Herencia envenenada

M.R.Y (SPC)
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Herencia envenenada - Foto: DYLAN MARTINEZ

El sucesor de May tendrá que concluir el proceso de un Brexit para el que cada vez hay menos consenso y liderar a un Partido Conservador sumido en una de las peores crisis de su historia

Se va casi como llegó. De manera apresurada y por culpa del Brexit. Así accedió Theresa May al poder en 2016, cuando David Cameron dimitió por el sí en el referéndum sobre la salida del Reino Unido de la UE. Y dejará su cargo tres años después condenada por ese divorcio que nunca quiso -hizo campaña por en no- y que se ha convertido en una misión imposible. 
Cuando May asumió el cargo de primera ministra cambió completamente su discurso. Se instaló en el 10 de Downing Street con un propósito claro: cumplir con lo que los británicos habían votado en la consulta. «Brexit significa Brexit» fue su constante consigna. La retirada de la Unión Europea era su encargo y su más firme propósito.
Complicadas negociaciones con las autoridades comunitarias -con más de una veintena de dimisiones de por medio- consiguieron cerrar un acuerdo para dejar el bloque. Pero la firme oposición del resto de formaciones en el Parlamento a dicho documento y el cisma abierto en su propio partido han dejado a la deriva a la premier, a su pacto y a un país pendiente de saber si dejará la UE o no.
Esa es la herencia que recibirá el sucesor de May. Incapaz de lidiar la guerra entre los conservadores, deja su puesto y un futuro en el aire.
El Reino Unido vive en la incertidumbre y parece encaminarse hacia una salida dura, es decir, sin acuerdo con la UE. El país se ha visto obligado a celebrar elecciones europeas, a pesar de que espera que sus parlamentarios estén lo mínimo posible en sus escaños. Y los grandes triunfadores de esa cita fueron los euroescépticos, con el Partido del Brexit a la cabeza. Un síntoma de que el divorcio es todavía una opción, pero sin determinar cómo llevarla a cabo.

En el aire aún planea la alternativa de un segundo referéndum, un plan encabezado por los laboristas y cuya mera sugerencia ante los tories supuso el linchamiento de la mandataria.
La ruptura por las bravas es la apuesta ganadora entre la mayoría de los candidatos a liderar el relevo. Pero el propio Parlamento descarta salir sin un acuerdo.
Así, sin tener nada claro, los conservadores se deciden a elegir a su jefe de filas entre más de una decena de postulantes. En estas primarias, irán cayendo los nombres de los menos respaldados en votaciones realizadas por determinados diputados hasta que solo queden dos. Entre ellos, la militancia designará -previsiblemente en julio, ante de las vacaciones estivales- a su máximo dirigente, con el exalcalde de Londres Boris Johnson como máximo favorito a hacerse con dicho cargo.
Será a partir de entonces cuando el proceso de retirada vuelva a cobrar vida. Y lo hará, nuevamente, apremiado por el tiempo. Los Veintisiete han dado de plazo hasta el 31 de octubre y se mantienen firmes en que no tocarán ni una coma del acuerdo ya firmado. 
Quedará esperar a ver quién toma el mando. Porque, en función de la persona que suceda a May, así será el camino de la retirada. El «Brexit es Brexit» de la premier sigue sonando en las filas conservadoras. La disyuntiva es si el divorcio será con acuerdo o sin él. O si unas posibles elecciones adelantadas acaban con cualquier posibilidad de ruptura. El tiempo lo dirá.