Un Sonorama con 110.000 asistentes y 8 millones de impacto

I.M.L.
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El estreno del recinto del Picón ha mejorado la comodidad de los festivaleros. La organización avisa de las mejoras que precisa la ciudad para dar buena imagen en los conciertos del centro

La vigésimo segunda edición de Sonorama Ribera echaba ayer el telón después de lograr congregar en Aranda de Duero a 110.000 personas en cinco días, con el sábado como momento cumbre en el que lograron reunir en su nuevo recinto del Picón a más cerca de 40.000 personas. Unas cifras que dejan a la organización de Art de Troya con la satisfacción de haberlo logrado otra vez, y esta vez con el reto de estrenar espacio, con más de 57.000 metros cuadrados, «ese ansiado salto que era el Picón y que ha empezado a dar sus primeros frutos, esperemos que los dé durante muchísimos años», como apuntaba su director, Javier Ajenjo, minutos antes de que comenzase la fiesta de despedida de esta edición, con una asistencia estimada de 12.000 personas, y tras volver a ver llena la plaza del Trigo, «demostrando que haciendo un buen trabajo previo y una buena coordinación no hay ningún problema, se puede estar».

«Muy satisfechos del cambio a la nueva ubicación a todos los niveles, accesibilidad, seguridad, comodidad para el público hemos dado un salto increíble», reconocía Ajenjo, sin dolerle en prendas asegurar sinceramente que «entramos en un sitio a ciegas, desconocido para nosotros, se han corregido cientos de cosas los primeros días y no paramos de aprender, seguramente cambiaríamos el 30% de las cosas ahora mismo».

Además de reconocer el gran trabajo de sus compañeros de asociación, porque «el equipo de Art de Troya es absolutamente magnífico», Ajenjo confirmaba que el salto de calidad este año ha sido de gigantes para Sonorama Ribera. «Tenemos la sensación de que hemos dado un paso adelante, que este festival ha dado un giro de tuerca más, ahora sí que hemos ascendido una división, porque no dejábamos de ser un pequeño equipo que jugaba en una Champions Leage, ahora quizás, no tiene nada que ver con presupuesto, sino con desarrollo del festival», argumentaba, siempre dejando en el aire las ideas de mejora que ya están en la lista de deberes para el próximo año.
plaza del trigo. Otra de las novedades de este año era la limitación del aforo en la plaza del Trigo a 6.000 personas, que tan solo se hizo efectivo en lo momentos de mayor expectación en este mítico escenario, coincidiendo con los conciertos centrales del viernes y el sábado. Sin embargo, a pesar de haberse desarrollado todo con total normalidad y sin incidentes, desde la organización lanzan un aviso para navegantes. «Hay 10.000 personas seguramente que vienen a los conciertos del centro sin pulsera, de las que nosotros no nos podemos hacer responsables. Si un pueblo quiere que haya 10.000 personas en él disfrutando, comiendo, conociéndolo, tiene que ser responsable de esas 10.000 personas, necesitamos más baños, más servicios, más limpieza, cosas que son lógicas y que se pueden hacer mucho mejor», reconocía Ajenjo, insistiendo en que «no podemos pretender tener a 10.000 personas en un ambiente de fiesta y tener unos recursos tan, tan, tan limitados, es que casi es un milagro que no pase nada».

Un Sonorama con 110.000 asistentes y 8 millones de impactoUn Sonorama con 110.000 asistentes y 8 millones de impacto - Foto: Julio Calvo Recio

Ante esta situación, desde la organización del festival arandino hacen una llamada de atención a los empresarios locales y a las instituciones para, entre todos, poder seguir manteniendo uno de los atractivos que hacen diferentes a Sonorama Ribera. «Si tenemos algo tan especial y tan bonito, tenemos que decidir los arandinos, el Ayuntamiento y demás, si queremos tenerlo, no es una cuestión de dinero, es una cuestión de dar buen imagen, que los hosteleros que patrocinan sean ellos los que cubran las actividades de una manera normal y nosotros seguimos poniendo los conciertos en el centro», invita Ajenjo, que remarca que «tenemos que ser conscientes de que nosotros no podemos asumir ciertas responsabilidades, nosotros podemos saber qué hacer en el recinto, pero nos hacemos cargo de lo que pasa allí, eso es duplicar responsabilidades con muchísimos más riesgos».