Mujeres y jóvenes ven un futuro más oscuro por la covid-19

N.M.J. (ICAL)
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Un 40,3% de las 1.200 personas que realizaron esta primera encuesta del área de Psicología Social de la Universidad de Burgos mostraron riesgo de mala salud mental en los primeros momentos del confinamiento

Mujeres y jóvenes ven un futuro más oscuro por la covid-19

Los resultados obtenidos en la primera encuesta del estudio 'Afrontando el impacto de la covid-19', elaborado por profesores del Área de Psicología Social de la Universidad de Burgos, señalan que las mujeres y los jóvenes muestran una peor expectativa de futuro para la sociedad tras la crisis sanitaria del coronavirus, vislumbrando incluso un "futuro más desalentador", de acuerdo a la información que tuvo acceso la Agencia Ical.

El inicio del estado de alerta llevó a  profesores de psicología social de la UBU a elaborar un estudio sobre cómo afectaría esta situación a las personas, desde el punto de vista del bienestar psicológico. Esta iniciativa tuvo una gran acogida, recibiendo un total de 1.200 respuestas de toda España. 

Este estudio, realizado por los investigadores y profesores de psicología del centro, Silvia Ubillos y José Luis González Castro, se divide en dos fases: un primer cuestionario que analiza las respuestas durante la primera semana de confinamiento (16 al 21 de marzo); y una segunda encuesta que estudia las respuestas de los mismos usuarios diez días después. 

Según recoge el estudio, en un primer momento del aislamiento, las personas se mantuvieron "relativamente optimistas ante el futuro", manteniendo incluso una "perspectiva muy esperanzadora" ante la situación de incertidumbre e inseguridad. Al respecto, el análisis señala que estas personas creían que a pesar de las circunstancias experimentarían "más cosas positivas que negativas", y por ello pensaban en el futuro con optimismo. Sin embargo, también mostraban una "cierta conformidad con algunos pensamientos pesimistas", indican los investigadores.  

Asimismo explican que las expectativas de futuro de las mujeres eran peores que las de los hombres, siendo estas menos optimistas frente al futuro y mostrándose de acuerdo en que si algo malo podía pasar, "es seguro que les ocurriría". Por su parte, las expectativas de futuro también variaban en las distintas edades. El estudio refleja que las personas más jóvenes, con edades comprendidas entre los 18 y los 30 años percibían que el futuro iba a ser "más desalentador" que las personas adultas (31-50 años) y las personas mayores.

Tampoco se encontraron diferencias en las expectativas de futuro en función de tener una enfermedad de riesgo o no tenerla, ni en función de conocer a alguna persona contagiada de coronavirus o no. La única diferencia reseñable por parte de los investigadores es que las personas con una enfermedad de riesgo o que conocen a alguien que ha contraído la covid-19 estaban más de acuerdo con que si algo malo les tenía que suceder, "es seguro que les ocurriría".

Estado del bienestar emocional. Con respecto al estado del bienestar emocional, entendido como la calidad emocional que encuentran las personas en las experiencias cotidianas, el estudio refleja que durante la primera semana de confinamiento, las personas mostraban niveles "moderado y similares" tanto de afectividad positiva como negativa. "Estos datos indican que inicialmente existe cierta incapacidad de procesar emocionalmente la situación provocada por la covid-19, lo que se refleja en una manifiesta  atonía emocional,  que  conduce a la dificultad de experimentar emociones negativas (deprimido, inquieto), pero también positivas (alegría, euforia)", señalan.

Asimismo destacan que el sentimiento más frecuente entre los usuarios era "estar contentos por tener amigos", un resultado que pone de relieve que "las catástrofes llevan a buscar el apoyo social entre las personas que son fuente de apoyo y comprensión".

Los datos además confirman que durante los primeros momentos del confinamiento la crisis del coronavirus estaba generando en los españoles una "notable preocupación y miedo por lo que pudiese pasar". El análisis manifiesta que en general los hombres son los que presentaban una "mejor balanza de afecto que las mujeres", puesto que estas últimas informaron sentir "menos emociones positivas que los hombres".

"Las mujeres sentían con menor frecuencia que tenían energía, que las cosas sucedían como ellas querían y estaban menos seguras o confiadas en su futuro o porvenir en comparación con los hombres", indica. También son ellas las que experimentaban una mayor afectividad negativa, sintiéndose más molestas y cansadas con la situación, así como solas o distantes de la gente. Entre estos sentimientos destacan también la inquietud, infelicidad, depresión o miedo. A medida que aumenta la edad, el nivel de afectividad negativa se reducía, por lo que las personas mayores son las que se sentían menos molestas, cansadas o aburridas, distantes de la gente, inquietas, infelices o deprimidas y con ganas de llorar.

Salud mental. Para valorar el estado de salud mental se utilizó el cuestionario de Salud General GHQ-12 de Goldberg (1972, 1978) que explora síntomas subjetivos de distrés psicológico, manifestaciones somáticas frecuentemente asociadas a ansiedad, depresión, dificultades de relación y de cumplimiento de los roles sociales, familiares y profesionales. 

De acuerdo a este cuestionario un 40,3 por ciento de las personas mostraron un riesgo de mala salud mental en los primeros momentos de confinamiento, un porcentaje que apuntan que es "bastante más elevado" que los encontrados en encuestas nacionales de Salud españolas en años previos ante diferentes situaciones. De esta forma las mujeres, los jóvenes y las personas que conocían alguien con covid-19 son quienes presentaban peor salud mental. Un 44,8 por ciento de las mujeres tenían puntuaciones que indicaban riesgo de mala salud mental, porcentaje que subía hasta un 50,5 por ciento en el caso de los jóvenes y a un 48,6 por ciento en el de las personas que conocían a alguien con el virus.

Esta segunda parte del estudio se centró en varios temas; por un lado cuáles son los efectos psicosociales que el aislamiento y el covid-19 producen sobre el bienestar y la salud mental de las personas; qué grupos tienen mayor riesgo de experimentar efectos adversos en la salud y el bienestar. Por último hace referencia también a cómo afecta la situación de aislamiento e incertidumbre generada por el coronavirus en las expectativas y visión de futuro de las personas.