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Una moderna del siglo XV

A.G.
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Myriam Gallego publica una edición actualizada de las obras de Teresa de Cartagena y destaca su gran valor literario y su mensaje en favor de la mujer «defendiendo la igualdad con los 'prudentes varones' ante los ojos de Dios»

Myriam Gallego, delante del Monasterio de las Huelgas donde parece que estuvo Teresa de Cartagena. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

«Pues el que pudo y puede injertar las ciencias en el entendimiento de los hombres puede, si quiere, injertarlas en el entendimiento de las mujeres, […] y darle perfección y habilidad al entendimiento femenino igual que al masculino, porque la capacidad que tienen los varones no la tienen de suyo, sino que Dios se la ha dado y se la da. […] Así pues, si la capacidad de los varones proviene de Dios, y Dios se la da a cada uno según la medida de su don, ¿por qué razón las hembras desconfiaremos de tenerlo en el momento oportuno y conveniente como y cuando Él sabe que es necesario?» De esta manera tan clara se pronunciaba a favor de la igualdad hace seiscientos años la burgalesa Teresa de Cartagena, considerada la primera escritora mística de la literatura española, en su segunda y última obra, Admiraçión operum Dey (Admiración de las obras de Dios), un tratado escrito «a petición y ruego» de doña Juana de Mendoza, mujer del poeta Gómez Manrique, tío del célebre Jorge Manrique.

La profesora Myriam Gallego, originaria de Miranda de Ebro, acaba de publicar en la editorial Monte Carmelo Teresa de Cartagena. Los tratados de una escritora burgalesa del siglo XV, libro en el que realiza una introducción y una edición modernizada de los dos escritos de la religiosa, el ya mencionado Admiración de las obras de Dios, y otro anterior, Arboleda de los enfermos, y ha traído al primer plano a esta pionera mujer, nacida en Burgos en torno a 1425 y sobrina del obispo y humanista Alonso de Cartagena. «Conversa de tercera generación y perteneciente a una de las familias más poderosas e influyentes, política, religiosa e intelectualmente, de su tiempo, fue una mujer culta, letrada, es decir, conocedora de las Sagradas Escrituras en latín, y que en un entorno conventual halló, como un siglo después santa Teresa de Jesús, o dos siglos más tarde sor Juana Inés de la Cruz, un espacio propicio para volcar por escrito su mundo interior», explica la autora, doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca.

Teresa de Cartagena fue monja  de la orden franciscana en el convento de Santa Clara «y muy probablemente» pasó a la cisterciense en el monasterio de Las Huelgas con una dispensa papal concedida a petición de su tío Alonso de Cartagena. Su vida y su obra están atravesadas fundamentalmente por la falta de salud física, como indica la profesora Gallego: «Una incapacitante sordera sobrevenida en plena juventud -hacia sus treinta años- constituye el desencadenante de su escritura. De hecho, su discapacidad, causante de forzoso aislamiento social, determinó que la lectura y la escritura constituyeran su remedio para combatir la soledad, como señala explícitamente en su primer tratado. A esto hay que añadir, aunque ella no lo cite, la estigmatización proveniente de su condición de conversa. Y, además de evitar el daño provocado por la soledad forzosa, desea también rehuir la ociosidad, porque ambas formarían, con sus palabras, un ‘matrimonio peligroso’. Asimismo, se ve moralmente impulsada a transmitir a otros enfermos su experiencia espiritualmente ‘saludable’ con el adjetivo que tanto gusta de emplear».

Teresa de Cartagena sufrió desde joven una sordera profunda. Teresa de Cartagena sufrió desde joven una sordera profunda. La primera obra, Arboleda de los enfermos, es, por tanto, «la confesión de un proceso de descubrimiento: el de cómo la enfermedad le ha supuesto la mejor vía que Dios podía proporcionarle para alcanzar la salud espiritual»: « Puesto que las dolencias constituyen un ascetismo forzoso, porque, según indica la propia Teresa, nadie las desea de forma natural, estas obligan a apartarse de los placeres del mundo, lo cual implica replegarse en uno mismo y cultivar la vida interior. Y en el caso de la monja burgalesa, esa retirada del mundo es especialmente radical como resultado de su sordera». 

Autoría puesta en duda. Fue de tal calidad literaria aquel tratado que nadie se creyó que hubiera sido escrito por una mujer y pronto se suscitaron infundadas sospechas de plagio. Era un tiempo -recordemos, es el siglo XV- «en que ser mujer desautorizaba para la escritura y ella se vio obligada a reinvindicar su autoría en Admiración de las obras de Dios, donde se convierte en la primera escritora en nuestra lengua que defiende el derecho femenino a la actividad intelectual entendida como una manifestación de las maravillas divinas».

Sobre esta segunda y última obra de Teresa de Cartagena dice Myriam Gallego que hay destacar «su radical modernidad y el mensaje feminista avant la lettre»: «La religiosa defiende de forma explícita la igualdad con los ‘prudentes varones’ ante los ojos de Dios. Y el hecho de que, de manera maliciosa, se ponga en duda su autoría solo se debe a que no resulta habitual que las mujeres escriban libros y tratados, pero Dios puede conceder y concede esa destreza o cualquier otra a quien quiere y cuando quiere. Cuando las lectoras actuales nos topamos con esta defensa de la igualdad intelectual de la mujer y del hombre nos sentimos sorprendentemente próximas a nuestras antepasadas de ese restringido círculo cultural del siglo XV».

Gallego, profesora del IES Diego Porcelos, afirma que Teresa no hubiera escrito nunca el segundo tratado «de no haberse visto obligada a defenderse de la escandalosa reacción que provocó el primero, de modo que como escritora ya habría considerado suficiente dejar constancia de que su salvación espiritual provino de su enfermedad corporal. Por otro lado,  y aunque no lo podemos averiguar, probablemente se sentiría tan herida cuando tuvo que componer su segundo tratado que, a partir de entonces, dio por completada su conflictiva incursión en un ámbito para ella vedado».

Para la docente -autora también de la monografía La narrativa simbólica de Juan Goytisolo- es relevante reivindicar la figura de Teresa y rescatarla de un injusto olvido: «Es la primera voz femenina que escribe analizando su yo más íntimo -lo que maravilló a Américo Castro-, que compone en bella prosa castellana ensayística textos de gran riqueza argumentativa y jalonados de hermosísimas imágenes literarias que prefiguran las de la espléndida literatura mística del siglo siguiente. Y no podemos reivindicar su figura sin conocer bien su obra».

Teresa de Cartagena. Los tratados de una escritora burgalesa del siglo XV, cuyo prólogo corre a cargo de Rosa Navarro Durán, catedrática de Literatura Española y profesora emérita de la Universidad de Barcelona, surge de lo que su autora llama «una feliz casualidad» al encontrarse el nombre de la monja mientras buscaba bibliografía actualizada de Teresa de Jesús y de sor Juana Inés de la Cruz: «Cuando supe que era burgalesa, me sentí tan atraída por su figura que empecé a buscar material sobre ella, comenzando por la edición del texto original de sus dos tratados que realizó el hispanista norteamericano Lewis Joseph Hutton y que fue publicada en 1967 en los Anejos del Boletín de la Real Academia Española. Me di cuenta de que había hallado un tesoro que no podía dejar de dar a conocer, y por eso me propuse preparar una edición modernizada, en lengua actual, manteniendo el debido rigor filológico e incluyendo un estudio introductorio que sirviera de guía por las sendas del discurso de nuestra autora, tan hermoso y lúcido».