«Opositar conlleva trabajo y sacrificio, como en el fútbol»

C.M.
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El exfutbolista burgalés Pablo Infante, estrella en el Mirandés, logra el número 1 de una oposición de administrativo a la que se presentaron 200 personas. Ha cambiado el campo por las oficinas de Movilidad del Ayuntamiento de Burgos

El 24 de enero de 2012 el futbolista Pablo Infante (Burgos, 1980) salió a hombros de la afición del Mirandés tras eliminar al Espanyol en la Copa del Rey y meterse en semifinales. Terminó el torneo como máximo goleador superando a jugadores como Cristiano Ronaldo o Leo Messi. Seis años y medio después lleva una vida alejada de los focos y mucho más tranquila. Está feliz en la oficina de Movilidad del Ayuntamiento de Burgos, donde se encarga de la contratación y facturación de Bicibur o los bonotaxis, gracias a que superó una dura oposición.
Después de jugar en la Arandina y el Mirandés, -donde estuvo 9 años y fue un referente del club al ser el artífice de que subiera a Segunda División por primera vez en su historia-, colgó las botas en junio de 2016 en la Ponferradina. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la UBU, durante los años que estuvo en el Mirandés compaginó el fútbol con su trabajo en una sucursal de Cajacírculo, hoy Ibercaja, aunque al irse a León solicitó una excedencia, que prorrogó dos años más mientras decidía si quería seguir siendo futbolista o tomaba otro camino. De modo, que hasta agosto de 2018 no tenía que regresar a la entidad financiera.
Se marchó a Madrid para hacer un curso del Bolsa pero no era lo que buscaba y decidió ponerse a preparar una oposición que le permitiera quedarse en Burgos. No en vano llevaba 13 años fuera. Su amigo César Ruiz Monasterio, que es funcionario del Ayuntamiento, le animó y le habló de las dos plazas de administrativo que iban a salir en el Servicio de Movilidad y Transportes (Samyt). Le ayudó a buscar un preparador y ahí comenzó un duro entrenamiento que se prolongaría durante un año y medio. «Yo estaba perdido en el tema de las oposiciones pero coincidió que había dos plazas de administrativo para el Ayuntamiento y a partir de ahí me decidí», recuerda.
A finales de diciembre se reunió con su profesor, Luis Simancas, que le explicó cómo era la oposición y el plan de estudios. «Me dijo que íbamos a probar un mes y, si no estudiaba como requería, lo dejábamos. Eso me motivó mucho y me hacía esforzarme porque los viernes iba a mi casa y yo cantaba los temas que me daba cada semana».
El 9 de enero de 2017 empezó a estudiar y finalizó el último examen en mayo de 2018. Por delante tenía 47 temas que estudiar y cuatro pruebas: la primera era tipo test de esos temas; la segunda, de tests psicotécnicos;la tercera, de informática y la cuarta, de desarrollo de tema al azar durante 15 minutos.
la rutina. De lunes a sábado estudiaba en casa entre 8 y 10 horas. Se levantaba a las 7.30 y a las 7.45 horas se ponía a estudiar hasta las 13.45. Paraba para comer y echar una cabezadita y a las 15 horas otra vez frente al temario hasta las 19. Luego se iba al gimnasio, cenaba y a dormir. Siguió la misma rutina durante año y medio. Los domingos eran su único día de descanso. Por la mañana cocinaba para toda la semana y por la tarde disfrutaba tranquilo de una película o del fútbol en la televisión. «Mentalmente ha sido duro. Desconectas de todo. Es una soledad total», reconoce.
Y es que lo que peor llevó Infante fue la incertidumbre de los tiempos de las pruebas. Primero iban a ser en junio, luego en Navidades y, finalmente, el primer examen llegó en febrero. Había 560 inscritos y a la primera prueba se presentaron 200. Solo aprobaron 17. Él sacó la mejor nota, lo que le animó mucho. El siguiente examen le salió bien pero el tercero fue en el que menos nota sacó aunque aprobó, de modo que en el cuarto tenía que echar el resto. «Me sabía todos los temas de pe a pa pero estaba nerviosísimo ante las cinco personas que componían el tribunal».
Recuerda que al principio empezó con muchas ganas pero cuando pasa el tiempo hay momentos malos. Recuerda sobre todo el día de su 37 cumpleaños. Menos mal que una carta de felicitación de sus vecinos Javi y Mª Ángeles y los hijos de estos, Javi y Lucía, le dio fuerzas. «Me traían pasteles de vez en cuando para animarme. Realmente llevaba una vida de ermitaño».
Asegura que, al igual que en el fútbol, opositar conlleva «trabajo, sacrificio y disciplina». «Es duro pero la recompensa grande». Ya lleva dos meses en su nuevo trabajo y está encantado. «Trabajar en el Ayuntamiento es un privilegio. Con lo que me ha costado como para no valorarlo», reconoce.