empuje, explica. Esteban lamenta que la senda «se está dejando perder». Asegura que han mandado escritos y advertido a todas las administraciones, pero «ahí seguimos, como quijotes contra molinos». Ahora bien, deja claro que no por eso dejarán de dar guerra.