Enganchado a la ciencia

G.G.U.
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Miguel Marijuán fue uno de los 8 jóvenes brillantes que obtuvieron este año la beca 'Acércate', un programa del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) para atraer talento que le ha cambiado la vida

Entregado a la ciencia - Foto: Alberto Rodrigo

Miguel Marijuán Santamaría creía que el trabajo cotidiano de un investigador era algo «súper guay» porque «descubrían cosas nuevas a diario». Tras dos semanas en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) ha constatado cuán equivocada era la imagen que él tenía sobre el día a día en un laboratorio, pero ha corroborado que es una profesión «fascinante». Tan impactante ha sido su experiencia como para decantar su elección de estudios: Medicina en la Universidad de Valladolid. Y si no consigue entrar -de momento no está admitido- hará Ingeniería Biomédica.
Marijuán ha sido uno de los jóvenes españoles con un Bachillerato en Ciencias tan brillante como para solicitar participación en ‘Acércate’, un programa del CNIC para atraer a la ciencia a estudiantes sobresalientes. Los requisitos para participar en el sorteo de las ocho becas convocadas este año eran tener una media de 10 entre los dos cursos o haber finalizado el segundo (antiguo COU) con matrícula de honor. Este último era el caso del burgalés, alumno del instituto Enrique Flórez, que supo de la posibilidad de pasar 12 días con todos los gastos pagados en este centro puntero por su tutora. «Me dijo que era difícil entrar, pero tuve suerte», recuerda Marijuán.
Así, el 8 de julio cruzó junto a otros siete jóvenes las puertas del centro que dirige en Madrid el cardiólogo Valentín Fuster, también responsable del Instituto Cardiovascular del Centro Médico Monte Sinaí de Nueva York y eminencia internacional por su trayectoria investigadora y divulgativa. Con ellos iba un monitor que los fue guiando a lo largo de los doce días de beca por cada departamento del CNIC, para que responsables e investigadores les explicaran en qué están trabajando y que ellos pudieran hacer después una práctica al respecto. «Nos dejaron material que dudo que vuelva a ver en mucho tiempo. Desde lo más básico, como pipetas súper avanzadas para trabajar con volúmenes apenas perceptibles para el ojo hasta máquinas de las que no sé el nombre, pero que permitían ver células a un tamaño increíble», explica el joven, que dedicó su presentación del final de beca a la  Unidad Proteómica. «Es en la que estudian las proteínas y las moléculas responsables de la mayor parte de las funciones del cuerpo», comenta, añadiendo que también fue en la que les dieron más autonomía en la parte práctica. «En otras estábamos más tutorizados y aquí, aunque teníamos una hoja con los pasos, sentías más que lo hacías tú», explica el burgalés.
A medida que conocía departamentos más se convencía de que quería estudiar Medicina, pero el encuentro con el doctor Fuster fue decisivo:«Es una persona impresionante, solo por cómo habla y cómo se expresa. Es un ser humano como nosotros, pero piensas en todo lo que ha conseguido y en que sigue en activo y... Es increíble».
Ahora confía en que los movimientos de matriculación de septiembre le permitan entrar en Medicina, pero, si no, se quedará en Ingeniería Biomédica, como alumno de la primera promoción de este grado de la UVA. Gracias al ‘Acércate’, sabe que a la investigación puntera se puede acceder desde distintos ámbitos y es consciente de que él cuenta con una baza imprescindible para conseguir su objetivo por cuestión de carácter:«Soy una persona curiosa y si no sé por qué pasa algo, me gusta investigar hasta que lo averiguo. Y poder llevar a cabo un experimento y ser el primero en describir o conocer por qué sucede algo me parece fascinante».?