El verano se cuela en Cordón y CAB

I.L.H.
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En la sala de la calle Santander el primer día ganaron las devoluciones de entradas frente al arte barroco, que se alarga con el estío. El Centro de Arte de Caja de Burgos reabre pensando ya en adaptar los campamentos de julio y agosto

Quienes acuden a las taquillas de Cultural Cordón para la devolución de entradas se colocan en una fila y los que quieren ver la exposición acceden por otra. - Foto: Patricia

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Reapertura CAB y Cultural Cordón

Aún quedan algunas semanas para que llegue el estío, pero se nota que tenemos tantas ganas de verano como de que avance la desescalada. Aunque, como lo segundo, se avecina lleno de incertidumbres. Así fue el primer día de reapertura de los centros expositivos de la Fundación Caja de Burgos, que abrieron sus puertas preguntándose si después de tantos días a cubierto preferiremos estar al aire libre o recorrer una exposición; si las exposiciones de arte contemporáneo (CAB) y barroco italiano (Cordón) que se prolongan durante el verano permitirán recuperar las visitas perdidas o el miedo retraerá a los aficionados al arte; y si las «ganas de normalidad» que este martes expresaban los trabajadores de ambos centros supone retomar el pulso al arte donde las dejamos.

Durante las primeras horas en Cultural Cordón fueron más las personas que se acercaron a las taquillas para la devolución de entradas de los espectáculos que las que se pasearon entre las obras del Barroco italiano en el Gabinete de Dibujos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que reúne medio centenar de piezas firmadas por artistas esenciales en la historia del arte, como Gian Lorenzo Bernini, Domenichino, Guido Reni, Pietro da Cortona, Andrea Sacchi o Carlo Maratti. 

Ahí se quedaron, parados en el tiempo durante dos meses y medio, el estudio para el retrato del Papa Inocencio X de Alessandro Algardi (1647), cuya obra pictórica se halla en el Palacio Apostólico del Vaticano; el dibujo del emperador Constantino a caballo, de Bernini; las caricaturas del Domenichino o las anatomías de Giovanni Lanfranco, junto a las obras de Carlo Maratti, el artista más importante del seicento romano.

Todos ellos recuperan ahora su vigor con la entrada de aire fresco del exterior, algo siempre saludable, como también lo es que reabra sus puertas esta sala de exposiciones. El acceso por la calle Santander se ha delimitado para diferenciar, precisamente, entre quienes acuden a la taquilla y quienes quieren visitar la exposición. Una vez dentro ya se lo saben de memoria: gel hidroalcohólico a disposición del usuario, mampara en el mostrador, recomendación de uso de mascarilla, visita individual (entendida como unidad de convivencia) y nada de folletos de mano, que se han sustituido por códigos QR para descargarse en el móvil.

En Cultural Cordón podrá haber 45 personas visitando al mismo tiempo los dos espacios, siempre que sean un máximo de 25 las que recorran la planta baja y 20 las que lo hagan en la de abajo. De estas últimas, solo cuatro podrán estar en la sala de cine.

Durante este tiempo los encargados de la sala han «visitado» con regularidad las estancias para comprobar que todo se mantenía en orden. Además, han aprovechado el cierre para catalogar el almacén, un tarea necesaria que nunca encontraba el momento adecuado.

Aforo de 200 en el CAB. Las espaciosas salas del Centro de Arte de Caja de Burgos no temen la reducción de aforo. Pese a tener las tres salas de la planta baja cerradas (Lecto, Acto y Tacto), pueden coincidir dos centenares de personas al mismo tiempo, aunque el aforo se establece por espacios. Así, en cada una de las tres zonas superiores podrá haber doce visitantes (abierta todo el verano la muestra Los ojos del extranjero. Expedición naturaleza, de Karin Bos), 77 en la planta -1 (Archimétrica, de José Luis Serzo) y 60 en la planta -2 (Common people, de Mayte Santamaría).

Como es lógico, se repiten las medidas adoptadas en Cultural Cordón, añadiendo aquí que en la terraza se ha retirado el mobiliario, que se recomienda no usar el ascensor y que no están habilitadas las consignas.

Lo que de momento no pueden programar son actividades ni visitas guiadas, algo intrínseco a la esencia del CAB. Pero al menos andan trabajando ya en los campamentos infantiles que programarán en julio y agosto. La idea, según explican sus responsables, es habilitarlos como en otras ocasiones, de 8 de la mañana a 3 de la tarde y de lunes a viernes. La principal diferencia es que no habrá actividades compartidas con otros centros, sino que se limitarán al suyo.

«Estamos estudiando el número de usuarios y sobre todo el tipo de actividades, porque sin duda tendrán que ser diferentes. A nosotros nos gusta mucho salir fuera, pero veremos lo que se puede hacer. De momento lo estamos preparando con ganas y fuerza», subraya Cristina García, directora del CAB, sin poder todavía confirmar cuándo se abrirá el plazo de inscripciones.