Nunca tires la toalla

A.G.
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Estudiantes de FP Básica del centro María Madre-Politecnos explican cómo después de una trayectoria de fracaso escolar este nivel de educación hizo que recuperaran su autoestima y las ganas de aprender

Alejandro Martínez, Alejandra Santamaría y Eliana Portorreal, estudiantes de FP Básica en María Madre-Politecnos, con sus profes. - Foto: Jesús J. Matías

"A mí me gusta llamarles niños perdidos. Porque cuando llegan aquí lo están y mucho, y por eso trabajamos para que encuentren su lugar". Quien así habla es Mónica Moral, profesora del colegio María Madre-Politecnos, donde cursan la Formación Profesional Básica un centenar de estudiantes que hasta que llegan allí solo han conocido el desánimo, la impotencia y la frustración con respecto a sus estudios y muchas veces la incomprensión de familia y amigos y hasta el absentismo escolar. Son estudiantes que se aburren en clase, que sienten que lo que allí cuentan no les concierne, o no lo comprenden o creen que no les va a ser útil o que no van a ser capaces de aprenderlo... La coordinadora de este nivel educativo en este centro de la diócesis, Ruth Mata, que también es tutora de 1º de Servicios Administrativos, explica que suelen llegar "muy zurrados y con muchos problemas en la mochila" y, claro, con la autoestima por los suelos. Por eso, la labor del profesorado, además de la puramente docente, está destinada a animarles, acompañarles emocionalmente y a nunca darles por perdidos para que puedan conseguir titular y adquirir la formación necesaria para labrarse un porvenir profesional con dignidad.
El colegio María Madre-Politecnos ofrece tres títulos de Formación Profesional Básica: Cocina y Restauración, Peluquería y Estética y Servicios Administrativos, de 2.000 horas de duración todos ellos divididas en dos cursos. El perfil del alumnado lo conforman chicas y chicos que no consiguen aprobar en Educación Secundaria y van perdiendo comba en los estudios. Los requisitos que les exige la administración educativa para incorporarse es haber cursado 2º de la ESO, tener 15 años, no haber cumplido más de 17 y haber sido propuestos por el equipo docente a sus familias para matricularse en uno de estos ciclos. Después de los dos años, los estudiantes se gradúan con todos los honores y lo celebran con una cena que comparten con el profesorado, un momento muy importante porque se trata del primer título que obtienen en su vida académica. 
"El 90% de los chavales que llegan aquí tienen detrás una historia de fracaso escolar, por eso todos los profesores estamos perfectamente conectados entre nosotros para poder echar un cable cuando es preciso. Y trabajamos mucho con el corazón", indica Mata. Roberto López, tutor de 1º y 2º de Cocina y Restauración, señala que se dedican a enseñarles un oficio y, sobre todo a motivarles: "Intentamos desde el primer día que no nos vean como profesores cuyo único objetivo es darles muchísimos contenidos sino explicarles qué es lo que vamos a hacer, qué es esto de la FP Básica, cómo se tratan los contenidos porque, por ejemplo, hay quien piensa que no se dan Matemáticas o Historia pero sí las enseñamos, quizás en un nivel menos intenso, pero también se dan".
Todo el profesorado intenta adaptarse al ritmo de los grupos "porque el objetivo fundamental es doble: que cojan las destrezas necesarias, sobre todo, para seguir estudiando, y que vean que no somos el enemigo", indica López. Para ello es imprescindible la comunicación entre todos los profesionales, destaca la coordinadora, que pone un singular ejemplo: "Somos como un matrimonio que habla todo sobre sus hijos. En la primera evaluación les vamos conociendo, tanteándolos, mostrando cercanía y, a la vez, intentando mantener un ambiente de respeto en el que vean que nuestra voluntad es que salgan adelante y para eso actuamos con toda la flexibilidad que necesitan".
Aquí -insisten- ni se les juzga ni se les pone etiquetas a pesar de que, como reconoce la coordinadora, "estamos todo el día encima de ellos porque lo que pretendemos es que obtengan buenos resultados". Beatriz González, tutora de segundo de Servicios Administrativos, asegura que el primer año es el de la "gran criba", en el que se va viendo cómo evolucionará cada alumno: "En este sentido, intentamos conocer sus circunstancias personales para ser conscientes de ellas y evitar machacarles y no hacer más daño del que hayan podido sufrir".

ALEJANDRO MARTÍNEZ, ESTUDIANTE DE COCINA Y RESTAURACIÓN: "AQUÍ SÍ QUE ESTUDIO PORQUE ESTOY A GUSTO Y MOTIVADO"

Alejandro Martínez, de 17 años, reconoce que nunca fue un chico de esos que se ponen a estudiar un rato todos los días. Que no era lo suyo, vamos. Hasta el punto de que incluso, dejó de ir a clase en la ESO: "No me gustaba estar allí, estaba muy desmotivado y en el instituto al que iba ya me encaminaron hacia la FP Básica, algo que yo al principio no veía nada claro pero pensé que no perdía nada por probar... y me encantó". La elección de la materia fue sencilla. Sus padres son cocineros y camareros por lo que optó por matricularse en Cocina y Restauración: "Aquí estudio porque estoy a gusto y motivado y tanto mis compañeros como los profesores son muy majos y en mi casa están muy contentos del cambio que he dado". Ahora está haciendo ya sus prácticas en el restaurante Rincón de España -donde trabajará también este verano- volcando todos los contenidos aprendidos en los dos cursos. Sus planes a corto plazo son seguir estudiando un grado medio de Hostelería y en un futuro más lejano tener su propio negocio de cocina tradicional: "Se me da muy bien la bechamel y las empanadas". Y tiene un consejo para chicos como él que no se encuentren a gusto en la ESO: "Que se vengan aquí de cabeza".

ELIANA PORTORREAL, ESTUDIANTE DE PELUQUERÍA Y ESTÉTICA: "AHORA TENGO HAMBRE DE APRENDER"

Eliana Portorreal, actual estudiante de Peluquería y Estética, llegó hasta cuarto de la ESO "pero suspendiendo todo, una catástrofe total", así que siguiendo los consejos de una amiga que ya lo conocía, se matriculó en María Madre-Politecnos como solución a un fracaso escolar que le tenía muy preocupada: "Me gusta mucho la peluquería y es increíble el cambio que he experimentado. Los profes nos ayudan mucho y nos motivan. Dan clase de una forma en la que no nos aburrimos, no como en el instituto que hablaban y hablaban... Está demostrado que los jóvenes a los 20 minutos ya desconectamos y aquí buscan formas de que nos interese lo que están contando, no son clases rígidas", dice, entre risas. 
Tan a gusto está que, como sus compañeros, va a seguir estudiando. En su caso, un grado medio de Auxiliar de Enfermería: "Ahora tengo hambre de aprender, de seguir conociendo cosas, algo que no podía hacer en la ESO, donde lo que ocurría es que con nosotros hacían algo tan incomprensible como juzgar a un pez por su capacidad de volar". La filósofa Eliana no sabe aún por donde irá su futuro aunque después del grado medio quiere hacer uno superior. Mientras tanto, disfruta de sus prácticas en la peluquería  D’Stella, de sus buenas notas y "de pasar de los castigos a las felicitaciones".

ALEJANDRA SANTAMARÍA, ESTUDIANTE DE SERVICIOS ADMINISTRATIVOS: "TE ALEGRAS UN MONTÓN CUANDO TRAS TANTOS SUSPENSOS EMPIEZAS A SACAR BUENAS NOTAS"

Estaba en una clase de 28 alumnos donde no se sentía a gusto ni con los compañeros ni con los profesores "que no se centraban tanto en los que íbamos por debajo como en los que iban mejor". Así que Alejandra Santamaría, que ahora tiene 17 años, echaba de menos que los docentes le dedicaran más tiempo y en tercero de la ESO, después de repetir el curso anterior, se plantó. "Dejé de ir a clase y dedicaba el tiempo a no hacer nada. Di muchos problemas en mi casa hasta que vine a hacer la FP Básica. Ahora estoy encantada".   
Los dos años de Servicios Administrativos se le han pasado volando y con muy buenas notas: "Te alegras un montón cuando después de tantos suspensos, con los que te sientes tan decepcionada y decepcionas tanto a la gente que te rodea, empiezas a sacar buenas notas. Eso da muchísimo ánimo para seguir adelante". Esta joven se ha preparado a fondo para ser auxiliar administrativo y está haciendo prácticas en la Fundación Cajacírculo. Su intención ahora es seguir estudiando un grado medio y su ilusión, poder encontrar un empleo donde demostrar todos los conocimientos que ha aprendido.