Más que un 'apagafuegos'

I.M.L.
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El arandino Gonzalo Velasco, bombero del Ayuntamiento de Madrid, ha desplegado su labor en Mozambique

Siempre había ratos para atender otras necesidades - Foto: Santiago López Torres


Resumir 18 intensos días en una localidad de Mozambique, Dondo, arrasada por el huracán Idai, es harto complicado porque, más allá de la labor del equipo de emergencia Start, hay un cúmulo de sentimientos difíciles de expresar si no se han vivido. Ni siquiera recibir de manos del ministro de Exteriores Josep Borrell, en representación del Rey, la Cruz de la Orden al Mérito Civil, da una medida de lo que ha supuesto para Gonzalo Velasco esta vivencia.

Gonzalo es un arandino de 29 años que lleva seis ejerciendo como bombero en el Ayuntamiento de Madrid, aunque el gusanillo de esta profesión se la inculcó su padre, que desarrolla la misma profesión pero para el Ayuntamiento de Aranda. Después de una extensa formación en cooperación internacional, llegó el momento. «Nos llamaron para activarnos y no pude decir que no, tenía programado para esas fecha un viaje a París con mi pareja pero era la oportunidad de mi vida», confiesa Gonzalo.

Tras 24 horas de viaje, al llegar a Dondo la realidad les asaltó. «Lo que nos encontramos no tenía nada que ver con lo planificado, tuvimos que hacer cambios sobre el terreno para montar el hospital», relata. Porque para eso fue allí, Gonzalo forma parte del equipo de montaje y mantenimiento de un completo hospital, con quirófanos y todo. «Montamos el hospital de la nada en menos de 48 horas, y estaba operativo al 100% en tres días», recuerda. Para llegar a ese punto, acumularon jornadas de hasta 15 horas trabajando con temperaturas de 40 grados. «Además de nuestro equipo, trabajábamos con gente local y eso es muy enriquecedor, porque para que todo funcione hay que ser un equipo», confiesa.

Todos esos esfuerzos tuvieron recompensa. «Cuando nació el primer niño en nuestro hospital, fuimos conscientes de que lo habíamos conseguido», dice orgulloso. Ese niño enseguida fue bautizado como Carmelo, el primer hijo Start. Durante las semanas que estuvo funcionando el hospital se llegaron a atender a más de 2.000 personas.

«Allí, todo el día estás metido en una emergencia», resume Gonzalo, pero el cambio profesional y personal que le ha supuesto esta labor le lleva a asegurar que repetirá sin pensárselo dos veces. «Quiero ir a muchas misiones más, las sensaciones y el sentimiento de familia entre el equipo es la mejor experiencia», asegura. Al final, en Mozambique dejó amigos y parte de su equipaje, «regalé mis herramientas y mucha de mi ropa a los locales con los que había trabajado», pero se trajo mucho más.