Salir a empatar

Carlos Cuesta (SPC)
-

La mayoría de los empresarios trabaja para no caer en pérdidas tras la difícil situación que viven las compañías por una pandemia que se ha cobrado más de 133.000 negocios desde el inicio de la crisis

Salir a empatar

Más de 350.000 empresas  y al menos un millón de trabajadores están en peligro de perderse en España en los próximos meses en un complicado escenario en el que las pymes y los autónomos son los colectivos más vulnerables ante los devastadores efectos  que está provocando la crisis sanitaria del coronavirus. 
Además, la drástica  caída de actividad económica amenaza con declarar entre 50.000 y 60.000 concursos de acreedores y con destruir miles de contratos en el corto plazo que no podrán superar los ERTE.
En este contexto, la mayoría de los empresarios no se plantean que 2020 sea un buen año, ni tampoco lograr beneficios como en ejercicios pasados, sino que su objetivo es empatar, sobrevivir y superponerse a la difícil realidad. Es decir, trabajan para no caer en pérdidas con los mecanismos que sean necesarios para minimizar los efectos de esta crisis que todo apunta va a durar, al menos, hasta 2023, dejando sectores muy tocados, pero también generando nuevas oportunidades de negocio que los emprendedores con más talento ya están empezando a descubrir.
Los industriales no ocultan tampoco su gran preocupación por los trabajadores que se van a ver obligados a despedir ante la falta de pedidos por la caída del consumo. Según manifiestan, van a tener que prescindir de personas que llevan tiempo en sus equipos, con excelente formación y unas tasas de productividad muy altas sin saber si van a poder contar con ellos en el futuro, si las cosas cambian.
 En un contexto económico devastador, más de 133.000 negocios ya han cerrado en los últimos dos meses según el registro de códigos de cuenta de cotización de la Seguridad Social que señala que lo peor de este dato es, principalmente, la destrucción que conlleva en el tejido productivo industrial y el empleo que puede ser de dimensiones aún no calculadas. 
Entre 2008 y 2012, el balance de empresas que quebraron ascendió hasta las 355.000, según el INE, y aunque hay muchas diferencias con la situación de la recesión actual, los economistas consideran que se trata de un contexto diferente que puede tener un resultado final muy distinto. La más constatable es la durabilidad de la crisis ya que, previsiblemente, será más intensa, pero con una durabilidad menor en el tiempo.
 Las previsiones de  la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) no son nada optimistas y sitúan a España a la cabeza en 2020 del desplome económico mundial con una caída del 14,4% tras el virus. Es más, la organización internacional augura que, en caso de rebrote, la tasa de paro podría escalar por encima de 20% y la deuda pública rondaría el 130% este año, un máximo histórico difícil de aceptar y más complicado aún para la confianza de los inversores que.
La OCDE ha elaborado dos escenarios en función de si hay rebrote del coronavirus y, en el más adverso, prevé que la economía española caerá en 2020 un 14,4%, la mayor de los países industrializados, aunque muy similar al 14,1% previsto en Francia y el 14% en Italia como consecuencia del hundimiento de sectores como el turismo y la hostelería que son estratégicos en su crecimiento.
La recesión española obedece esencialmente al hundimiento del consumo privado como consecuencia de la destrucción de empleo, según el informe de la organización que no augura una recuperación rápida total, sino gradual.
Además, se está produciendo un cambio de modelo productivo transversal que está afectando duramente a sectores como la automoción que se prepara para el vehículo eléctrico, lo que significa una tecnología distinta, más especializada y que va a responder a nuevas estrategias de mercado como ha pasado con multinacionales como el grupo Nissan Ranault que están redirigiendo sus centros de fabricación y comercialización según criterios de mayor eficiencia.
Asimismo, los empresarios se preparan para ganar el futuro con inversiones en digitalización, industria 4.0  y en las aplicaciones de la red 5G que lo están cambiando todo y que pueden permitir salvar los balances actuales de la ruina y anticiparse a las exigencias que van a plantear los consumidores en las próximas décadas.
El planteamiento pasa también por una intervención directa del Gobierno con promociones de políticas proempresariales, y especialmente de medidas fiscales y laborales que propicien un entorno de rentabilidad y eficiencia ante las enormes dificultades que la crisis sanitaria ha dejado en sus estructuras para poder salir adelante. 
Los sectores más golpeados en términos de destrucción de empresas han sido el comercio, la hostelería y servicios profesionales, personales y auxiliares. Los expertos advierten que preservar sus supervivencia con todo tipo de ayudas será fundamental para acelerar la recuperación y salvar el millón de empleos que, en este momento, parecen condenados a quedarse fuera del mercado laboral. 
Los empresarios han agradecido medidas como los ERTE y las líneas de crédito ICO porque, según sostienen, les están ayudando a amortiguar los efectos de esta crisis y garantizar la liquidez necesaria para pagar a sus trabajadores, proveedores y las cargas fiscales que no se han reducido pese a no haber tenido ningún tipo de actividad por el cierre decretado del Ejecutivo ante la COVID-19. 

 

La tabla de salvación

El temor a la quiebra de los industriales se justifica con las afirmaciones del ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, que estima que los concursos de acreedores que llegarán a los juzgados el próximo año ascenderá ha los 50.000, lo que significa multiplicar por seis los 7.000 que se registraron en 2019.
En definitiva, la situación económica para el mundo empresarial es de una gran complejidad este año y hacer las cosas bien, cometiendo los menores errores posibles,puede ser la única tabla de salvación de sus negocios ante una recesión sin precedentes.