Al rescate de su resplandor

I.M.L.
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Los trabajos de restauración del retablo mayor de la iglesia parroquial de Vadocondes comienzan con la limpieza y recuperación de superficies

El andamiaje que cubre el retablo mayor del templo vadocondino deja ver a los vecinos, incluido el párroco y el sacristán, cómo van trabajando las restauradoras. - Foto: DB

Después de que los vadocondinos se volcasen en donar fondos para sufragar la restauración del retablo del altar mayor de la iglesia parroquial, los andamios ya han ocupado su lugar y las profesionales de Fénix Conservación han comenzado a ejecutar un proyecto que pretenden tener concluido antes de Semana Santa. Las primeras labores fue llevarse el sagrario al taller, para trabajar sobre él allí, y retirar las tallas de los ángeles y la de San Fernando de su hornacina, despojándole de su corona y espada y colocándole en el andamio desde donde ahora preside la nave central de la iglesia.

En estos primeros días de trabajo sobre el terreno, las restauradoras han podido comprobar a qué se van a enfrentar. «Sabíamos en qué consistía el proyecto, pero hasta que no te subes no puedes verlo realmente, y lo que nos hemos encontrado es mucha suciedad y que la calefacción ha afectado al soporte de la policromía», explica Mercedes Chico, del equipo de Fénix Conservación. Ante este panorama, la primera intervención está consistiendo en «asentar la policromía existente para después poder proceder a su limpieza sin el riesgo de dañarla».

Otro foco de interés son las pinturas murales, que «también tienen pérdidas de color sobre todo en la zona de la epístola; hemos fijado la pintura y estamos haciendo pruebas de limpieza para ver cómo va reaccionando», explica Chico.

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Mientras se desarrollan los trabajos, el templo mantiene su rutina habitual, con las misas programadas, en las que no interfiere el andamiaje, y a las que se ha sumado un goteo de vecinos curiosos que entran a ver qué están haciendo. «Si, es muy normal que entren y nos pregunten qué estamos pintando», comenta Chico, momento en el que las restauradoras aprovechan para hacer algo de pedagogía en torno a su trabajo. «Nunca se pinta, lo que hacemos es revertir los daños de la calefacción, del paso del tiempo o de intervenciones previas poco acertadas, como la purpurina que hay en algunas zonas de parte superior del retablo; nuestra labor consiste en recuperar todo lo que se pueda del original y, si hay que reintegrar alguna policromía, hacerlo de forma que se pueda quitar en cualquier momento y que se diferencie del original, eso es lo que les explicamos», concluye la restauradora.

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