Un deshielo que duró apenas 90 minutos

EFE
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La cordialidad fue la nota dominante de un encuentro en el que Torra escenificó su lado más solemne con dos 'regalos' a su invitado, libros sobre los derechos humanos y la libertad

Un deshielo que duró apenas 90 minutos - Foto: Albert Gea

Hora y media. Este es el tiempo que compartieron el president catalán, Quim Torra, y el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, en una reunión precedida de meses de desencuentros y acusaciones cruzadas y que ambos querían que sirviera para encarrilar el diálogo pese a los mutuos recelos.
La cita arrancó con puntualidad: a las 12,00 llegó en coche Sánchez y su comitiva a la Plaza Sant Jaume, donde Torra lo esperaba solemne a las puertas del Palau de la Generalitat. Tras un saludo, gestos cordiales y apretón de manos, ambos pasaron revista, sobre una alfombra roja, a una formación de gala de los Mossos en el Patio de Carruajes.
El madrileño saludó al comisario jefe de los Mossos, Eduard Sallent, mientras Torra hacía lo propio con la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, y el director de Gabinete de Presidencia, Iván Redondo. Precisamente, han generado revuelo en las redes sociales las imágenes de la inclinación de cabeza del jefe de Gabinete al dar la mano al gerundense.
Antes de subir las escaleras hacia la galería gótica y posar con otro apretón de manos, previo al inicio de la reunión en el despacho del president, Torra se entretuvo explicándole detalles arquitectónicos e históricos del Palau, como la escultura Desconsuelo, de Llimona.
La cita empezó con un intercambio de textos: Torra entregó a Sánchez dos libros -Inventing human rights, de Lynn Hunt, y Llibertat i sentit, de Lluís Solà- que abordan cuestiones como los derechos humanos y la libertad, mientras que el socialista traía un documento de trabajo: Agenda para el reencuentro. Cuatro páginas con 44 puntos a negociar.
Se invertieron así los papeles con respecto a otras cumbres. El 30 de julio de 2014, en plenos preparativos del 9-N, Mas entregó a Rajoy en La Moncloa un documento con 23 reivindicaciones. El 20 de abril de 2016, Puigdemont multiplicó por dos esa cifra para el gallego.
relación deteriorada. La reunión venía precedida de numerosas tiranteces entre Sánchez y Torra, cuya relación se había ido deteriorando hasta el punto de que el pasado otoño, tras la sentencia del Supremo sobre el procés, el independentista se quejaba de que Sánchez no respondía a sus llamadas.
Su última cumbre había sido en el Palau de Pedralbes, el 20 de diciembre de 2018, cuando pareció que encarrilaban un diálogo sobre el conflicto catalán, pero las expectativas se vieron frustradas cuando los puentes de diálogo saltaron por los aires a principios de 2019, los independentistas tumbaron los Presupuestos Generales del Estado y se activó un nuevo ciclo de elecciones generales.
Al término del encuentro de ayer, siguiendo el protocolo previsto, Sánchez compareció en la galería gótica del Palau para atender a los medios -luego lo hizo su anfitrión-, desde un atril instalado para la ocasión y ante dos banderas: la española y la senyera.
Los recelos mutuos no desaparecieron, pero ambos se dieron una nueva oportunidad, que se pondrá a prueba este mes cuando se constituya la mesa de diálogo y ellos dos presidan la sesión.