«Le pillé robando a mi tía y me amenazó»

F.L.D.
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Un familiar de una de las víctimas del gestor de la residencia Real y Antigua asegura que en ocasiones la acompañaba al banco y sabía todos los movimientos que tenía en su cuenta

El despacho del gestor se encuentra en el asilo de la calle Los Titos. - Foto: Alberto Rodrigo

No solo de las herencias de sus clientes se lucraba ilegalmente el gestor de las residencias Real y Antigua, quien presuntamente está implicado en un caso de estafa, apropiación indebida, falsedad documental y blanqueo de capitales. A juzgar por lo que cuentan algunas víctimas, también solía ‘echar mano’ de las cuentas corrientes de algunas de los usuarios. El sobrino de una de ellas, Alfonso (nombre ficticio, pues no quiere que su identidad trascienda), comprobó cómo la cartilla bancaria mostraba cargos injustificados que terminaban en poder de J.C.M.M., quien se excusaba diciendo que eran pagos adelantados de su estancia, aunque las cifras no cuadraban. Tras varios años de disputas, terminó por ingresarla en otro asilo, no sin que antes el detenido en la operación policial llevada a cabo el pasado miércoles le amenazara.

Fue su propia tía quien puso en alerta a Alfonso. «Una vez, muy nerviosa, me dijo que estaba segura de que J.C. le estaba robando. No le cuadraban para nada los cargos que aparecían registrados en la cartilla», relata. En ese momento, comenzó a repasar uno a uno los movimientos de la cuenta y, efectivamente, comprobó la extrañeza de alguno de ellos y no tardó en recriminárselos. «Lo negaba, decía que le habían pasado tres meses por adelantado, pero es que había dos cobros el mismo día. Otras veces decía que eran errores del gestor y que en el siguiente mes no le domiciliarían el abono por la estancia, pero volvía hacerlo», asegura.

En los extractos bancarios figuran pagos continuados de unos 3.500 euros, a veces en días consecutivos, hasta hacer un total de 31.000. «No le devolvió nunca nada, decía que le perdonaba el siguiente pago, pero antes ya se había llevado más del triple de lo que costaba la residencia al mes», protesta Alfonso. Ese dinero podría no ser el único que presuntamente sustrajo el ahora investigado, pero el sobrino de esta víctima no puede saber si hubo alguno más. Sí tiene la certeza, no obstante, de que la acompañó al banco en más de una ocasión.

«No pudimos sacarla en su momento porque mi tía no se quería ir. Él era muy encantador y muy pelota con ella», añade. De hecho, tenía mucho conocimiento sobre su vida e, incluso, se atrevía a manipular a sus familiares. «Nos decía el dinero que tenía en la cuenta. Además, nos reprochaba que no fuéramos a verla e, incluso, decía que ella no quería vernos a nosotros. Nos lo ha hecho pasar muy mal», recalca.

Poco antes de morir, consiguieron sacarla de allí e ingresarla en otro lado. Fue entonces cuando, indica, le amenazó: «Me dijo que tuviera cuidado, que le habían nombrado administrador de los bienes de mi tía, aunque nunca pudo demostrarlo con ningún documento». Por si acaso, acudieron a un notario para que su familiar redactase un nuevo testamento que invalidase cualquier documento que pudiera haber firmado con anterioridad. «Un día no encontrábamos el DNI. Él decía que no lo tenía y cuando le amenacé con denunciarlo en la Comisaría me llamó diciendo que ya había aparecido. Qué casualidad», ironiza. No obstante, en dependencias policiales ya le habían advertido de que «anduviera con ojo con este hombre porque había casos parecidos».

Tres meses después de aquel episodio, la Policía Nacional destapó esta presunta trama de cobros de herencia mediante engaño.