Belleza, sentimiento y misterio para la Catedral

RODRIGO PÉREZ BARREDO
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Diario de Burgos charla con el pintor y escultor Antonio López sobre la vida, la libertad, el arte... y sobre las puertas que está diseñando para la seo burgalesa

Belleza, sentimiento y misterio para la Catedral - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

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El genio en su refugio

La neblina gris de la contaminación que tantas veces aparece en sus cuadros panorámicos de Madrid parece haber hecho una excepción en el jardín de la casa-estudio de Antonio López, flanqueada de membrillos barnizados por el beatífico sol de la tarde, que se enseñorea de sus frutos de octubre entre las tupidas hojas. A cada paso, el artista se agacha a recoger los que han caído tras un golpe de viento para luego depositarlos con mimo en el alféizar de una ventana, como rematando un bodegón en el que no existiera el tiempo. No suele mirar hacia atrás el artista español vivo más importante, aunque el hombre de 84 años que es hoy mantiene intacta la pasión por el arte que se despertó pronto en el talentoso joven que llegó hace muchos años a la capital con un hatillo de sueños. Sigue entregado al arte que ha sido y es su vida. Trabajando a diario, horas y horas, aunque admita sentirse cada vez más cansado.

Antonio López es el artista que dejará la huella artística contemporánea en la Catedral de Burgos con las nuevas puertas de la fachada principal del templo, la de Santa María. Su cercanía y sencillez desarman cualquier mito alusivo al carácter de muchos genios. «El proyecto avanza», musita exhibiendo una sonrisa que hace iluminar por un instante sus pequeños ojos azules. Es consciente de los plazos tan justos con los que trabaja, pero lo que más le preocupa es el resultado. «Queremos que quede muy bien. Tener que terminarlo en una fecha, con el añadido de los problemas que van surgiendo, dificulta el trabajo, que no sólo depende de mí. Esta es una obra en la que hay involucradas muchas personas que trabajan conmigo. La escultura empieza con el creador y acaba en una fundición», señala el artista.

Antonio López está convencido de que con el esfuerzo, el trabajo y la lucha el resultado será el soñado. No le impone el lugar en el que irá su creación, por más que se trate de un templo único, modelado a través de los siglos por otros artistas en estilos muy diferentes. «La responsabilidad del artista es hacer una obra que valga la pena, que aporte algo, esté donde esté». Reconoce, eso sí, que esa amalgama de estilos condiciona su obra. «Pero hay que intentar que lo condicione para bien; que esta intervención en un construcción de esa grandeza engrandezca también tu trabajo».

(Amplio reportaje literario y gráfico de 5 páginas, en la edición de papel de hoy de Diario de Burgos)