Santa Cruz de la Salceda recuerda a Sor Cari

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El vicario general de la diócesis, Fernando García Cadiñanos, presidió el sábado una eucaristía de acción de gracias por la reciente beatificación de la mártir burgalesa Caridad Álvarez, elevada a los altares el pasado diciembre en Orán (Argelia)

Santa Cruz de la Salceda recuerda a Sor Cari

El vicario general de la diócesis, Fernando García Cadiñanos, presidió el sábado una eucaristía de acción de gracias por la reciente beatificación de la mártir burgalesa Caridad Álvarez, elevada a los altares el pasado mes de diciembre en Orán, Argelia, donde fue asesinada en 1994. La misa tuvo lugar en el pueblo natal de la beata, Santa Cruz de la Salceda, y en ella participaron varias agustinas misioneras que componen hoy la comunidad argelina donde vivió la beata. Ellas hicieron entrega a la parroquia de un relicario con restos óseos de la burgalesa y de Esther Paniagua, la otra religiosa asesinada junto a sor Caridad y también beatificada.

Sor Cari, como la llamaban cariñosamente sus hermanas de comunidad, nació el 9 de mayo de 1933 y era la penúltima de doce hijos. Ingresó en la congregación de las agustinas misioneras en el año 1955 e hizo su profesión temporal el 26 de abril de 1957. Pronto fue destinada a Argelia. Emitió los votos perpetuos el 3 de mayo de 1960. Allí se dedicó a la acogida de todos los que llegaban a la casa, tenía a punto todo cuando las hermanas regresaban del trabajo, dedicaba parte de su tiempo a atender a los niños que iban a estudiar a la casa y por las tardes preparaba un té que servía a un grupo de cristianos y musulmanes que acudían al hogar del anciano.

La religiosa se sabía amenazada de muerte, pero con una firme vocación, y enamorada de la misión, no dudó en permanecer al lado del pueblo que le había acogido y al que amaba profundamente: «Estoy abierta y obediente a lo que Dios quiera de mí, y a lo que vean mis superiores». «María estuvo abierta al querer de Dios, quizá le costó. Deseo estar en esa actitud frente a Dios en los momentos actuales». Sus palabras, llenas de lucidez e intuición, revelan su honda vivencia espiritual.

En los últimos treinta años, han sido ocho los burgaleses asesinados en tierra de misión, mientras servían a las comunidades a las que habían sido enviados y a las que anunciaban el evangelio, informa la Diócesis de Burgos en un comunicado.