Un culín a la burgalesa

H.J. | Burgos
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Isaac López posa orgulloso entre sus manzanos, podados y guiados con tanto mimo que parecen estar clonados. - Foto: DB/Jesús J. Matías

Isaac López comercializa desde hace cuatro cosechas la sidra que obtiene de manzanos plantados en Coruña del Conde, el barrio de Villalonquéjar y en una parcela junto a la prisión provincial



Hubo un día en que los árboles se le fueron de las manos. Todo empezó como una afición por los frutales, plantando unos pocos en su finca de Coruña del Conde y otros cuantos en Villalonquéjar, pero aquello empezó a crecer y por un momento estuvo a punto de morir de éxito. Isaac López Calvo llegó a regalar 3.000 kilos de manzanas a las monjas de Fuentes Blancas porque ya no sabía qué hacer con ellas hasta que un amigo le sugirió otra utilidad. Así es como hace 9 años comenzó la producción de la (probablemente) única sidra del centro-sur de Burgos, pues en el valle de Caderechas también trabajan esta bebida a nivel artesanal.
Con la marca Corconde como un guiño a su localidad de origen y el castillo de Coruña en la etiqueta, esta nueva sidra burgalesa se publicita ahora a las puertas del centro penitenciario de la capital. Allí un cartel que despierta la curiosidad de muchos antecede a un manzanal de la variedad reineta blanquilla que ahora luce florido y hermoso, ayudado por los abejorros que lo polinizan y por los topillos que oxigenan el suelo y le ahorran el arado.
Isaac cuenta orgulloso que ahora tiene unos 600 manzanos entre la finca del penal, otra que tiene en Villalonquéjar y la de Coruña, y que ya ha presentado su ‘criatura’ a varios concursos del sector, entre ellos en Vitoria. «Me dicen que es una sidra espectacular», asegura. No en vano, desde que empezó a comercializar en 2008 la cosecha del año anterior, le quitan la producción de las manos. «El año pasado saqué 6.000 botellas y me quedan seis cajas».
¿El secreto? Según el propietario, mimar los manzanos: «Yo cuido cada árbol. Igual me tiro una hora en cada uno de ellos para la poda. Empiezo en navidades y termino en marzo». El efecto que consigue es una similitud sorprendente entre todos ellos (como si hubieran sido fabricados en un molde) y la admiración de todo el que se detiene ante la finca. Es consciente de que quizás no sigue los cánones establecidos y que sus prácticas se salen de lo normal, pero sostiene que él es autodidacta y aplica los métodos que mejor resultado le den, aunque no figuren en los manuales.
Lo mismo en la producción. Como no podría ser de otra manera sigue los pasos de la recogida a últimos de septiembre, lava las manzanas, las tritura, las prensa y las deposita en tanques de acero inoxidable donde la fermentación hace a partir de ahí su trabajo. Las destapa «en cuarto menguante, según me dijo un vasco» y espera una segunda fermentación. Pero él es quien ha ido experimentando temperaturas, tiempos y modos hasta conseguir resultados que le dejen satisfecho. Y ojo, que se considera un perfeccionista.
La sidra de Corconde «no es barata», admite López Calvo. Se vende a 3 euros la botella, pero es que «esto no es un producto de consumo masivo sino pensado para el disfrute». Los interesados en catar la próxima cosecha, pues de la anterior apenas le quedan 6 cajas, han de saber que sale al mercado en junio. Ya está embotellada desde el mes de abril y a la espera de encontrar paladares con buen gusto que quieran catarla. Una buena manera de refrescar el esperado verano.