"Parte de lo que pasa en el PP es por soberbia de algunos"

B.D.- Á.M. - J.M.
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El presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, hace balance de sus 18 años en el cargo y analiza, junto al presidente de las Cortes, Ángel Ibáñez, la situación del partido

"Parte de lo que pasa en el PP es por soberbia de algunos" - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Podría no suceder en muchos años que la Presidencia del Ejecutivo autonómico y la de las Cortes de Castilla y León estén en manos de dos burgaleses, circunstancia precipitada por la abrupta salida de Silvia Clemente del hemiciclo regional. Al margen de muchas otras lecturas, que las hay, la coyuntura constituye una suerte de traspaso de poderes entre quien ha dirigido los destinos de la Junta desde marzo de 2001 (y dejará el colegio de la Asunción tan pronto como las urnas, y todo lo que traiga consigo el escrutinio del 26-M, decidan) y quien le sustituirá encabezando la plancha electoral por Burgos. Poco amigo de proyectarse en los medios durante el que será su último mandato, Juan Vicente Herrera acepta hacer balance con luz, taquígrafos y la compañía de un hombre al que, no lo oculta, ha apoyado a lo largo de toda su carrera. Antes de meter a Ibáñez en harina, entramos en la trayectoria de alguien a quienes los que ya salieron hace años del espectro político llamaron ‘El Breve’. 
¿Con qué sensaciones se retira de este viaje?
En ningún caso negativas o de pena por no volver al origen. Ha sido un privilegio, una oportunidad que nunca me planteé cuando era un pobre abogado de provincias en nuestra ciudad. Por tanto, con la alegría de unos años que han merecido tanto la pena, en los que he escuchado tanto y recibido tanto afecto, que en política también se ha traducido en votos. La gente ha sido generosa conmigo, también en mis errores y limitaciones. Me voy contento. 
¿Lo siente como una liberación?
Soy un hombre más sentimental que racional, pero tocaba. Por la comunidad, por los ciudadanos... A veces nos refugiamos en la necesidad de la experiencia, pero eso es demasiado fácil. Todos hemos empezado alguna vez y todos debemos saber marcharnos. En mi despacho me encontré un cuadro precioso de Cuasante, que es un fondo rojo con una puerta blanca entreabierta. Yo me planteé: esta puerta que hoy cruzo como Juan Vicente I ‘El Breve’, en algún momento la volveré a cruzar para salir. Hace cuatro años tuve un momento complicado. Entonces sí me planteé los pasos que, ordenadamente, teníamos que dar. Estoy contento de que esos pasos se hayan dado. En el Partido y también en lo institucional. Irme me parece lo más normal y habrá una vida estupenda más allá de la política. 
¿Y ese cronograma que planteó hace cuatro años ha salido como esperaba?
En los hitos fundamentales, sí. En ese momento tampoco pensé en personas, ni siquiera dependía de mí. Tenía perfectamente claro que las personas no debían depender del ‘dedazo’. Yo he sido siempre el fruto del ‘dedazo’ y creía que el Partido tenía que hacer el tránsito hacia las primarias. Habíamos perdido la mayoría absoluta pero siempre nos ha gustado, incluso con mayorías súper absolutas, buscar los acuerdos políticos y el diálogo social, que ha sido una de mis obsesiones. Planteé que lo primero que iba a tocar era el congreso del PP, y me parecía lógico dejar la responsabilidad de la Presidencia. Hacía un tiempo, porque los huesos no son los mismos que al principio, que no atendía suficientemente a la organización en el territorio, y me parecía que lo lógico era que se produjera el recambio a través de primarias, cosa que ocurrió con el paso adelante de dos amigos y compañeros como Mañueco y Silván. Todo eso, y fue una de mis condiciones con el presidente Rajoy, estaba en función de que yo en el año 2019 debía abandonar la política en primera línea.
¿Con qué se queda de lo bueno y de lo duro?
Los momentos más difíciles en lo colectivo fueron cuando la crisis comienza a manifestarse. Ese rosario de datos de pérdida de empleo a chorros y el sufrimiento del paro era mucho más que una estadística. Afortunadamente, hemos recorrido buena parte del camino de regreso. En 2013, cuando comienza la recuperación, había 250.000 personas apuntadas al paro en Castilla y León. Hoy son algo más de 100.000 menos, y queda camino. Esos momentos son tremendos. 
¿Proyectos? No siempre los más importantes han sido los materiales. En 2001 asistí como presidente a la colocación de la primera traviesa de la Alta Velocidad, que en Burgos acumula casi cuatro años de retraso. Entonces no había ni una traviesa: hoy hay más de 500 kilómetros de AVE aquí. Cuando llegué había en Castilla y León poco más de 150 kilómetros de autovías y autopistas, hoy podemos hablar de más de 1.500. Pero a mí siempre me han inquietado más los proyectos humanos y sociales. Ya he citado el diálogo social, que se debe a todos los que se han sentado a él. Gobierne quien gobierne, va a continuar. Uno de mis mayores logros es que hemos sabido poner en momentos de crisis un sistema en red de servicios sociales apoyado en lo público que funciona magníficamente y que en los momentos más difíciles han sido importantísimos para atender a las familias que estaban en situación de exclusión social. Aquí hemos tenido la sabiduría de no considerar que desde los despachos oficiales teníamos la solución a todo.
Me satisface que nuestra educación siga siendo calificada tan bien por informes incontestables, con la variante de la educación pública en el medio rural, que me han convertido en un defensor de la educación pública. Yo he tenido discusiones en mi Partido, por ejemplo con Esperanza Aguirre, en torno a la libertad de los padres. Antes de la libertad de los padres está el derecho a la educación cercana, y eso lo garantiza la escuela pública. Estar ahí en dependencia atendiendo a nuestros dependientes y mayores, la sanidad tan bien valorada... Son las cosas que me importan y que justifican que exista Castilla y León como comunidad autónoma.
Puso en marcha el Hospital de Burgos con un sistema muy contestado y que han dicho que no repetirán ¿Mantiene que el HUBU no existiría si se hubiera optado por el modelo presupuestario?
Seguramente estaríamos culminándolo. No lo sé. Lo que sí puedo afirmar es que se hubiera paralizado en el momento de la crisis de recursos. Cuando se toma la decisión, en 2003, acabábamos de recibir la competencia sanitaria y había una lógica y enorme presión ciudadana de mejora de las infraestructuras sanitarias. Buscamos todas las fórmulas para compatibilizar todas las obras y se adoptó esa decisión. Sostuve y sostendré siempre que sin aquella decisión hoy no tendríamos en Burgos ese hospital, cuya ejecución se debe a una fórmula plenamente legal y que algunos de los detractores ideológicos del modelo han tenido que utilizar para concluir hospitales en comunidades gobernadas por el PSOE, caso de Granada o Toledo. Sigue habiendo una discrepancia ideológica que yo respeto, pero a mí me correspondía resolver, no entrar en diatribas ideológicas. Burgos ha sido la ciudad de los eternos proyectos y a mí me gusta ir al grano, resolver problemas. (Más información en edición impresa)