El Casco Viejo pierde un año más de vida

R.C.G
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El emblemático barrio no frena la caída que sufre desde hace años. Para la últimaconvocatoria de ayudas al comercio solo hubo una solicitud que recibió 10.000 euros

El Casco Viejo pierde un año más de vida

Hace no mucho tiempo la Parte Vieja era el epicentro del ocio nocturno en la ciudad. En sus calles se concentraban casi un centenar de establecimientos de todos los estilos musicales que marcaron a varias generaciones de mirandeses. Por entonces el barrio aún conservaba también muchos de sus comercios. Pero poco a poco las luces de neón se fueron apagando y con ellas se fueron bajando las persianas de los diferentes locales en un declive vertiginoso consumado en menos de una década para este emblemático barrio. El cierre de la oficina bancaria de la Plaza España puso el punto final al éxodo. 
Los intentos por revitalizar el punto en el que nació y se desarrolló Miranda no han dado sus frutos. La hostelería ha sabido reinventarse al menos en parte para adaptar su oferta a los nuevos tiempos, pero sin el esplendor ni sobre todo el número de antaño, porque solo hay una docena de bares que aguantan el tirón. El problema es que el resto de sectores no ha vuelto a despegar. 
La apuesta por la rehabilitación urbana se tradujo en un buen lavado de cara del Casco Viejo desde el punto de vista estético y patrimonial, que se traduce en más visitantes al teatro Apolo o el CIMA pero que no ha servido para atraer nuevos vecinos, puesto que este es uno de los grandes problemas por que cada vez residen menos personas. 
Las que todavía quedan son casi los de toda la vida y aunque en más de una ocasión se han puesto sobre la mesa propuestas para edificar viviendas destinadas a jóvenes (algunos partidos de la oposición lo planteaban otra vez para los presupuestos pero no se ha incluido esta propuesta) la realidad es que cada vez hay más solares y no se ve una grúa trabajando desde hace años. 
Tampoco las ayudas al comercio han surtido efecto. A la última convocatoria solo se presentó una emprendedora ya que ni siquiera los pocos establecimientos que siguen en pie han querido optar a las mismas pese a que las bases les permitían obtener un dinero para reformas. «El año pasado si que la pedí pero me la denegaron por un defecto de forma así que este año lo he dejado pasar», reconoce Soraya. Su peluquería no es nueva, pero ella sí lo es porque se hizo con el traspaso hace poco más de un año. «Hay que invertir aquí porque si no esto se muere del todo», afirma. 
La subvención municipal permitió en su momento a la tienda de ultramarinos acometer ciertas mejoras. «Me sirvió para algunas cosas que tenía que hacer pero te piden que primero adelantes todo el dinero y no siempre puedes hacerlo», señala la propietaria, quien no esconde que las ventas siguen bajando. «Es complicado competir con las grandes superficies comerciales y al final un negocio como este se nutre de la gente del barrio, que hace aquí sus compras diarias, pero en la Parte Vieja cada vez vive menos gente». 
Los dueños del Ibiza, uno de esos bares con solera, se han criado en la calle San Juan. «Los más jóvenes no se pueden imaginar lo que era esto y cuando se lo cuentas abren los ojos como si no se lo creyeran, pero había de todo: carnicería, pescadería, librerías, tiendas de ropa... ¡Y no hace tantos años! El problema es que no se invierte en atraer nueva población y mientras no venga gente a vivir, nadie se va a animar a montar un negocio por muchas ayudas que le des». 

 

LA EXCEPCIÓN.

A pesar de que muchos le dijeron que estaba loca, María Victoria ha decidido dar el paso de emprender en la Parte Vieja. En parte por romanticismo ya que es vecina del barrio y en sus calles regentó un bar hace tiempo, pero también porque está convencida de que la zona tiene potencial. Por eso hace tres meses que firmó el traspaso para hacerse con la gestión de la panadería y pidió la ayuda que brinda el Ayuntamiento a los nuevos emprendedores. Le han concedido 10.000 euros que le permitirán arrancar porque «ahora todo son gastos y las cuentas no salen». Los primeros pasos están siendo duros pero confía en que el comercio le acabe garantizando unos ingresos mínimos hasta su jubilación.
A pesar de la escasa respuesta que ha tenido la línea de ayudas, el equipo de gobierno asegura que las mantendrá para futuros ejercicios con la esperanza de que, aunque sea con cuentagotas, se vayan animando más personas. A la espera de que eso suceda, el Casco Viejo languidece y urge medidas para no quedarse exclusivamente como un reducto histórico.