Urdangarín, dos años entre rejas

Agencias-SPC
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El marido de la Infanta Cristina ha cumplido en la prisión abulense de Brieva, que él mismo eligió, 24 meses de la condena que le impuso el Tribunal Supremo por su implicación en la trama de corrupción del Instituto Nóos

Urdangarín ha disfrutado ya de permisos penitenciarios, además de ejercer como voluntario tres días a la semana. - Foto: Rodrigo Jiménez

Iñaki Urdangarín, marido de la Infanta Cristina, cumplió el pasado jueves dos de los cinco años y 10 meses de prisión a los que fue condenado por el Tribunal Supremo por delitos de malversación, prevaricación, fraude a la Administración, dos delitos fiscales y tráfico de influencias en el caso Nóos, que juzgó el desvío de dinero público a una fundación sin ánimo de lucro que él mismo presidía. Un período al que el que fuera internacional con la selección española de balonmano llega con sus permisos y sus salidas de voluntariado suspendidas desde hace tres meses debido a la pandemia de coronavirus.
Entre rejas desde el 18 de junio de 2018 en la cárcel de Brieva (Ávila), el centro elegido por él para cumplir la condena y clasificado como interno en segundo grado, el vasco tiene derecho a disfrutar de 36 días al año fuera de la prisión, con un máximo de siete cada vez. Además, desde septiembre del pasado año acudía a desempeñar tareas de voluntariado en el Hogar Don Orione, un centro para discapacitados intelectuales que está situado en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón. Al principio dos, y después tres días por semana (lunes, miércoles y viernes), Urdangarín recorría en coche los 103 kilómetros de distancia que separan este municipio de la cárcel abulense.
Sin embargo, tanto esta labor de voluntariado como los permisos a los que tiene derecho se han visto suspendidos desde marzo por la pandemia de coronavirus. Por un lado, el Hogar Don Orione restringió las visitas desde el 9 de marzo para garantizar la protección de las personas que atiende, sin olvidar que desde que se decretó el estado de alarma está prohibido el desplazamiento entre comunidades salvo por motivos muy concretos que quedan especificados en el Real Decreto. Por otro lado, el Ministerio del Interior anuló los permisos de los reclusos para evitar contagios, una medida que dejó sin efecto el 14 de mayo (junto a la de recibir visitas en locutorio), siempre que su lugar de residencia fuera de prisión estuviera en la misma provincia que el centro penitenciario.
Debido a esta normativa, el yerno del Rey, de 52 años, puede recibir alguna visita, siempre con mamparas de por medio, guantes y mascarillas, pero no disfrutar aún de permisos porque el domicilio que ha comunicado para ellos está en Vitoria y no es posible aún esa movilidad. 
En este sentido, fuentes penitenciarias confirman que el esposo de la Infanta Cristina tiene concedidos dos permisos pendientes de disfrutar aún. Hasta ahora se le habían autorizado otros dos, uno de ellos de seis días el pasado mes de febrero y otro de cuatro la última Navidad. Además, cuando se decretó el estado de alarma, el exdeportista contaba con poder salir de la cárcel dos fines de semana al mes ya que el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria se lo había concedido. Pero esa decisión fue revocada el 1 de abril por la Audiencia de Palma, que fue la que dictó la sentencia inicial por el caso Nóos, tras el recurso presentado por la Fiscalía al entender que con esa medida se situaba al interno en un régimen de semilibertad equiparable a un tercer grado encubierto. Si no se le concede antes, a ese tercer grado podrá acceder cuando cumpla la mitad de su condena, en mayo de 2021.

 

Amargo cumpleaños

Mientras tanto, la Infanta Cristina, que el pasado sábado cumplió 55 años, sigue residiendo en Ginebra con sus dos hijos menores y viaja con frecuencia a España. La última ocasión en la que coincidió públicamente con la Familia Real fue el pasado 29 de enero en el funeral por su tía la Infanta Pilar de Borbón, en la basílica del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
El aniversario de los dos años de prisión de Urdangarín coincide con el de los cinco que han transcurrido desde que Felipe VI revocara el título de duquesa de Palma a su hermana Cristina después de que el juez instructor del caso Nóos, José Castro, decidiera llevarla a juicio como presunta cooperadora en dos delitos fiscales y de los que fue finalmente absuelta. El 11 de junio de 2015, poco antes de que se cumpliera un año de su proclamación, el Rey firmó el real decreto que privaba a su hermana de ese título, que le fue concedido por su padre con ocasión, precisamente, de su boda con el exdeportista.
Esa fue una de las decisiones que ha adoptado durante sus seis años como Jefe del Estado enmarcadas en la conducta ejemplar que prometió en su discurso de proclamación. La última de ellas, el anuncio de que renuncia a la herencia de Don Juan Carlos y la retirada de la asignación presupuestaria que percibía el rey emérito. Una decisión hecha pública el pasado 15 de marzo tras las informaciones en las que se aseguraba que Felipe VI era beneficiario de dos fundaciones de Suiza vinculadas a su padre, una de ellas mediante la que supuestamente el anterior jefe del Estado habría obtenido supuestamente una comisión de 100 millones de dólares de Arabia Saudí.
Hace una semana, la Fiscalía del Tribunal Supremo comunicó que asumía la investigación que dirigía Anticorrupción sobre el presunto pago de comisiones en la construcción del AVE a La Meca al comprobar que una de las personas que podrían estar involucradas en los hechos sería, precisamente, el anterior Soberano.