"Salí del Aramburu en los Sampedros y en julio ya trabajaba"

G. Arce
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Blowin´in the wind. Conversaciones sobre Burgos (XXIV) con Inocencio Bocanegra, empresario y radioaficionado

Inocencio Bocanegra - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

A sus 72 años, rodeado de cientos de equipos de radiotransmisión militares, bujías, antenas, cables, transistores y piezas de repuestos de todos los tamaños, colores y procedencias, Inocencio Bocanegra es un hombre feliz y satisfecho. EA1 OG, como se le conoce en el mundo de los radioaficionados, lleva más de 50 años disfrutando de una afición que no solo le permite hablar con cualquier parte del mundo cuando le plazca, sino que le entretiene destripando y arreglando los ingenios utilizados por diferentes ejércitos y servicios de espionaje desde el año 1933. Le da lo mismo que sea la radio de un caza de combate, de un carro blindado, de un submarino o el equipo que alertó del ataque japonés a Pearl Harbour, ninguno escapa a los conocimientos y las habilidades de este electrónico industrial vocacional. Todo perfectamente ordenado, catalogado y sin rastro de polvo alguno sobre las estanterías o en los cajones, pese a que este extraordinario instrumental ha sido rescatado a lo largo de los años del olvido en chatarrerías y rastros o adquirido en cualquier país (Alemania, Estados Unidos...) donde estuviese en venta a través de internet. Para hacernos una idea, el museo de Belorado al que da su apellido tan solo acoge unas 300 piezas de una colección que puede superar las 600. Estamos ante uno de los coleccionistas de radiodifusión militar más singulares y prolíficos de España.
Y toda esta ingente labor de recolección y rescate la ha desarrollado los fines de semana, mientras en el día a día laboral no ha dejado de estar rodeado de más máquinas, de más instalaciones, de más autómatas... La industria, sus procesos, sus innovaciones, sus desafíos forman parte de su pasión vital y aunque su empresa ya está en manos de sus hijas, Marta y María, él sigue conservando el mismo espíritu emprendedor que aquel chiquillo inquieto que a los 11 años empezó a manejar el torno, la fresadora y las herramientas en Talleres El Polo, la empresa que creó su padre, Jesús.

Inocencio Bocanegra nació en el barrio del Pilar, más en concreto, en la cuesta Marquina, donde su abuelo regentaba una posada. Es el mayor de cinco hermanos (Jesús, los mellizos Isidro y Fortu y su hermana Rosamari) y su infancia estuvo ligada al trabajo de su padre, que compaginó el taller con las tareas de prospección de Campsa en el norte de la provincia. De hecho, en casa se vivió en primera persona el descubrimiento de petróleo en los páramos de La Lora, uno de los grandes acontecimientos del pasado siglo. "Tuve una infancia feliz, vivimos en el Valle de Zamanzas, en Soncillo y también en Guernica (Guipúzcoa)".

Su etapa escolar transcurrió en el Liceo y después, a los 14 años, pasó al Padre Aramburu, en cuyas aulas su vida empezaría tomar el rumbo que hoy mantiene. Fue uno de los dos alumnos que integraron la primera promoción de Electrónica Industrial de Burgos. "De hecho, estos estudios se implantaron aquí por la guerra que dimos Alzaga [su compañero de clase] y yo", recuerda. "Mi padre quería que fuese mecánico, pero yo ya sabía trabajar en el torno y en la fresadora y se me daba bien... Lo que de verdad quería estudiar era radiotelecomunicaciones, pero entonces eso solo se podía hacer en el Ejército y, por ello, me presenté a unas oposiciones para ingresar de militar: de 1.900 aspirantes saqué el puesto 163". Finalmente, se creó Electrónica Industrial en el Aramburu y no le hizo falta vestirse de caqui (hasta la mili, en Aviación) para estudiar. Aquí se quedó...

"Tuve suerte, mi curso fue de los mejores del Padre Aramburu porque en aquella época arrancaba el polígono y acababas los estudios en vísperas de los Sampedros y el 1 de julio ya estabas trabajando y en buenas empresas. Muchos se fueron al País Vasco y aquí empezaban a implantarse las fábricas como Firestone o Correa. Eso de que ‘el que no valga para estudiar al Padre Aramburu’ es un falso mito...".

Su afición por la radiodifusión, un hobbie por el que se conoce tanto o más que como empresario, se fraguó en las aulas del instituto de FP. Allí estaba el profesor Mateos, radioaficionado, quien le inculcó el amor por la radio y las comunicaciones. "Hoy todo el mundo tiene teléfono móvil, todo se comunica a través de los satélites y es un maravilla. Pero la radiodifusión es otra maravilla, es salir al éter con tu indicativo y que contesten desde Estados Unidos, Sevilla, Australia...".

Ya desde los 14 años visitaba las chatarrerías buscando equipos que luego reparaba. "En Burgos me conocían en todas y en Madrid, las que había entre Pinto y Valdemoro; en Barcelona, en el rastro de Los Encants; en Francia, conozco los tres rastros de París, en Austria y en Alemania. "Durante el viaje de novios llevé a mi mujer, Marta, a una chatarrería buscando una emisora...". El 10 de agosto se cumplirán 50 años de aquella anécdota.


INDUSTRIAL 

Marta y María, sus hijas, ingenieras industriales las dos, regentan la empresa que fundó hace casi 40 años: Plásticos Industriales Bocanegra, uno de los referentes en la industria auxiliar del automóvil local. Pero para llegar a donde hoy está hay una dilatada trayectoria profesional de por medio. A los 19 años entró a trabajar en Amospain, la filial de Standard Oil y Texaco que explotó el petróleo de La Lora. "Tenía que madrugar mucho para ir al Páramo y llegó un momento en el que aquellas instalaciones ya no tenían ningún secreto para mí...". ‘Opositó’ para IBM y Michelin, con el objetivo de entrar en la nueva fábrica de Aranda de Duero. "Aprobé las dos y me llamaron la misma semana. Estaba claro que no quería ir a Madrid y me quedé en Aranda, como técnico superior en electrónica". Michelin se lo llevó a Clemont Ferrand, sede de la multinacional, a París para pulir a este técnico tan prometedor. "Era la empresa más tecnológica en España de aquella época y también de Francia. Allí lo aprendí todo", reconoce.

Volvió a Aranda y realizó la puesta en marcha de toda la maquinaria de la planta de neumáticos. Tenía 27 años. "Luego me surgió la posibilidad de regresar a Burgos. Despedirme de Michelin fue doloroso, pues me querían mucho. Había aprendido lo suficiente...".

Fue jefe de mantenimiento de Inoxa, el fabricante de maquinaria para la industria nuclear instalado en Gamonal cuya trayectoria se truncó. Luego pasó a Comercial de Electricidad, trabajo en el que desarrolló labores de mantenimiento para todas las grandes empresas  que se estaban implantando o expansionándose en la ciudad, como la Cellophane, Ubisa, Tableros Bon, Taglosa... "De esos tiempos entablé buena amistad con Avelino Antolín, a los que reparaba equipos y le hice algún cuadro cuando estaba con su hermano José en el taller en el que empezó la multinacional". 
"Veía que tenía éxito en mi trabajo y un buen día pensé en montarme por mi cuenta". Así de sencillo.

Su trayectoria como empresario comenzó con Mantenimiento Industrial Bocanegra. A los dos años cambio la denominación por Electrónica Industrial Bocanegra, una empresa que está a punto de cumplir los 40 años... "Hemos trabajado para casi todo el mundo, para Francia, Alemania, Turquía, México, Arabia Saudí, Brasil y me dejo muchas". Hoy, con cerca de 200 empleados, fabrican piezas de plástico para un montón de marcas del automóvil.

Inocencio llegó a Villalonquéjar cuando solo era un proyecto en unos campos de cereal. Fue el primer electrónico industrial en Burgos "y llegué con la cualificación y en el momento adecuado". "Vivimos una gran época. Trabajamos muchas horas y tuve compañeros y empleados muy buenos. La empresa se hizo más grande...".
Bocanegra trajo a la industria local el primer autómata hace 32 años, aproximadamente. Lo incorporó a una máquina Negro Bossi italiana que compró de segunda mano para iniciarse en la fabricación de piezas de plástico inyectado. No era la primera programación que hacía: grandes empresas españolas (cementeras, minerías, fabricantes de coches...) y edificios contaron con sus trabajos especializados.

El salto al plástico lo fraguó en sus trabajos de electrónica en la fábrica de Varta, hoy Johnsons Control, y en la producción de las baterías de coches. "Operando en la electrónica me aficioné al plástico y probé. Empecé haciendo con mi nuevo autómata tapas para baterías y les diseñé muchas más máquinas, que ahora están por todo el mundo". 
Su trabajo le ha permitido conocer Europa y Sudamérica, principalmente. Desde esa perspectiva, explica que el 90% de las empresas locales trabajan para el automóvil  "y además aquí se trabaja muy bien, aquí hay empresas de referencia en este sector, muchas y muy buenas. Instaladas en buenos polígonos y en pleno funcionamiento". Su conclusiones son claras: "No tenemos nada que envidiar a Barcelona o Madrid. La industria burgalesa es una de las más robotizadas de España".

El pero, si cabe, lo pone en las escuelas profesionales, que han perdido la conexión con las necesidades de la industria que tuvieron antaño. "Hoy también se necesitan oficiales y maestros industriales muy bien preparados, pero los que hoy contratas necesitan cursillos. Hoy se necesitan profesionales, pero no les hay, basta con mirar la rama que sea...".

 

BELORADO 

"Toda mi vida ha girado en torno a la técnica. No he tenido tiempo de aburrirme y cuando me jubile seguiré en lo mismo". Nadie se lo pone en duda con los cientos de equipos que le rodean.  Pero además de la radiodifusión, también disfruta de la pesca en el mar Cantábrico con su barco y del dibujo a lápiz, retratando con esmero el rostro de sus cuatro nietos.

Le haría ilusión que se ampliase el museo de Belorado, municipio al que ha donado su colección por un periodo de 20 años. "Me hubiera gustado que todo esto se hubiera quedado en Burgos pero no hubo suerte... Jorge del Barco [alcalde de Belorado] se ha portado muy bien y es una persona excelente, le gustaba lo que yo tenía y, con todo esto, el pueblo ha empezado a revivir, de lo que me alegro mucho".