Ramadán bajo confinamiento

R.E.C.
-

La comunidad musulmana de Burgos celebra hasta el 24 de mayo su mes más sagrado, un periodo insólito en la historia reciente del islam marcado por el distanciamiento social que impide compartir en sociedad el Iftar, la ruptura del ayuno

Rachid Dalaoui prepara junto a su hija la mesa para acoger la tradicional comida nocturna del Iftar, que este año se celebrará de manera individual. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Los fieles de las tres principales religiones monoteístas se han visto afectados por la crisis sanitaria del coronavirus. Perjudicó primero a los cristianos con la Semana Santa y la cancelación de las procesiones, a la que le siguió la interrupción de la celebración del Pésaj o Pascua Judía y ahora son los musulmanes quienes festejan el Ramadán confinados.

En España, los musulmanes son una de las comunidades religiosas con mayor número de seguidores, más de dos millones, con cerca de ocho mil creyentes a nivel provincial, según el último Estudio Demográfico de Población Musulmana del Observatorio Andalusí. Uno de ellos es Rachid Dalaoui, un marroquí afincado en Burgos desde hace más de tres décadas, que junto a su familia celebra un Ramadán atípico.

El confinamiento y las restricciones sanitarias para su celebración han impedido que muchos emigrantes musulmanes volvieran a sus países de origen por el cierre de las fronteras y los que se han quedado no podrán compartir en comunidad por la imposición del distanciamiento social el momento más esperado del día, la ruptura del ayuno. «Con el WhatsApp nos comunicamos constantemente enviándonos fotos y vídeos de las elaboraciones para el Iftar», confiesa Rachid a quien la tecnología le acerca diariamente a su hermana en Marruecos.

El Ramadán se caracteriza por la abstención durante el día de alimentos y bebidas, con la excepción de enfermos, ancianos, niños o embarazadas, entre otras particularidades como mujeres en periodo de lactancia o con la menstruación o aquellos que se encuentren viajando o fuera de su lugar de residencia. Tampoco pueden fumar ni mantener relaciones sexuales. «Nos ha venido bien el confinamiento ya que la paralización del trabajo no incrementa nuestro esfuerzo y por lo tanto disminuyen nuestras ganas de comer y beber», admite el presidente de la Asociación Hispano-Marroquí La Brújula.

(Más información, en la edición de papel de hoy de Diario de Burgos)