La avanzadilla en la reapertura

A.S.R.
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Los archivos fueron los primeros espacios públicos con licencia para abrir, el 4 de mayo, y el Municipal de Burgos hizo suyo el permiso, aunque el servicio por vía telemática no se interrumpió nunca

Las trabajadoras del Archivo Municipal tienen preparada toda la documentación antes de que el usuario llegue. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Su nombre remite a un lugar vetusto, lleno de legajos, más anclado en el pasado que en el presente y, no digamos, en el futuro y, sin embargo, el Gobierno los colocó en primera línea de batalla en su plan de vuelta a la llamada nueva normalidad. Los archivos fueron el primer espacio público con licencia para abrir. El lunes 4 de mayo, en la misma fase cero, podían hacerlo. Y el Archivo Municipal de Burgos no se achantó y se plantó de avanzadilla en esa reapertura (alrededor del 60% de sus iguales aún no lo han hecho). A partir de ese día, se estableció el protocolo de seguridad necesario para la posible visita presencial de los investigadores. Este era el único cambio porque la pandemia nunca interrumpió el servicio, aunque fuera exclusivamente por vía telemática. 
«No hemos parado la actividad en ningún momento. Teníamos desviado el teléfono y acceso al catálogo interno en el que nosotros podemos descargar los documentos. Lo único que no podíamos atender eran las consultas que necesitaban el soporte físico (estas empezaron a darse cuando cambiaron el teletrabajo por su puesto laboral el 20 de abril) porque el edificio estaba cerrado, pero el resto sí», explica la directora, Yolanda Rodríguez, quien agrega que de la sección de obras de nueva planta entre 1970 y 2008, que es la más consultada de forma presencial, el 40% de los planos están digitalizados por lo que a 4 de cada 10 usuarios pueden atender de esta forma. 
Y es que, a pesar de que el imaginario colectivo sitúa en estas dependencias a un historiador, el siglo XXI ha alborotado estos lugares y al estar la mayoría de este fondo digitalizado y abierto online, el perfil del usuario actual obedece en un 90% de los casos al de un profesional técnico en busca de expedientes de obras. 
Romanticismos al margen, aunque las consultas se han mantenido en todo momento, el número sí ha bajado -«entiendo que ha sido porque estaba parada la actividad y no lo necesitaban»-. Caen en picado durante las jornadas duras de la alerta sanitaria. Pasan de las 323 de enero y 320 de febrero a las 123 de marzo (medio mes activo) y, ¡ojo!, las 23 de abril. En mayo, la recuperación es evidente. A fecha del día 14, ya habían recibido 71 de 32 investigadores, cinco presenciales. Todos con cita previa, que deben solicitar en el número de teléfono 947 28 88 12 o por correo electrónico (archivo@aytoburgos.es). 
Poco a poco, la vida vuelve a palacio, donde, como en todos los lugares públicos, se ha impuesto una batería de medidas de seguridad. En la misma entrada, se limpian las manos con el gel hidroalcohólico, guantes y mascarilla. Mejor las escaleras que el ascensor. Ya en la tercera planta, nada de pulular por los pasillos. Los visitantes van directos a la sala de investigadores, donde no podrán estar más de cuatro a la vez y cada uno en una fila, con el puesto más cercano al pasillo siempre libre. Allí, habitualmente, cada uno ya se encuentra con la documentación que ha pedido en la solicitud de cita previa y, como antes de la pandemia, el personal, pertrechado tras su pantalla de protección, los ayuda en todo lo que precisen. La consulta está limitada a diez expedientes por persona y día y el pago se hace mediante autoliquidación. Se prohíbe el uso el ordenadores en la sala y el lector de microfilm. Una vez concluido el trabajo, la documentación utilizada pasa una cuarentena de diez días antes de volver a ser prestada. 
Los funcionarios, que hasta ahora han trabajado desde casa, se van incorporando. De 14 ya lo han hecho 11. Porque, aunque esta crisis ha evidenciado que un archivo mantiene el pulso con el teletrabajo y las tecnologías, el contacto humano sigue siendo insustituible.