Emilio del Justo: «Siempre he creído en mí»

Leticia Ortiz
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Emilio del Justo: «Siempre he creído en mí»

Francia devolvió a la vida, a la taurina, a un diestro que probó el peor de los sinsabores de la Fiesta: el olvido. Pero la suerte, con tesón y esfuerzo, cambia y ahora el extremeño es el torero de moda, pieza fundamental de las ferias más importantes de España.
Antes de nada, lleva varias semanas en el dique seco desde el percance de Cáceres ¿cómo se encuentra?
Voy mejorando. Todavía sigo en proceso de recuperación, porque una fractura tarda cinco o seis semanas en curarse completamente. Pero ya me estoy probando en los entrenamientos y cada vez aguanto más.
Había apostado fuerte por Madrid, ¿satisfecho con su paso por Las Ventas?
Sí, muy contento. Es verdad que el primer día no hubo mucha suerte con la corrida de Jandilla, pero en la tarde de Victorino Martín corté una oreja de mucho peso ante un astado muy exigente y encastado. Me quedo con la sensación de que he vuelto a sentir conmigo a la afición de Madrid.
¿En qué es diferente el toro de Victorino? 
Es un toro muy especial, nunca terminas de conocerlo. Tiene una exigencia grande, quizá mayor a otras ganaderías. Pero a cambio tienen grandes virtudes, sobre todo, la humillación y la entrega. Eso hace que si consigues entenderte con un astado así, el toreo que surge tiene una profundidad y una emoción que pocas ganaderías tienen. 
Ya en Sevilla dio un toque de atención ante una plaza que le esperaba. Después de tantos años luchando, ¿qué se siente al llegar a La Maestranza y notar que la gente ha ido a verle principalmente a usted?
Es muy bonito porque son muchos años de lucha soñando con días así. Me marcó mucho torear en una plaza con tanta historia como La Maestranza, con esa torería, con esa afición, poder cuajar un toro de Victorino y sentir la respuesta de la gente. 
¿Cuántas veces has soñado en estar anunciado en las principales ferias de España? 
Muchísimas. Era lo que me ilusionaba desde niño. Cuando miras hacia atrás, todos los años de lucha, de pocos contratos, y ahora eres la base de San Isidro con tres tardes, estás en Sevilla, te anuncian en tantas Ferias… se te saltan las lágrimas de emoción y también de satisfacción.
¿Cómo se aguanta sin tirar la toalla cuando el teléfono no suena?
Creyendo en uno mismo. Cuando parece que todo está perdido, que esto ha acabado, hay que tener un punto de locura y creer en ti mismo como torero, aunque nadie más lo haga. Yo lo he hecho. Y, a partir de ahí, he seguido entrenando, viviendo en torero, pensando en torero, luchando…
¿Le han cambiado como persona, no como torero, estos éxitos?
No. Al revés, creo que me he hecho más humilde precisamente porque sé lo difícil que es llegar a conseguir el éxito y el reconocimiento en el toreo. Al final, cuando has visto la cara más complicada, luego tienes también cierto equilibro para relativizar las cosas y saber que algún día las cosas pueden no rodar como tú quisieras, y no puedes hundirte; y al contrario, que cuando las cosas salen bien y disfrutas, tampoco te lo puedes creer.
¿Le aparecen más amigos ahora que cuando no sonaba el teléfono? 
No. Yo sigo siendo el mismo y tengo mis amigos de siempre. Evidentemente, al estar anunciado en otros sitios y conocer muchas ferias pues te presentan a más gente y amplías tu círculo, pero nada más. 
Regresa a Burgos el día 1, con Pablo Aguado y Perera, como triunfador de la Feria de 2018, ¿responsabilidad, ilusión o ambas?
Ambas cosas. Es una responsabilidad porque es una Feria importante y siempre quieres estar a la altura. Y más aún siendo el triunfador del pasado año. Así que llego a Burgos con mucha ilusión, pero también con la presión de querer dar lo mejor de mí.