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Melgar suma 2 pisos tutelados para personas con discapacidad

I.P.
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La Fundación Conde Fernán Armentález ha rehabilitado las viviendas en las antiguas casas de los maestros para favorecer la convivencia en el medio rural, integrando a sus inquilinos en la comunidad local

Los usuarios de los pisos regresan a los mismos, acompañados de los monitores, después del paseo. - Foto: Christian Castrillo

Cuatro pisos tutelados para personas con discapacidad intelectual suma ya la Fundación Conde Fernán Armentález en Melgar de Fernamental. A los dos puestos en marcha hace varios años en el edificio de las antiguas casas de los maestros, se han añadido otros dos este año, en medio del confinamiento, apostilla la gerente de la institución, uno en el que viven cinco mujeres y un segundo con cinco varones.

La situación generada por la pandemia ha obligado a cambiar, no obstante, el organigrama en la atención tutelada en estos pisos. Aunque de hecho son cuatro, en estos momentos uno de ellos permanece vacío por si surgiera algún contagio entre los residentes y tuvieran que permanecer aislados; hasta ahora lo cierto es que no se han producido ningún caso y no ha sido necesario confinar a ningún usuario en él.

No solo la crisis de la covid-19 ha alterado la situación de los pisos tutelados, también está incidiendo en el resto de actividades que impulsa la Fundación, incluido el centro ocupacional, y sobre todo en la imprenta, donde la actividad era muy intensa hasta el mes de marzo; menos se deja notar en las tareas que se realizan en los huertos, al desarrollarse al aire libre.

Cualquier medida de protección es poca, asegura la gerente, Asun Ortega, que en cada momento está pendiente de sus chicos. Ahora se muestra especialmente satisfecha y destaca la importancia de la puesta en marcha de los pisos tutelados para el desarrollo vital de estas personas, y hace hincapié en la sensibilidad de la Gerencia de Servicios Sociales que, pese a estar en medio de una pandemia, no puso trabas a habitar las viviendas.

Para la directora de la Fernán Armentález, la importancia y trascedencia de este proyecto que se desarrolla desde hace años en Melgar radica en favorecer la convivencia en pisos de personas del medio rural con discapacidad intelectual o enfermedad mental que necesitan ‘apoyos ligeros’, y hacerlo «en plena comunidad, no apartadas ni aisladas sino en el centro del pueblo, lo que implica la interacción de los chavales con los vecinos». Ese es el mensaje que Ortega quiere transmitir, y atrás quedan los trámites y la búsqueda de financiación para que finalmente los usurarios ponga el pie en su nueva casa y abandonen la residencia -inmueble que está en frente- para iniciar un nuevo proyecto personal. Con la pandemia, añade, «también veníamos necesario quitar gente de la residencia para hacer unidades de convivencia pequeñas para garantizar mayor seguridad sanitaria». En realidad, en estos momentos los usuarios de la Fundación funcionan en 3 grupos burbujas, sin contacto entre ellos para evitar posibles contagios: los 15 de los pisos tutelados; los 23 que están en la residencia y los 10 que acuden al centro ocupacional. 

En el edificio de los pisos tutelados residieron en su día los maestros; tiene tres plantas y es de titularidad municipal, si bien el Ayuntamiento lo cedió a la Fundación para este fin social. En el piso bajo se ubican el taller de imprenta y un aula de psicoestimulación cognitiva, mientras que las plantas superiores se han ido rehabilitando para los pisos tutelados, primeros las dos que llevan tiempo habitadas, entre 2012 y 2016, y finalmente, las dos ocupadas recientemente. La reforma y el amueblamiento de éstas últimas se ha ejecutado gracias a las ayudas del grupo de acción local Adeco Camino y a las fundaciones Gutiérrez Manrique y ONCE. Esta última inversión ha superado los 40.000 euros. 

Son viviendas amplias, de cuatro dormitorios (dos individuales y dos dobles), salón, cocina y baño. Se trata de unidades de convivencia, en las que comparten vida cinco personas en cada una -aunque cuando la situación de la covid pase, se incorporará una persona más a cada una de ellas-, de edades que abarcan desde los 30 hasta más de 60 años. Durante el día, los usuarios están bajo la tutela de un profesional que, por la noche regresa a su casa, con lo que aquéllos se quedan solos desde las 22 horas hasta las 8 de la mañana. La labor del cuidador es esencial, se trabaja con ellos la autonomía, el aprendizaje de organizar la casa, la habitación, cocinar -la cena y el desayuno, porque la comida se hace en la residencia-, y aprender labores cotidianas como poner la lavadora o hacer la limpieza. 

Algunos de los usuarios han pasado antes por la residencia, otros han sido desviados por los servicios sociales a la Fundación porque residían con sus padres y éstos han fallecido, quedando solos. El proyecto trasciende a Melgar y la comarca, y hay usuarios de localidades palentina cercanas, como Herrera de Pisuerga, así como de la capital burgalesa, de Valladolid o de Aranda.

Precisamente, los tres usuarios con los que hablamos están en ese perfil, ya que son naturales de Herrera, Luis; de la capital burgalesa, Ana, donde residen su padre y hermanos, y de Melgar de Fernamental, Jesús.

Ahora se enfrentan a una nueva experiencia, con sus pros y contras, sus momentos buenos y otros peores, con sus disputas y muestras de cariño y compañerismo... Nada que no haya vivido cualquier estudiante cuando ha abandonado su casa para compartir piso, solo que en su caso arrastran alguna deficiencia intelectual o enfermedad mental que les vuelve más vulnerables y necesitados de ayuda, pero la experiencia, afirma Asun Ortega, es siempre positiva, y el aprendizaje, aunque lento y con altibajos, da sus frutos. «No hay conflictos especialmente serios», apunta.