José Sagredo: "Me sigo considerando un servidor público"

A.G.
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José Sagredo. - Foto: Patricia

"Nunca he tenido conciencia política. Fui concejal por un extraño rebote" Blowin´in the wind ConversacionesSobreBurgos (XXIII)

Poca, muy poca gente habrá en Burgos que no conozca a José Sagredo debido a las múltiples facetas en las que ha desarrollado su intensa actividad pública y profesional tanto en Burgos como en Briviesca -localidad donde nació en 1944- y prácticamente en todo el continente europeo que lleva más de tres décadas recorriéndose palmo a palmo. Él se define, sobre todo, como "un comunicador que se lo curra, alguien a quien desde muy pequeño le ha gustado contar lo que sabía" pero en puridad es un catedrático de Geografía e Historia, ya jubilado tras décadas dedicado a la docencia tanto universitaria como en Educación Secundaria, además de exconcejal del Ayuntamiento de Burgos, donde estuvo ocho años representando al Partido Popular, y presidente de la Casa de Europa desde su creación hasta nuestros días. De hecho, hace apenas una semana y a sus 75 años ha vuelto a ser reelegido para ese cargo "y con voto secreto, no a mano alzada como hacen en los partidos", se vanagloria. Todas las papeletas, explica, fueron votos afirmativos, salvo una en la que apareció un signo de interrogación, algo que Sagredo -que sonríe cuando lo cuenta- no sabe interpretar. Y aunque dice que la edad comienza a pesarle, no quiere concretar de forma explícita si ésta será la última legislatura al frente de una entidad que define como "la que más ha hecho por la promoción de la ciudad de Burgos", una asociación que ocupa gratis et amore un amplio despacho en el edificio que Cajacírculo tiene en la Plaza de España y que se mantiene exclusivamente gracias a la cuota anual de 25 euros que pagan religiosamente sus cerca de 1.300 socios.

Recuerda que fue un chico ‘despejado’, de esos en los que el maestro de la escuela rural se fija para apoyarle y que sus humildes orígenes -en su caso, su padre era policía local y su madre trabajaba en casa y en el campo- no le impidan desarrollar todo su potencial. Así que enseguida fue propuesto para una beca que le permitiría estudiar el Bachillerato: "Para esa ayuda éramos dos los candidatos, a mí me apoyaba el maestro y al otro, el alcalde, que era el encargado de entregarla, pero finalmente nos la dieron a los dos". Es justo en ese momento cuando se cruza en su vida la Compañía de Jesús, renuncia a la beca y se marcha interno a Oña y más tarde a Durango donde termina el Bachillerato. Hace el PREU en el colegio de Areneros de la calle Alberto Aguilera de Madrid e inmediatamente después entra en el noviciado de los Jesuitas, una época que define como "muy pasajera" hasta que entendió que aquel no era su lugar en el mundo: "Los dos primeros años de Filosofía y Letras los estudié en Salamanca y el resto en Alemania porque me facilitan que vaya a Munich con una beca, allí termino la carrera y me formo como profesor de alemán entre 1965 y 1968".

Eran los años sesenta y aquel briviescano de magnífico expediente estaba en el corazón de la Europa reconstruida tras la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. Cualquier otro hubiera perdido la cabeza pero Pepe Sagredo no se dejó embaucar por los movimientos que enardecieron a toda la juventud a pesar de que, como el mismísimo Forrest Gump, estuvo en París y en Praga en el año 1968. Tan centrado en sus estudios se encontraba que ahora, medio siglo después, reflexiona con buen humor sobre lo poco atento que estuvo a las cosas que pasaban: "No me entra en la cabeza por qué cuando llegué allí no me enteré ni de la fiesta del Oktoberfest, que es importantísima. Estaba embebido en  mi formación académica y en el aprendizaje del alemán, al que me dediqué con los cinco sentidos. Yo fui un tío pacífico, en esos temas políticos no estuve ni me enfrenté a los grises, a mí la dictadura ni me gustaba ni me dejaba de gustar. Los alemanes nos preguntaban a los españoles siempre por dos cosas: por los toros y por Franco y en ambas cosas yo decía lo mismo ‘yo no moveré un dedo ni por quitarlo ni por dejarlo’. Sí que me cabreé con el golpe de Estado del 81 porque se hizo cuando empezábamos a ser europeos". Quizás se podría suponer que la conciencia política le vino después, puesto que fue concejal del PP durante ocho años pero no es así: "Nunca he tenido conciencia política, fui concejal por un extraño rebote".

En Alemania estudió con muchísimo aprovechamiento y, además de aprobar las asignaturas, trabajó durante los veranos como panadero, en la Mercedes y de dependiente en unos grandes almacenes, y por si no estuviera ya suficientemente ocupado, dio clases de alemán a los emigrantes españoles -granadinos, por más señas- que trabajaban allí en la gran fábrica de automóviles: "Era gente con poquísima formación, recuerdo que cuando voy a explicarles los verbos levanta uno la mano y me dice, don Jozé, ¿qué zon loz verboz? Eran analfabetos".

También pasó un verano en Viena y estuvo en la localidad de Tréveris, en la frontera con Luxemburgo, y en Bélgica y en Moscú en un congreso de Historia. De esos años de tanto trajín viajero le viene la eurofilia que lleva en el corazón y el convencimiento de que son muchas las razones por las que Alemania es el motor de Europa: "Es un país serio y allí todo el mundo va a favor de Alemania, tienen una conciencia muy grande de que aman a su país, pero, ojo, no es nacionalismo: el amar a la patria es un derecho fundamental pero aquí  parece que pronunciar la palabra España es un delito y hay que comprar las banderas españolas en un bazar chino".

Volvió a España y empezó a dar clases primero en Madrid y después en Toledo pero por poco tiempo. En 1974 ya está en Burgos, en el departamento de Geografía del CUA: "Tengo recuerdos muy bonitos de aquello, para mí fue un salto cualitativo dejar de ser un ayudante, por lo que nos pagaban nada, a venir aquí a cobrar un sueldo. Además, fui un profesor muy querido e hice muchos viajes con los estudiantes, me gustaba ofrecerles algo más que la rutina de las aulas; ahora, una de las cosas que más me emocionan es encontrarme con algún exalumno y que me recuerde con cariño y como un buen profesor. Yo nunca entendí por qué Burgos no tenía ya entonces una universidad puesto que era una provincia con una tasa de alfabetización mucho mayor que las de Salamanca y Valladolid".

Mientras daba Geografía en el ya CUI se prepara las oposiciones para catedrático de instituto; en 1976 saca la plaza y poco después comienza a dar clases en el instituto Diego Porcelos y a trabajar también en el Centro de Profesores (CEP), un órgano de  formación continua para el profesorado y también, según señala Sagredo, un espacio reivindicativo: "Yo peleé mucho contra la Dirección Provincial de Educación para que estuviera ubicado donde estaban los profesores, junto a los institutos, la Escuela de Idiomas, los colegios, etc... y no en Fuentes Blancas porque obligar a ir allí a un profesor para consultar cualquier cosa no tenía ningún sentido. Siempre he pensado que en mi lápida quiero que ponga: Aquí yace José Sagredo, primer y último profesor elegido democráticamente para dirigir el CEP, porque ni antes ni después de mí se volvió a repetir". 

Pero las cosas no salen como estaban previstas y, paradójicamente, le lanzan en brazos de la política. Una jugada un poco retorcida, según él, le impide presentarse una vez más a las elecciones y le deja fuera de la dirección de ese centro, por lo que publica una larguísima carta en este periódico explicando su análisis de los hechos ocurridos y en contra de la Dirección Provincial y del Ministerio de Educación, que en aquella época -corría el año 1990- ocupaba el PSOE: "Aquello me trajo uno de los peores calvarios de mi vida, me enviaron al CEP a dos inspectores de Educación durante dos semanas a levantar las alfombras a ver si había algún indicio de prevaricación y no encontraron nada. Pero esa carta la leyó alguien del PP en un momento en que buscaban portavoz para la Diputación y concejal en el Ayuntamiento y contacta conmigo Vicente Orden Vigara, con quien yo tenía una vieja deuda".

 

SUPERVIVIENTE

Y es que José Sagredo fue uno de los niños supervivientes del accidente de tráfico en la denominada ‘curva del diablo’, cerca del Monte de la Abadesa, una catástrofe ocurrida el 17 de agosto de 1956 que le costó la vida a 23 chavales entre 10 y 14 años tras reventarse una rueda del autobús en el que volvían de un campamento. "Tuve quemaduras del 18% y se dijo que quien había ayudado a sacarnos de allí fue Orden Vigara que también venía en el autobús aunque yo no lo recuerdo, porque fue visto y no visto". Antes de pasar a recordar cómo en reciprocidad por aquel salvamento él se metió en política, Sagredo cuenta que no ha sido ésa la única vez en la que su vida ha estado en peligro y ha podido reflexionar sobre la frágil frontera entre la vida y la muerte desde su posición de hombre creyente y convencido de que lo mejor que le ha pasado en la vida ha sido "encontrarme con un tal Jesús de Nazaret, el personaje más consecuente con su trayectoria, porque para él prima la reconciliación, el perdón y el amor": "He tenido más sustos como ese y alguno que me he buscado yo porque no soy miedoso y sí muy arriesgado: he recorrido la Laguna Negra estando congelada y otra vez me tiré al río sin saber nadar y también he corrido delante de unas vaquillas".

Así que cuando le solicita Orden Vigara que entre en el partido, no lo dudó. También Juan Carlos Aparicio le avaló y José María Martínez, que era alcalde de Briviesca, se sumó a esa petición. En este punto, Sagredo recuerda todo lo que ha trabajado para su localidad natal,  de tal manera que se considera el conseguidor tanto del instituto de enseñanza media como de la visita que hizo allí el príncipe Felipe en 1988: "Yo soy disciplinado pero no gregario de nadie, jamás he perdido diez minutos en pasar la mano ni invitar a café a un jefe y desde que tengo uso de razón he sido político pero en el sentido de trabajar por el pueblo: los labradores, las amas de casa, los emigrantes, de hecho, me sigo considerando un servidor público y quizás ahora más que nunca".

En 1991, pues, se suma a la candidatura encabezada por José María Peña pero, recuerda, "como parte de un extraño pacto que había entre Peña y el PP por el que Peña nombrada a casi todos los miembros de la lista y el PP a cuatro, que fuimos Vicente Orden, Miguel Ángel Ortiz de Valdivielso, Javier Pardilla y yo, es decir, que yo nunca entro por Peña". El ejercicio del poder fue, "en conjunto", una buena etapa: "De lo que estoy más orgulloso y por lo que me paran algunos desconocidos por la calle es de la recuperación del Castillo, que ahora me da pena ver cómo está. También estoy muy contento de haber podido rehabilitar el Teatro Principal, que inauguró la infanta Cristina en 1997: hubiera sido una muy mala idea no recuperarlo para la ciudad como teatro aunque sigo echando de menos que albergue una oficina de turismo porque está en el lugar más emblemático de la ciudad".

Durante esos ocho años como edil comienza también su frenética vida de entrega a la causa europeísta como presidente de la Casa de Europa, repartiendo banderas de la unión por todos los rincones, recibiendo embajadores, organizando viajes por todo el continente y entonando -y haciendo entonar a todo aquel que se ponía a a su alcance- el Himno de la Alegría cada 9 de mayo, pero siempre -insiste- desde la óptica más transversal: "Si  diriges una asociación tienes que estar a buenas con quien manda en cada momento, esto lo he tenido siempre muy claro, por eso siempre han estado bien con nosotros gentes de todos los partidos hasta el punto de que algunos son miembros de la Casa".