Los accidentes graves se cuadriplican durante la desescalada

F.L.D.
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El incremento de la circulación y también de la velocidad devuelven a las vías de la provincia la siniestralidad de antes del confinamiento. Además, en mayo fallecieron otras dos personas

Imagen de uno de los últimos accidentes en la provincia. - Foto: Alberto Rodrigo

Aunque muy despacio, la sociedad empieza a recobrar la normalidad anterior a la pandemia, para la bueno y para lo malo. En este segundo apartado entran los accidentes de tráfico. En dos meses de confinamiento, la circulación en las carreteras de la provincia se ha visto reducida a cifras mínimas históricas y, por ende, la siniestralidad ha sido anecdótica, especialmente en los casos graves. Con el inicio de la desescalada, y tras un mes de abril especialmente tranquilo, los incidentes en las vías burgalesas se han duplicado y comienzan a registrase datos similares a las de antes de que el Gobierno decretase el estado de alarma. 

Las cifras aportadas por la Jefatura Provincial de Tráfico muestran claramente esa tendencia. Durante el mes de marzo, se produjeron en Burgos un total de 20 accidentes graves, es decir, en los que resultara herida al menos una persona. La sinestralidad cayó hasta los 5 incidentes en el mes de abril y en este mes de mayo se han alcanzado ya los 18. Como es lógico, esta estadística está íntimamente ligada al descenso de la circulación debido a la cuarentena, una reducción que llegó a rozar el 90%. Poco a poco, merced a la flexibilización de las medidas restrictivas de movilidad, los coches han vuelto a poblar las vías provinciales. 

Que la ‘población’ de las carreteras fuera escasa -y especialmente de camiones- invitó a muchos conductores a pisar el acelerador en los últimos meses. Así, la Dirección General de Tráfico percibió un incremento de las velocidades medias de entre un 10% y un 15% en la provincia de Burgos. Esto provocó que las autoridades tuvieran que advertir del peligro que supone correr demasiado al volante y de la relación que guarda con la siniestralidad. 

Aunque el aumento en Burgos no era excesivo, sí que tenía especial relevancia porque desde hace años se había conseguido mantener unas velocidades medias ajustadas a los máximos permitidos. De hecho, la reducción a los 90 kilómetros por hora fue una de las claves para conseguir que los fallecidos disminuyeran hasta dejar cifras récord en 2019, tal y como han defendido desde la DGT y la Guardia Civil.

Mortalidad. Por desgracia, en lo que va de 2020 ya ha habido que lamentar la muerte en carretera de seis personas. Se da la circunstancia de que dos de ellas se produjeron justo antes de que se decretase el estado de alarma y otras dos nada más comenzar la desescalada. El último, un operario de una grúa de 52 años que realizaba trabajos de mantenimiento en la AP-1. Un camión colisionó contra la máquina con la que trabajaba a la altura del kilómetro 18, en Monasterio de Rodilla. Se trata del primer fallecido desde que se liberase la autopista a finales de 2018. 

El 8 de mayo, es decir, siete días después de que se levantasen las primeras medidas de confinamiento, un joven de 31 años se estrelló contra el muro de una alcantarilla en el kilómetro 411 de la N-234, que une Burgos con Soria. Murió en el acto. El día 13 de marzo, en esta misma carretera aunque en otro punto, perecieron por causas idénticas dos mujeres. Cuatro de las seis personas que han fallecido en lo que llevamos de 2020 lo han hecho en esta vía. 

Por el momento, la prioridad de la Guardia Civil de Tráfico sigue siendo la vigilancia y el control de las carreteras para evitar la movilidad entre provincias o comunidades, aunque poco a poco vuelve a cobrar más protagonismo tanto el incremento de las velocidades como de la intensidad de las principales vías burgalesas. Ambas situaciones, tal y como hemos visto, están íntimamente ligadas a esa subida de la accidentalidad.