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"No lo pregono pero tampoco lo oculto"

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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José Luis es un superviviente de manual. Desde principios de los 80 convive con el VIH y desde los 90 con una paraplejia, lo que no le ha impedido tener una vida muy plena

José Luis Ruiz es secretario del Comité Ciudadano Anti-Sida de Burgos. - Foto: Valdivielso

De los miembros de su pandilla, con los que allá por el final de la década de los años 70 probó las mieles de la heroína, apenas queda vivo él. Lo cuenta con mucha tranquilidad y sin aspavientos como hará a lo largo de todo el relato de su enfermedad con la que convive en paz desde hace muchos años. José Luis no recuerda el año exacto en el que supo que tenía VIH, "sería el 83 o el 84", pero sí que escribió una carta a este periódico quejándose del trato que recibía en el ambulatorio debido a esa condición. Es decir, que nunca se calló ni ocultó su situación, ni en los tiempos más duros: "Es que en la carpeta de mi historia clínica había una pegatina roja y las enfermeras se asustaban mucho cuando iba por allí y me dejaban siempre el último para la consulta", cuenta, con una media sonrisa irónica que se le adivina debajo de la mascarilla.

El diagnóstico lo recibió con la inconsciencia que lo hacían todos los jóvenes toxicómanos de aquella época. Recuerda que se puso muy malo y que le llevaron al entonces recién estrenado Hospital Divino Valles. "Allí me hicieron la prueba y aunque entonces tardaban mucho tiempo en dar los resultados yo siempre intuí que iba a ser positivo y al principio no lo acepté", recuerda.

En 1988 llega a Proyecto Hombre a deshacerse definitivamente de las drogas. Allí ha trabajado como terapeuta hasta hace bien poco, que se acaba de jubilar a los 58 años, con una buena calidad de vida "pero ya cansado". No dejó su empleo ni cuando tras un accidente de parapente se quedó parapléjico, y lo arregló para poder compaginarlo con la minusvalía a la que accedió. El siniestro ocurrió a principios de 1992 y le hizo pasar casi un año en el Hospital de Parapléjicos de Toledo: "Como era seropositivo me pusieron en una habitación individual, que era como una suite, solo por el miedo que tenían los profesionales. Cada vez que iban a atenderme lo hacían cubiertos de pies a cabeza como han hecho ahora los profesionales que se han ocupado de los pacientes de covid en el hospital, y me hacían utilizar cubertería y platos desechables, seguía habiendo terror".

Se sintió de tal manera discriminado que le pidió ayuda a su hermana y con su cama se plantó delante del despacho del director del centro para exigir que le trataran como a otro paciente más. José Luis siempre tuvo muy claro que no se merecía esas formas pero cuenta que también aprendió en aquellos "a aceptar el miedo de los demás, a entender que era normal; de Toledo volví sin esa ira que tenía al principio".

El presidente del Comité Ciudadano Anti-Sida de Burgos, José Antonio Noguero, define a José Luis como "un ejemplo de pelea ante cualquier situación" y recuerda, entre las carcajadas de ambos, la vez que se compró una bici adaptada y se tiró con ella por la cuesta de Decathlon: "Es una persona muy valiente y un orgullo que esté con nosotros en la junta directiva como secretario porque es muy importante que haya una persona positiva". En este punto José Luis no pierde la ocasión de recordar, sobre todo a los jóvenes "porque parece que el sida no va con ellos", que sean prudentes "porque sigue habiendo contagios".

Ahora ya hace mucho tiempo que no siente la discriminación como en aquellos años porque las cosas han cambiado "para bien" y disfruta de una vida tranquila después de haberse enfrentado a mil batallas: "No pregono soy seropositivo pero tampoco lo oculto, porque no es lo mismo ser seropositivo que tener sida". Como tantos otros pacientes de VIH también tuvo hepatitis C, de la que se curó con el bendito Sovaldi, pero ha habido momentos en los que ha estado muy malo: "Recuerdo estar en una ocasión en la cama del hospital y ver las cabezas de Dueñas y Lorenzo sobre mí preguntándome qué me pasaba y yo solo acertaba a decir que estaba muy jodido", dice otra vez entre risas.

Ninguno de estos dos médicos, auténticos referentes para los pacientes de sida en Burgos, está ya en el hospital. Carlos Dueñas se marchó a ejercer a Valladolid y Juan Francisco Lorenzo se ha jubilado pero es historia viva de esta enfermedad y ha sido el médico de José Luis desde el principio.

A Lorenzo le tocó lidiar con el sida cuando apareció y no había medicación y los chavales se morían muy rápidamente pero, aunque ahora se siente muy orgulloso de haber vivido en primera línea la evolución de esta patología, recuerda que no lo hizo por tener una especial inclinación. "El que era entonces gerente del hospital, Manuel Serrano, me envió a Valladolid a una reunión que organizó la Junta sobre la nueva enfermedad. Cuando fui a las tres de la tarde no sabía nada del sida, cuando volví a las siete, ya era, para todo el mundo en el hospital, el médico del sida".
Lorenzo vivió, como decimos, los tiempos más duros y de desconocimiento de las vías de transmisión de la enfermedad, pero también fue testigo de la aparición en 1995 de los antirretrovirales, que fueron definitivos para salvar vidas, del medicamento que ha curado la hepatitis C y de cómo cada vez se disponía de más información, por lo que no entiende, a estas alturas, "el miedo absolutamente injustificado desde el punto de vista científico que hay a esta enfermedad" y en este sentido quiere dejar una cosa clara: "Cuando un paciente toma perfectamente su medicación y tiene una carga viral indetectable no transmite la enfermedad aunque tenga una relación sexual sin protección, otra cosa es que se proteja para evitar otras infecciones, pero no transmitirá el VIH".