Manual de espionaje

R.P.B.
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El burgalés Fernando Pinto Cebrián, durante años agente de los servicios de inteligencia españoles, publica 'Manual de Contrainteligencia e Inteligencia (terrorismo y contraterrorismo)'

Fernando Pinto - Foto: Alberto Rodrigo

Fue, durante muchos años, agente de los servicios de inteligencia españoles en varios países. Un espía, sí. Experto en terrorismo. Devenido en historiador, el burgalés Fernando Pinto Cebrián acaba de publicar el libro Manual de inteligencia y contrainteligencia (terrorismo y contraterrorismo). "Fuera del carácter orientativo y didáctico que tiene todo manual, este se integra en el amplio y complejo concepto de ‘cultura de inteligencia y contrainteligencia’. Una cultura que, atendiendo a la demanda del conocimiento, claro y transparente, cada vez más creciente en toda sociedad democrática, busca promover el conocimiento por su parte de la finalidad, misión, funciones, objetivos y legislación de los Servicios de Inteligencia y Contrainteligencia, valorando, desde ese conocimiento, su quehacer en la defensa (pero sin evitar toda crítica caso de errores cometidos) de todo tipo de riesgos y amenazas a su seguridad, tanto internas como foráneas", explica Pinto.

Un conocimiento, subraya el autor, "que ha de alcanzar a toda la sociedad y no sólo a los profesionales en el tema, académicos y estudiosos de tal asunto, sino también, sin exclusión, a los no versados en el mismo; razón por la que en este manual, en la consideración de material didáctico a tal fin, se sintetizan y esquematizan didácticamente los temas relacionados con la inteligencia y contrainteligencia, ayudándose de cuadros y figuras ad hoc, fuera de asuntos clasificados". En la obra, esa ‘cultura de inteligencia y contrainteligencia’ se hace extensiva, lo que supone una novedad en este tipo de manuales, a otra relativa a los asuntos de terrorismo y contraterrorismo, en especial al yihadista, "una de las graves amenazas de nuestro tiempo, al objeto de que la sociedad sepa lo que hacen las fuerzas empeñadas en tal problema sin lanzarse a una crítica, en muchas ocasiones de café, nada positiva, que cercene la moral de las mismas poniendo en duda su actividad y las medidas que se adoptan, lo que va en detrimento de la sensación de seguridad (nunca completa) que la sociedad ha de tener; cultura que debería alcanzar también a los grupos y partidos políticos, representantes de la sociedad, al objeto de que se logre establecer la unidad de acción necesaria evitando que el terrorismo y sus víctimas sean ‘arma arrojadiza en el debate político’; cultura que, en este asunto, se presenta al lector con un apartado específico al final de cada capítulo bajo el epígrafe de terrorismo y contraterrorismo", apostilla.

El 11-S, un antes y un después. Tras la sorpresa del 11-S y posteriores atentados yihadistas, escribe Pinto en su manual, todos los servicios de inteligencia occidentales tuvieron que adaptarse a esta nueva amenaza, sumando a su experiencia en inteligencia relativa las insurgencias y del terrorismo anterior (el ‘viejo’ terrorismo) los elementos necesarios para combatirla a través de una serie de cambios afectando a su estructura, personal y medios. Se trató, así de sumar "a la ‘guerra operativa’ una ‘guerra ideológica’, una guerra ésta que puede llegar a condicionar en algún momento la primera; guerra que precisa de la creación de las estructuras necesarias, hoy día ya con el apoyo de una fuerte colaboración internacional (no siempre alcanzada del todo), que permitan determinar, con agilidad y rigor, no sólo cómo son los grupos terroristas (organización, estrategias, tácticas, finanzas, etc.) sino cómo piensan, es decir, qué motivaciones ideológicas les impulsan, su imaginario terrorista en definitiva, al objeto de plantear, desde patrones generales abiertos, las formas, medios y procedimientos necesarios para crear un contra imaginario que destruya, en cada caso, sus fundamentos, rompiendo las ‘razones de su sinrazón’ al objeto de empujarles, si fuera posible, a que abandonen el activismo violento y se orienten hacia la reflexión, asunto difícil cuando las ideas se fanatizan".

Guerras, operativa e ideológica, que precisan de unas estructuras adecuadas en los elementos de los servicios de inteligencia dedicados a la lucha contra el terrorismo yihadista y de una fuerte colaboración interna e internacional, subraya el ex agente. "Estructuras que, en su conjunto, han de permitir determinar, con agilidad y rigor, no sólo cómo son los grupos terroristas (organización, estrategias, tácticas, etcétera), sino lo que piensan cara a sus posibles objetivos. Así, en principio, a partir del 11-S, todas las fuerzas empeñadas en la lucha contra el ‘nuevo’ terrorismo yihadista comenzaron a sufrir las adaptaciones necesarias para combatirlo. De inicio, al margen de dotarse de personas que tuvieran conocimiento de árabe y otras lenguas empleadas por los terroristas para atender a la traducción de su propaganda, el control de sus redes sociales, de los interrogatorios y de posibles escuchas, los Servicios de Inteligencia acusaron la necesidad, para entender su ideología y permitir el acercamiento y captación de determinadas fuentes, de estudiar la obra de los expertos en el tema, amén de escuchar a los musulmanes de paz contrarios a la acción violenta yihadista".

Asimismo, recuerda Pinto Cebrián, se hizo necesario "transformar/reciclar la orgánica de las fuerzas de seguridad y ampliarla en su caso para volcarla en el yihadismo (...) Al tiempo se hubo de extremar la cooperación y coordinación entre dichas fuerzas, de seguridad e inteligencia, tanto en el ámbito interior como exterior, optando prioritariamente, en cuanto a operatividad se refiere, a la prevención/anticipación de cualquier posible atentado para desbaratarlos, antes incluso de que lleguen a la fase de planificación y de preparación".

prevención y anticipación. Esa labor de prevención/anticipación, recoge Pinto en su manual, se lleva a cabo intensificando el trabajo de información en los puntos de captación "mediante la infiltración y la colaboración de miembros de la comunidad musulmana al objeto de identificar las señales de radicalización, al tiempo que se extrema la vigilancia de los reclusos yihadistas; procurando, medios para el seguimiento y eliminación del flujo de combatientes yihadistas; y, en todo caso, logrando la colaboración ciudadana a través de diferentes medios puestos a su alcance; sumando a todo ello toda la colaboración nacional e internacional posible a través de las Comunidades de Inteligencia antiterroristas, nacionales y foráneas. Cambios en los servicios de inteligencia que al final inciden sobre el tratamiento de las informaciones obtenidas y sobre la producción consecuente de una inteligencia muy específica, antiterrorista yihadista, que en muchos casos ha de apoyar decisiones de carácter urgente".



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