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"Soy todo un personaje"

R. PÉREZ BARREDO
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No presiden, no representan, no quieren foco... Pero son parte esencial de esta ciudad. La crónica de Burgos se escribe en las vidas de quienes ayudaron a construirla. Vicente Redondo, 'Tuco', es uno de esos hombres

Tuco, en su guarida y con su inseparable chistera, amén de trompeta y teclados - Foto: Jesús J. Matías

*Este artículo se publicó en la edición impresa de Diario de Burgos el pasado lunes 19 de abril. 

Esa cara de no haber roto un plato engaña. No es que tras el rostro angelical y pacífico que exhibe se esconda una piraña (esa está nadando en su bidé), pero sí un guasón de aquí te espero, un tipo ingenioso, irreverente y divertido, un rockero castizo que está cerca de cumplir las cuatro décadas sobre un escenario -aunque sea tan pequeñito como un balcón y ya le cueste algo más despelotarse- con la ilusión de un soñador irredento, de un visionario en estado de gracia. Vicente Redondo, Tuco, ya ha cumplido la edad de la jubilación, pero él tiene claro que doblará la servilleta con la chistera puesta. No necesita acariciar las teclas del piano de su corbata para evocar su vida: todo son acordes en la memoria de este reconocible icono de la juerga musiquera burgalesa, cuya guarida es un abigarrado homenaje al caos más creativo.

De su infancia pasa casi de puntillas: salidas con los scouts y alguna incursión con esquís a la nieve. Feliz, vamos. Pero desde bien temprano la música le rondó como una amante impetuosa y pertinaz. Los cantos de sirena se llamaban The Beatles, The Rolling Stones, The Animals y su ‘Casa del Sol Naciente’ (‘House of the Rising Sun’) que le chiflaba escuchar en el Fernán González. "Me gustaba el rollo yeyé. Recuerdo al Pájaro, al Bicha, a los yeyés que teníamos en Burgos, esos primeros melenudos de chaqueta rockera y cuello de terciopelo. En aquellos años sesenta escuchaba a los Beatles, pero también a Los Pekenikes, Los Amaya, Los Salvajes, Los Sirex, Los Mustang...", recuerda Tuco. Grupos y espacios donde tocaban bandas en directo: la discoteca Godo’s, en San Pedro de la Fuente, el Love, el Campeador, el Tina’s Club, el Sivium... "Aunque no tenía edad para entrar y tenía que conformarme con los guateques o con bailar en un portal, perseguía a los grupos por donde fuera. Me iba más el ligoteo que beber o abrevar como se hace ahora".

Tuco siempre ha sido un hombre orquesta. Años 90.Tuco siempre ha sido un hombre orquesta. Años 90. - Foto: Jesús J. Matías

En aquella época había mucho meneo en Burgos admite, "mucha inquietud por la música y por los grupos. Los músicas solían reunirse en la cafetería Hi-Fi y allí se hacían y deshacían los conjuntos y se repartían los bolos. Aquello fue todo un fenómeno. La mejor salida solía ser los pueblos, donde pocas veces se podía versionar (y ya no digamos hacer tu propio repertorio) y acabábamos tocando pasodobles". Empezó a tocar a los 16 años. Su primer grupo estaba integrado por dos futuros políticos, Juan Carlos Aparicio y Baudilio Fernández Mardomingo; el cuarto era Manolo Morcillo, futuro arquitecto de Hacienda. Se hacían llamar Los Everybody’s. Pero amigo mío: en casa no veían futuro en las ínfulas artísticas de la criatura, y para complacer al estricto cabeza de familia (también llamado Vicente y uno de los artífices de la concesión a Burgos del Polo de Desarrollo) accedió a estudiar la carrera de Derecho. En Madrid, capital de la gloria. En plena ‘Movida’. Así que al padre le salió el tiro por la culata, porque Tuco aprovechó que la pintaban calva: de buenas a primeras se vio en el sitio justo y en el momento oportuno. "A mí me gustaba la música. Sólo la música". Y aquellos Madriles eran la bomba. Los Madriles de Tierno Galván -Bendito el caos porque es síntoma de libertad- y todo eso. Rock-Ola, El Marquee, El Sol, La Vía Láctea, El Penta, Clamores; Alaska, Almodóvar, McNamara, Kaka de Luxe etc. Una ciudad que no dormía. Así le fue, claro: "Tardé doce años en sacar la carrera".

Vivió aquellos mágicos en plena ebullición, porque estudiar, poco y mal. Tocar y pasarlo en grande, mucho y bien. "Llegué a tocar en El Marquee. Conocí a todos los del mundillo, a Alaska, a todos los rockeros. Recuerdo mirarlos con verdadera envidia. Yo venía de provincias e iba vestida de jovencito pijo. Veía eso y alucinaba. Cuando tuve mi primera chupa de cuero mi madre me llamó asustada diciéndome que le habían contado que iba por Madrid como Ramoncín... Pero todo aquello me apasionaba, me tiraba. Tuve mucha relación con Gálvez, que era representante. Formé parte de Los Choppers, con los que toqué en la Sala Carolina. Y salí en un programa que Jesús Hermida tenía a mediodía. ¡Yo estoy en el libro de la ‘Movida’!", exclama con orgullo. Asegura Tuco que las ganas de vivir y de gozar en aquel Madrid mítico se sentían, se palpaban. Imposible ser inmune a semejante influjo magnético.

"Éramos una generación que llegaba con muchísimas ganas de fiesta. Y la música fue nuestra bandera. Aunque a mí también me sedujo la estética". Antes de participar en algún bolo, Tuco trabajó entre bambalinas: descargando equipos de otras bandas. Así se sacaba unas pesetas para ir tirando. "Había que vernos, vestidos de rockeros, descargando a Joe Cocker, a La Orquesta Mondragón... Y de ‘segurata’ también. Era duro, muy duro". Pero tenía sueños Tuco: el escenario y poder viajar de acá para allá, de gira, en la carretera siempre.

Regreso a Burgos. Tras licenciarse meritoriamente en Derecho regresó a Burgos. Primeros 80. Trabajó en la ferretería que tenía su padre durante unos años, curro que compaginó con su gran pasión. Ya había creado en Madrid Los Definitivos; con él a los teclados, actuaron en el Bóveda’s Bar, que era el garito del Wyoming y el Reverendo, o La Coquette, templo de la calle Arenal, entre otros. En aquellos años compuso algunos de sus temas bandera: Me quedo en bolas, Una piraña en el bidé... Y aunque aquellos sueños de carretera y manta no fueron tan lujosos como los había imaginado, no le fue tan mal. Ahí está prueba: ¿quién no ha visto actuar alguna vez a Tuco? "En los últimos veinte años he salido a una media de tres bolos semanales". Con todo, reconoce que su creatividad sufrió un hachazo en su regreso a casa. "Ha habido muchos ambientes en los que me he sentido intimidado porque a la gente no le gustaba, veía malas caras. En Madrid cantaba aquello de mastúrbate y la gente se descojonaba. Aquí era otra cosa".

Tres bemoles le importó, todo sea de paso: el porno-rock que le ha hecho tan famoso tuvo su gran desarrollo en Burgos, en garitos como el Metropol, el Babia, el Was... "A determinadas horas de la noche aquellas canciones funcionaban de puta madre. Y con el striptease que hacía para llamar la atención ni te cuento. Nunca tuve pudor. Me daba igual. Yo lo hacía por transgresor aunque a veces sintiera que no gustaba porque no lo entendían como algo divertido. Yo siempre quería hacer reír. El descojono. Siempre he creído que hacía una labor social buena. Y que servía para quitar a Burgos cierto halo de negritud. Recuerdo haber triunfado en Soraluze-Placencia de las Armas (Guipúzcoa) el día de Santa Águeda, que se celebra el día de las mujeres. Dejé de hacerlo cuando empezaron los móviles y porque ya, a mis años, casado... No tiene sentido", apostilla.

También durante una década ejerció la abogacía (sin dejar nunca la música). Letrado de día, artista de noche. Pero nada: le costaba más cobrar con la toga que por los bolos. Así que lo dejó y siguió a lo suyo, con los 90 como su década prodigiosa, teloneando a Mecano, Kortatu, Jarabe de Palo... "El mundo perdió un mal abogado pero ganó un Tuco. Soy todo un personaje". No hubo garito en la Burgati que no haya acogido espactáculos de Tuco. "Yo he vivido y vivo de la música, esa es la verdad. Y siempre me he sentido libre, jamás nadie me ha dicho cómo tenía que hacer mis espectáculos. Creé mi propia compañía. También es verdad que como manager no me fue bien. Lo de vender siempre se me ha dado mal. Como estoy feliz es tocando y cantando. Soy un hombre-orquesta. No hay mucha gente como yo, la verdad. Nada me hace más feliz cuando actúo que levantar la vista y ver que la gente está bailando y cantando mis canciones".

Se siente reconocido y querido en su tierra. "Hay veces que la gente me para por la calle para hacerse una foto conmigo. Me conoce todo el mundo. También los chavales jóvenes". Tuco tiene escritas y registradas 150 canciones. Algunas de ellas se han convertido en himnos urbanos incluso allende las fronteras locales: hay grupos andaluces (de rock, pero también tunas y comparsas) que las interpretan dentro de sus respectivos repertorios. Con todo, siente un punto de amargura: "Todavía no he tenido mis quince minutos de gloria. No he estado en una gran discográfica. Nunca he tenido un gran reconocimiento. Me hubiese gustado haber tenido más fama, aunque en Burgos la tengo y me encanta", dice. Es humilde en este punto: salió en un programa de José María Íñigo, actuó diez días seguidos en la Expo de Zaragoza e incluso tuvo un éxito internacional: tras la baja de un grupo (Sindicato Malone) para un festival en Marruecos, Tuco y los Definitivos fueron sus sustitutos. Dinero hubiéramos dado muchos por ver la cara de Hassan II en los fastos del 25 aniversario de su llegada al trono escuchando Abro la ventana/ de su habitación/ me quito camiseta/calzoncillo, pantalón/ me quedo en bolas/ me quedo en bolas/ me quedo en bolas/ para bailar rock&roll o Mastúrbate pensando en mí. "Menos mal que no lo entendían. Conservo algún vídeo muy gracioso de aquella actuación en Marrakech. No pasamos quince días allí".

Si la música canalla ha sido su seña de identidad, no menos especial ha sido su aliño indumentario, cuyo principal icono es la chistera. "Tengo fracs, capas, chaqués. No conozco a ningún artista más elegante que yo. Recuerdo que una vez me compré una camisa impresionante en Londres que me costó una fortuna en libras. Un día me encontré con Jesús Ordovás [gurú de la música], que había firmado un texto sobre una actuación mía, y me llamó la atención sobre la camisa. Le dije que se la enviaría. Cuál fue mi sorpresa cuando un día vi al batería de Los Planetas, que es el grupo más piojoso, con mi camisa". Aún espera Tuco sacar adelante un buen puñado de canciones. Y volver a hacer los bolos que ha interrumpido la maldita pandemia. Él sigue haciendo temas que pueden verse en internet, aunque eso no se sustancie económicamente. "Ahora, sin bares ni pueblos, es complicado. Me quedan mis canales de internet. Dejarlo no lo voy a dejar, eso seguro". Se queda Tuco tarareando una canción con su cara de chico bueno a la vez que acaricia su corbata-teclado. De fondo suena una de sus más famosas canciones. Dejen volar su imaginación.