Emoción en el techo de los Alpes

A.C.
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Asun García y Arantza de Diego viven juntas la pasión por la montaña y este verano han logrado coronar el #MontBlanc (4.810) y llevar el nombre de #MedinadePomar a la mítica cima

Emoción en el techo de los Alpes


La montaña es el lugar donde sus horas son las mejores, es emoción, es experiencia. Arantza de Diego González, de 52 años, y Asun García Serrano, de 47, siempre van juntas, forman un «tándem» imparable a la hora de ascender cimas y no piensan parar. Este verano han coronado el Mont Blanc por una de sus rutas más largas que parte del refugio Tete Rousse, donde descansaron a 3.167 metros de altura para salir a las doce y media de la noche y hacer cima a 4.810 metros en siete horas y media. No era la primera vez que hacían alpinismo fuera de España, pero si la primera que llevaron el nombre de Medina de Pomar en su expedición, gracias al patrocinio del Ayuntamiento.
Asun y Arantza saben lo que son las aglomeraciones en las cimas, pero supieron sortearlas con habilidad gracias a la experiencia del experto montañero que las guió, Juanito Oiarzabal. Levantarse media hora antes que los demás y no esperar al desayuno fue la estrategia para llegar cómodamente sin tener que realizar esperas de hasta hora y media, que se alcanzan en ese tipo de cimas.
Emoción en el techo de los AlpesEmoción en el techo de los AlpesPero antes de llegar al Mont Blanc hay mucha historia que contar de estas dos aventureras, que solo tiran la toalla ante las adversidades del tiempo. Llegaron a Medina hace 15 años. Sus hijos fueron el nexo de unión para conocerse y comenzar a atacar todas las montañas de Las Merindades. Ahora la Sierra de la Tesla o el Castro Valnera no tienen secretos para ellas. También han participado en carreras de alta montaña, como La Picón Castro o la Runela, donde Asun se atrevía a correr hasta 70 kilómetros y Arantza prefería los 30.
Hace una década comenzaron a apostar por ascensiones cada vez más difíciles. Y ahora casi cada fin de semana tienen prevista una. Viajan durante horas el sábado por la mañana para llegar lo antes posible y realizar una montaña sencilla con el fin de aclimatarse y el domingo se lanzan a su objetivo. Saben lo que es llegar a lo alto del Aneto (3.404 m.), la cima más alta de la península, en Los Pirineos, o Monte Perdido (3.355 m.). Conocen multitud de montañas en Picos de Europa, donde han coronado Torrecerredo (2.648) o el Pico Llambrión (2.642). La Montaña Palentina y sus principales cimas, como el Espigüete o el Curavacas tampoco les son ajenas. Se ponen a hablar de ellas y no tienen fin. 
Para conquistarlas hay que entrenar. Corren una media de una hora diaria de lunes a viernes y Arantza apuesta por la natación, mientras que Asun completa el tono físico con el gimnasio. «Vas con un experto que te pone la alfombra roja, pero hay que tener potencia y resistencia, además de saber manejar las rocas», explica Asun.
Emoción en el techo de los AlpesEmoción en el techo de los AlpesSu primer viaje fuera de España lo hicieron a África, donde ascendieron al Tubqal (4.167), en el Atlas. Después llegó un treking por el Everest, donde estuvieron en su campo base y realizaron rutas de gran complejidad. Este verano, entre el 22 y el 28 de julio su vista estaba puesta en los Alpes y el Mont Blanc, «donde se hace un alpinismo más puro, más complejo y más técnico», destacan. Su intención era llegar al Mont Blanc por la ruta integral de los cuatromiles, pero tuvieron que tirar la toalla el último día por el mal tiempo. Les faltó coronar la gran cima, pero si que pudieron pisar Suiza, Italia y Francia y alcanzar otras cumbres, con las que iban aclimatándose a la altura en diferentes jornadas. La primera que alcanzaron fue la del Mittaghorn (3.144) tras realizar la vía ferrata Morenia, en Suiza. Al día siguiente, después de descansar en el refugio Britania llegaron al Allalinhorn (4.027). Una vez abajo tomaron rumbo al Valle de Aosta (Italia). Subieron al refugio Vittorio Enmanuele y ascendieron al Gran Paradiso, a 4.061 metros. De allí se trasladaron a Chamonix (Francia)y subieron el teleférico Aiguille du Midi, que sortea casi 3.000 metros de desnivel. Durmieron a 3.800 metros, pero al día siguiente solo pudieron aproximarse al Mont Blanc du Tacul y darse la vuelta por el mal tiempo.
Como nada las frena, entre el 9 y el 12 de septiembre regresaron a Chamonix y esta vez si que lo lograron y sin aclimatación, lo que hizo que la expedición fuera algo más lenta. En ambas ocasiones fueron acompañadas de Oiarzabal. Arantza lo tiene claro:«He aprendido que solo hay una vida y a mi la montaña me llena la vida». Asun asiente. El próximo viernes, a las ocho, ofrecerán una charla sobre su travesía por el Mont Blanc en el Ateneo Café Universal. Ya están pensado en un sietemil para 2020, el Lenin Peak, en Kirguistán.